En el 45º aniversario de la expedición del Directorio Revolucionario

Rumbo al Escambray

GUILLERMO JIMÉNEZ

A finales de abril de 1957 el Directorio Revolucionario (DR) había sido prácticamente diezmado en su vértice directriz, su organización clandestina había sido quebrada y los pocos supervivientes que a duras pruebas sostenían el estandarte estaban aislados, acorralados y sin recursos. En cinco semanas el DR había perdido a dos secretarios generales y presidentes de la FEU, José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez.

Tras los dramáticos sucesos del 20 de abril, Faure Chomón, quien sustituyó a Fructuoso en la Secretaría General, así como la mayoría de los sobrevivientes de las acciones del 13 de marzo, salían por diferentes vías hacia el exilio, se designaba poco después al autor de este testimonio como Delegado en Cuba del Ejecutivo Nacional y se constituía un Ejecutivo Provisional integrado también por Orlando Blanco, Eloy Gutiérrez Menoyo, Andrés Silva y Zayda Trimiño, al que más tarde se adicionarían Osmel Francis y Natalia Bolívar.

Ya para entonces Fidel y un pequeño grupo de expedicionarios del Granma, no solo habían logrado sobrevivir, sino comenzaban a convertir la Sierra Maestra en inexpugnable, de tal forma que en mayo pasaban a una etapa superior con la batalla del Uvero. Para algunos en Cuba se nos fue haciendo tangible la mayor potencialidad de éxito y supervivencia de esa estrategia inédita de la vía guerrillera allí aflorada, amén de su alcance como foco permanente de agitación, lucha constante y desarrollo político, factores imprescindibles para una victoria que no podía ser a corto plazo.

A la par con las labores de reorganizar y ampliar la maltrecha estructura clandestina, comenzamos a organizar las premisas para abrir un frente guerrillero en la región del Escambray involucrando al Movimiento 26 de Julio a través de Santiago Riera, anteriormente su Coordinador en la provincia de Las Villas, y a la Organización Auténtica (OA) mediante Plinio Prieto, aunque poco después proseguíamos solos el proyecto.

En el mes de junio o julio nos trasladamos a Miami para reunirnos con Faure con dos propósitos básicos. De una parte, discutir un mensaje enviado por Fidel mediante Haydée Santamaría, con quien nos habíamos reunido en La Habana, por el cual invitaba al Ejecutivo Nacional del DR a trasladarse a la Sierra Maestra o enviar un delegado. De otra, conseguir la aprobación para aquel esfuerzo guerrillero de iniciativa propia, que aún desconocían, y el cual variaba la estrategia preconizada entonces, enmarcada en la lucha clandestina con un frente de combate único y decisivo a escenificarse en la capital, resumida en la consigna "golpear arriba". Tras dos o tres días de deliberaciones sostenidas con Faure y aquellos miembros del Ejecutivo Nacional presentes en Miami, o sea Eduardo García Lavandero, Alberto Mora y Armando Pérez, se optó por un lineamiento intermedio de mantener como primordial la anterior estrategia clandestina, pero sin suprimir los preparativos guerrilleros, siempre que no demandaran recursos destinados en prioridad a aquella.

Al regreso a Cuba intensificamos estos últimos, recolectamos información sobre la geografía, vías de acceso y características del Escambray y gradualmente fuimos sumando a las labores a diversos compañeros en La Habana, tales como Primitivo Lima, Orlando Pérez, Armando Fleites, Roger González, Gudelia García, Justino Arrúe, Ángel Quevedo, July Fernández Cossío, Marta Jiménez y otros. Mientras, se iba entretejiendo una retaguardia en Las Villas con Ramón Pando de Coordinador y una red fundamental en Sancti Spíritus con Enrique Villegas y valiosos compañeros como Piro Abréu, los Suárez, las Brizuela, Julio Castillo, Valdés Muñoz, Fariñas y otros.

Ante los sucesos del 5 de septiembre de 1957 y otros reveses sufridos en la capital, forzamos las condiciones para comenzar ya a situar armas y hombres en la zona del alzamiento. El alijo se componía de unos siete rifles y un M3 residuos del 13 de marzo, 19 carabinas italianas enviadas desde Miami y conservadas inicialmente por Andrés Silva, algunas pistolas Máuser de repetición cedidas por Manolito Carbonell trasladadas por error, varias armas largas pertenecientes a la OA y obtenidas de Elisa Ferrer de Blanck, y otras.

En noviembre arribé a Miami, ya que Faure había convocado allí a los miembros del Ejecutivo Nacional, pues en diciembre él emprendería los preparativos para la expedición en unión de Eduardo y con la decisiva participación de Armando Garrido. Pero, en ese tiempo, durante nuestra ausencia de Cuba, Eloy fue asignando responsabilidades en el incipiente movimiento guerrillero a elementos de dudosa raigambre moral y revolucionaria en connivencia con el ex presidente Carlos Prío y Plinio Prieto. De otra parte, se planeaba en La Habana la huelga general que el 26 de Julio en el Llano desataría el 9 de abril. Ambas situaciones renacieron en algunos viejas dudas sobre la validez del esfuerzo guerrillero, provocando complejos debates del Ejecutivo sobre el destino final de las armas y hombres a transportar por la expedición. Finalmente, se decidió dividir el armamento en dos partes entre el frente guerrillero y el apoyo a la anunciada huelga en la capital.

La expedición del Escapade partiría de Miami el 31 de enero de 1958 y, tras emplear tres embarcaciones para hacer dos transbordos —el último en el centro de la bahía de Nuevitas— en una accidentada travesía durante una hostil tormenta, un borrascoso mar, la pérdida del derrotero, amenazas de ser descubiertos, de naufragar y de una fragata de Batista, y, en fin, una penuria de alimentos y líquidos, desembarcaría un alijo de armas y 15 hombres, algunos enfermos antes del viaje y durante él, por la playa Santa Rita, en Nuevitas, el 8 de febrero a las 10 p.m., dos horas posterior es, a lo programado. Amparados por una noche bien cerrada, un frío desolador que, según los meteorólogos, rompía récords de los últimos decenios, y de un norte que ahuyentaba curiosos de la playa (aun cuando no a una indiscreta jauría de perros que no cesaban de aullar y ladrar), desembarcamos impacientemente las armas en filas de hormigas hasta resguardarlas en una casa cercana.

Con Tony Castell, Raulito Díaz-Argüelles, Chino Figueredo, Armando Fleites, Julio García Oliveras —afectado por una neumonía— y Alberto Blanco, permanecimos custodiándolas toda la noche hasta el otro día cuando, disimuladas en tinajas de leche y transportadas en un camión que solía hacer el trayecto de Nuevitas a Camagüey, las convoyamos en dos autos y las pasamos, con algún que otro incidente, a través de tres cuarteles de la Guardia Rural cuyos casquitos, apostados con armas largas a horcajadas de la rectilínea carretera, registraban vehículos en esa luminosa mañana cubana. Los tres últimos continuamos con las armas hasta una finca de recreo, contigua a la residencia del jefe de Policía y a cierta distancia enfrente del cuartel de la Guardia Rural, donde extrajimos con cuidado de las tinajas arma por arma que, al más leve roce con el metal, ampliaba un interminable eco que crispaba la noche.

Junto a Castell, Argüelles, Figueredo, Julio y Pepé Fernández Cossío saldríamos el 10 de febrero hacia La Habana, donde Domingo Portela y Armando Pérez, en unión de la Organización, trasladarían hacia la capital las armas correspondientes. Tres días después Faure subiría al Escambray conduciendo 59 armas largas al frente de los expedicionarios (García Lavandero, Rodríguez-Loeches, Alberto Banco, Luis Blanca, Rolando Cubelas y Alberto Mora) y combatientes de Camagüey y de Sancti Spíritus.

El 19 de febrero los expedicionarios librarían un combate en La Diana y Pando sería herido, apresado y desaparecido cuando se encontraba bajando junto a Clodomira Acosta, enviada por Fidel a contactar a los alzados del Escambray. Poco antes, el 25 de enero de 1958, Villegas había perecido en las montañas.

En el futuro, con la adición paulatina de antiguos y nuevos combatientes revolucionarios, la presencia definitiva a partir de julio de Chomón y la separación de Menoyo y Fleites de las filas del DR, por su actividad fraccional y oportunista, el frente guerrillero alcanzaría un mayor despliegue para convertirse en una opción estratégica que, al unir sus fuerzas con las del legendario Che, contribuiría de manera decisiva a los combates para alcanzar la victoria en los meses sucesivos que culminaron en la histórica Batalla de Santa Clara.

 

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