40 minutos con el corazón detenido

"Mi hijo tiene muchos papás"

José A. de la Osa

La llegada al mundo en La Habana de un hermoso niño, Osvaldo Enríquez, quien luego de un embarazo a término (40 semanas) pesó al nacer 7 libras y 5 onzas, se inscribió el pasado 30 de enero en los anales de la Medicina en nuestro país, por constituir ese nacimiento en Cuba un acontecimiento sin precedentes, de acuerdo con la información ofrecida a Granma por los especialistas.

Foto: JOSÉ M. CORREAJunto a la madre y la abuela
 Irian Pavón, aparecen de
 izquierda a derecha, las
 ginecobstetras Ada Ortúzar
 Chirino y Niobys Sánchez, el
 cirujano cardiovascular Ángel
 M. Paredes Cordero y el
 cardiólogo Pedro Román Rubio.

La feliz mamá, Yanelis Rodríguez Pavón, vecina de Nueva Gerona, en la Isla de la Juventud, con 28 semanas de gestación tuvo que ser sometida de urgencia a una operación a corazón abierto, con apoyo de un equipo de circulación extracorpórea (que sustituye momentáneamente las funciones del vital órgano), durante la cual el corazón de Yanelis, de 27 años de edad, fue detenido durante 40 minutos para posibilitar la sustitución con una prótesis de su válvula mitral enferma, sin que se produjera en el acto quirúrgico "sufrimiento fetal" que entrañara peligros para la vida de su primer hijo.

Al frente del equipo quirúrgico estuvo el doctor Ángel Manuel Paredes Cordero, jefe del Departamento de Cirugía del Instituto Nacional de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, quien al referir el éxito de esta intervención, dijo que a las 24 horas la paciente se encontraba en el Ginecobstétrico González Coro al cuidado de un colectivo de especialistas de este hospital, que es Centro Nacional de Referencia para la atención de embarazadas con enfermedades del corazón.

Pero la historia de este suceso científico comenzó mucho antes. Vísperas del huracán Lili, que el primero de octubre pasado bordeara la costa Suroeste de la Isla de la Juventud, Yanelis no se sentía bien de salud. Relata que con unas 24 semanas de gestación, achacaba la "falta de aire" que venía sintiendo a alguna "crisis de asma", lo que la obligó en pleno azote del huracán a ingresar de urgencia en el hospital Héroes de Baire, porque, comenta ahora Irian, su mamá, "mi hija estaba completamente negrita por la falta de aire".

El diagnóstico establecido en esa institución hospitalaria de la Isla de la Juventud, fue concluyente: Yanelis presentaba estrechez en una de las válvulas del corazón (estenosis mitral), lo que impide un adecuado flujo sanguíneo por la retención que sufre la sangre en el corazón.

Trasladada al Instituto Nacional de Cardiología, atendiendo a su estado avanzado de gestación y para evitar complicaciones fetales, la decisión médica fue practicarle inicialmente lo que en lenguaje médico se denomina valvuloplastia (la introducción de un catéter con un balón inflable en su extremo), a fin de eliminar la estrechez cardiaca que presentaba. Sin embargo, a través de este proceder de "mínimo acceso" los especialistas no pudieron lograr los resultados esperados, por lo que se indicó la cirugía a corazón abierto para preservar en primer lugar la vida de la madre.

De acuerdo con cifras internacionales de países altamente desarrollados en estas intervenciones la mortalidad materna resulta sumamente baja, de apenas un 3%, mientras que la fetal oscila en un rango entre un 10% y un 40%.

El experimentado equipo quirúrgico del Instituto de Cardiología realizó la operación en apenas 56 minutos y logró preservar la vida de la madre y de su hijo por nacer que, aunque con 28 semanas, no presentaba aún el grado adecuado de madurez necesaria para sobrevivir fuera del claustro materno.

El parto a término, presentado a las 40 semanas, se realizó por cesárea atendiendo estrictamente a indicación obstétrica, pues tanto Yanelis como su hijo gozan de muy buena salud.

Imposibilitados de nombrar, como justo reconocimiento, a los muchos profesionales y técnicos de la Salud que intervinieron en la atención y cuidados de Yanelis y Osvaldo Enríquez, en un trabajo cooperado que incluyó varias instituciones y especialistas de diversas ramas del saber —cardiólogos, anestesiólogos, perfusionistas, intensivistas, clínicos, psicólogos, ginecobstetras, neonatólogos, enfermeras, técnicos de laboratorio—, quizás dos sentidas opiniones familiares, salidas ciertamente del corazón, puedan llenar este vacío informativo.

Irian, la abuela: ¿Con qué palabras agradecer los desvelos que he visto en tantos y tantos médicos y enfermeras por preservar la vida de mi hija y de mi nieto, sin que, por otra parte, se hayan escatimado recursos para ello?...

Yanelis, la madre feliz: Creo que Yandi, mi esposo, ahora cumpliendo su Servicio Militar, no se pondría bravo si digo que "nuestro hijo tiene muchos papás".

 

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