WASHINGTON, 28 de diciembre.—El
presidente George W. Bush anticipó hoy la eventualidad de que
Estados Unidos lanzará una nueva guerra contra Iraq el venidero
año.
Prensa Latina señala que en el usual
discurso radial de cada sábado que transmitió desde su rancho en
Crawford, Texas, donde esperará el Año Nuevo, Bush insistió en su
idea de acabar con lo que Washington estima como amenaza
armamentista de Bagdad.
Para justificar la masiva
movilización de tropas y material bélico en el Golfo Pérsico y
estados de la zona, el actual jefe de la Casa Blanca esbozó la
presunción de que si Estados Unidos no actúa "el mundo
enfrentaría una catastrófica ola de violencia" por parte de
Iraq.
La administración Bush desempolvó
viejas acusaciones de que Bagdad posee armas nucleares, químicas y
biológicas, denuncias que las autoridades iraquíes niegan y que
por otro lado los inspectores de la ONU no han podido corroborar
tras un mes de intenso trabajo.
Enmarcó esa línea belicista contra
el Estado árabe como parte de la lucha de Washington denominada
contra el terrorismo internacional.
Además de perseguir a los
terroristas "en una cueva o en un rincón del mundo", la
guerra contra el terrorismo también requiere enfrentar el riesgo
que representan Iraq y sus armas de destrucción masiva, preconizó.
Su arremetida verbal coincide con la
divulgación de la orden del responsable del Pentágono, Richard
Rumsfeld, de intensificar en las próximas semana el despliegue de
una "fuerza adecuada" en caso de que el ejecutivo decida
lanzar la agresión contra Iraq.
El diario The Washington Post
informó este sábado que el secretario de defensa norteamericano,
Richard Rumsfeld, dispuso un despliegue significativo de fuerzas
terrestres, aviones de combate y respaldo logístico.
El contingente oscila de 110 000 a
120 000 soldados, aviones de guerra, cruceros, destructores,
fragatas, equiipos anfibios y de asalto, que están siendo
estacionados en el Golfo Pérsico, Kuwait, Arabia Saudita, Qatar,
Omán y Bahrein.
En el nuevo año —dijo— Estados
Unidos proseguirá la guerra contra el terrorismo "con
paciencia, focalización y determinación".
Bush también prometió tratar de
resolver los problemas de la economía, afectada precisamente por la
incertidumbre que sienten los norteamericanos y los mercados
internacionales, en particular el petrolero, por las amenazas de
guerra contra Iraq.
La actual temporada de ventas por fin
de año es la peor de los últimos 30 años, lo cual se lo siente la
economía, que depende en casi dos terceras partes del consumo
doméstico.
Se comprometió a "transformar
la recuperación de la economía en un crecimiento sostenido"
mediante un "paquete de empleos y crecimiento" y pidió la
cooperación del Congreso.
Igualmente, dio su palabra de que
mejorará los beneficios a los desempleados y facilitaría el acceso
a los cuidados de salud.