El hombre araña

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

En mis tiempos, más que Superman, fue El Capitán Maravillas: un traje rojo ajustado sobre una explosión de músculos, la palabra mágica ¡Chazán!, que en momentos de apremio convertiría al ser normal en justiciero de los indefensos, un relámpago repentino, humo, y ¡a volar!

El Capitán Maravillas saltó del comic a la pantalla de cine en unos episodios realizados en blanco y negro y cuyos efectos especiales, de verse ahora, darían risa, pero que en aquellos momentos fueron capaces de hacer trepar en una silla, toalla al cuello, a más de un niño soñador.

Cierto que dolían los golpes en las rodillas, pero más daño ocasionaba la certeza creciente de que la palabrita, pronunciada con todo fervor (¡Chazán!) no surtía efecto fuera de los marcos del cine o de los muñequitos, o peor aún, se trataba de un engaño dirigido a niños tontos y raquíticos tratando de encontrar en ese "otro yo", tan caro al ser humano, la solución de "sus problemas".

Marvel, Superman, Batman, El hombre araña, personajes todos que en el desdoblamiento de sus personalidades se convertirán en lo contrario a lo que en apariencia son para regocijo de un público que, al menos en la ficción, asiste al florecimiento de la magia justiciera. Personajes nacidos todos en el papel impreso y luego llevados a la pantalla, adonde habrá que ir a verlos para comprobar qué ha hecho la técnica más novedosa con nuestros viejos amigos.

En comparación con sus hermanos de lucha, El hombre araña es un superhéroe menor. Sin embargo, logró lo que ningún otro: Convertirse en la segunda película más taquillera en la historia del cine, después de su estreno en mayo de este año. Cifra obtenida gracias al respaldo recibido principalmente en las taquillas de Estados Unidos, donde el personaje se sigue por una amplia audiencia desde que fuera creado por Marvel Comic en 1962.

Llama la atención, sin embargo, que fuera de la frontera de su país de origen, la cinta El hombre araña quedó por debajo de filmes con mayores valores literarios como El señor de los anillos o Harry Porter, basados en personajes de mayor difusión global.

Exhibiéndose en el Yara, El hombre araña permitirá apreciar cómo su director, Sam Rimi, no hace más que transitar los caminos dramáticos consustanciales a este género de encapuchados. Quizá lo más trascendente en su clásico desarrollo sean los toques de humor que aquí y allá permiten lucirse a su actor principal, Tobey Maguire, ya enganchado para una segunda parte que saldrá en el 2004.

Los éxitos de este filme, además de lo arriba apuntado, hay que buscarlos en dos factores primordiales: Su derroche visual y de efectos especiales, puestos en función de un escenario tan impresionante como el de las alturas citadinas de Nueva York, y el enorme presupuesto propagandístico que respaldó al filme y que incluyó el anuncio de la eliminación de escenas donde aparecían las Torres Gemelas.

Propaganda de la que se han servido buscavidas en diversas capitales del mundo, Hombres arañas arañando el pan diario al escalar enormes edificios ante el estupor de los peatones y las amenazas de la policía.

Accidentes y muertes han ocurrido, la última en octubre de este año cuando un trapecista de 38 años que se hacía llamar El hombre araña cayó de una altura de veinte metros y sin redes en un circo de Iquitos, Perú.

Muertes verídicas en diferentes alturas del mundo, tragedias interesantes en su drama humano, pero hasta ahora sin un guión cinematográfico.

 

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