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Candidatos con sus
electores
Huellas de un sentido
encuentro
María
Julia Mayoral
Un
deportivo bombo chía inunda la sala del hotel Plaza. La vida de la
instalación turística premiada por su calidad y eficiencia
empresarial no se detiene; sin embargo, en uno de los recintos
decenas de trabajadores han hecho un alto para conversar. Tienen
ante sí a la mayoría de los candidatos a delegados provinciales y
a diputados por La Habana Vieja.
Con los aplausos resumen
de forma breve y cálida la admiración sentida por esos hombres y
mujeres: el obrero, el presidente de consejo popular, la
científica, el jurista, el historiador, el estudiante
universitario, los delegados de circunscripción, la dependienta de
una cafetería y la dirigente sindical, convertidos en candidatos
del pueblo.
No
todos los postulados por el municipio pueden asistir a la cita,
otras tareas se lo impiden, pero los representantes de la comisión
de candidatura se encargan de explicar sobre la trayectoria,
virtudes y capacidades de todos por igual, un paso que confirma la
naturaleza sui generis de los procesos electorales en el país.
Llevan varios minutos en
la instalación perteneciente al grupo Gran Caribe, mas antes de
poner un pie en el lugar, el director del Plaza, Emilio Vega, los ha
hecho sentir como en casa. Los recibió en la calle, para desde
allí, contemplando la restaurada imagen del edificio, empezar a
explicarles sobre esas pequeñas-grandes cosas del quehacer
cotidiano, que permiten aún en estos tiempos difíciles para el
turismo en el mundo, sobrecumplir allí los aportes monetarios al
Estado, mantener y perfeccionar el servicio de excelencia brindado a
cubanos y extranjeros, reducir gastos y costos, y no olvidar el
necesario vínculo con la comunidad circundante.
Tras cantar juntos el
Himno Nacional y hechas las presentaciones empezó el diálogo.
Aunque desde el primer momento jefes y trabajadores se esmeraron por
hacer sentir a los candidatos como huéspedes ilustres, tal como
distinguen a los jubilados del hotel, quizás a nadie escapa que la
mujer que ahora les habla en nombre de los demás nominados está
nerviosa, con los ojos húmedos, porque le da pena sentirse parte de
un grupo tan reconocido, cuando "uno lo único que ha hecho es
cumplir con sus deberes, y hay millones de cubanos acreedores de las
condiciones necesarias para convertirse en diputado o delegado
provincial".
Hay momentos que dejan
huellas imborrables; así lo delataban los rostros de esos hombres y
mujeres a quienes los trabajadores del hotel Plaza acogieron una
tarde de diciembre con la satisfacción de conversar con verdaderos
representantes de los mejores valores de este pueblo. |