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A 26 años del crimen de Barbados Impune zarpazo terrorista NICANOR LEÓN COTAYO Hace más de un cuarto de siglo todo el mundo sabe quiénes fueron los terroristas que destrozaron en pleno vuelo a un avión civil cubano con 73 personas a bordo, los cuales incluso lo admitieron a la prensa de Estados Unidos. El 24 de octubre de 1976, el periódico The New York Times narró los antecedentes gangsteriles de Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila, así como se refirió a una red terrorista, comandada por este último que operaba en distintos países contra Cuba. Según el Times, luego avalado por otras publicaciones norteamericanas, cuando ambos llegaron a Miami fueron reclutados por la CIA y entrenados por esta para llevar a cabo misiones violentas hacia la Isla. Bosch llegó tan lejos que cometió varios actos terroristas en Estados Unidos, motivo por el que lo detuvieron y condenaron, pero liberado antes de cumplir la sanción huyó a Chile bajo la protección de Augusto Pinochet. ¿Cómo ha valorado Posada Carriles el hecho de Barbados? Durante una entrevista con The Miami Herald el 10 de noviembre de 1994 dijo: "El sabotaje fue el golpe más efectivo que se haya realizado contra Castro". La vinculación de ellos con el atentado quedó aún más al desnudo desde que en Trinidad y Tobago detuvieron a los dos autores materiales del suceso. Estos fueron los venezolanos Hernán Ricardo Lozano y Freddy Lugo, el primero empleado de una supuesta empresa de detectives privados radicada en Caracas, propiedad de Posada Carriles, y el segundo un fotógrafo del Ministerio de Minas e Hidrocarburos. Un corresponsal del periódico mexicano Excelsior, Ted Córdova, señaló como el "principal error" de estos haber hablado, mientras se trasladaban entre el aeropuerto y la capital trinitaria, sobre lo ejecutado en el avión, al estimar que el taxista, Erick Johnson, no entendía el español. El chofer los dejó en el hotel Holiday Inn e inmediatamente formuló una denuncia ante la policía, y poco después los terroristas fueron detenidos. El superintendente de la policía de Barbados, Orville Durant, declaró ante una comisión investigadora que Ricardo y Lugo confesaron trabajar para la CIA y haber colocado los explosivos en la aeronave, revelación que la agencia noticiosa francesa AFP divulgó internacionalmente. El funcionario aclaró que esas confesiones fueron hechas ante el comisario principal adjunto de la policía de Trinidad y Tobago, Dannis Ramdawar, y añadió que Lozano sacó una tarjeta de la CIA donde se explicaba el uso del C-4, un explosivo plástico. Al iniciar sus palabras, Durant afirmó que dicho detenido trabajaba para Luis Posada Carriles, y que en la titulada empresa de investigaciones privadas de este último descubrieron documentos escritos por Ricardo. El 15 de octubre de 1976 la policía venezolana informó sobre la detención en Caracas de Posada y Bosch, así como el allanamiento del negocio del primero, "donde se encontraron pruebas acerca de las vinculaciones entre los ciudadanos venezolanos detenidos en el exterior y dicha empresa". Debido a las contundentes pruebas existentes, a los cuatro involucrados en el crimen de Barbados se les inició un proceso judicial en Venezuela, bajo la acusación entre otras de homicidio calificado (asesinato). Pero, en medio de brutales presiones, lograron apartar del caso a la jueza Delia Estava Moreno, y al presidente de la Corte Marcial, general retirado Elio García Barrios, que en 1983 le asesinaron a un hijo y a su chofer, porque trató de sancionar a los culpables. El 18 de agosto de 1985, y luego de dos intentos frustrados, un operativo montado por la CIA con la ayuda de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) "fugó" a Posada Carriles de una cárcel de máxima seguridad de Caracas. Los hechos posteriores fueron descritos por Posada Carriles en su libro Los Caminos del Guerrero, publicado en agosto de 1994, donde explica que la CIA designó a su conocido agente Félix Rodríguez para recibirlo en El Salvador. El autor manifiesta en su libro que en agosto de 1985 la primera visita recibida en El Salvador fue el entonces presidente de la FNCA, Alberto M. Hernández. Tras ser absuelto en amañado juicio, Bosch se trasladó a Miami, pero como era un prófugo de la justicia norteamericana, tan pronto llegó a esa ciudad fue detenido, y el 23 de junio de 1989 el Departamento norteamericano de Justicia circuló una orden de deportación contra el terrorista. Pero lo impidió una ardiente campaña desatada por la congresista Ileana Ros-Lehtinen, y en la que tomaron parte destacada, entre otros, el senador Connie Mack, el obispo auxiliar de la arquidiócesis de Miami, Agustín Román, y el Diario Las Américas. De este modo, Orlando Bosch Ávila quedó libre y le facilitaron cómoda residencia en Miami. Un curioso ejemplo de libertad de expresión tuvo lugar a fines del año 1996, cuando el canal 23 de la televisión floridana sirvió de tribuna al dúo Posada-Bosch para no arrepentirse de sus fechorías y amenazar a Cuba con nuevas agresiones terroristas. El escenario escogido para el más relevante, como es sabido, fue un recinto universitario en Panamá, al efectuarse la X Cumbre Iberoamericana, donde tratarían de asesinar a Fidel con la segura posibilidad de hacer lo mismo con un gran número de personas. Mientras el expediente del crimen de Barbados permanezca sin concluir, y en tanto el resto de las atrocidades terroristas fraguadas y ejecutadas desde Estados Unidos no reciban el tratamiento que merecen, será imposible que alguien por allá tenga un mínimo de seriedad para erigirse en fiscal de ese flagelo. (Más información) |
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