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30/09/2002
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Famoso antes y después del huracán

FÉLIX LÓPEZ

Días atrás, Nelson Delgado Núñez, andaba por las calles de Mantua como un pescador más. Otro hombre humilde que desaparece en el horizonte largas jornadas, y regresa a casa acompañado de ese silencio que se aprende sobre un barco, o buceando en las profundidades marinas.

Foto: RICARDO LÓPEZ HEVIAIsidore, además de sus travesuras por el occidente de la Isla, quiso llevar a la celebridad a más de un hombre pinareño. Nelson, que descansaba en su casa, fue movilizado con urgencia por la Defensa Civil de Mantua, y recibió una misión que solo podría cumplir un hombre con su formación y características.

Por muchos años había trabajado como enfermero, y en la actualidad es uno de los mejores buzos de la Unidad Básica de la Pesca en Arroyo de Mantua. El río se había salido peligrosamente de su curso y se necesitaba de un bote con un motor fuera de borda para rescatar a varias personas que quedaron atrapadas por la corriente.

Ya había remontado el río unas veinte veces, cuando recibió la noticia de que cuatro mujeres y una niña de dos años corrían peligro... Había oscurecido y las operaciones de rescate eran cada vez más peligrosas. Nelson, acompañado de un médico de la familia, salió en su ayuda.

De regreso, la propela se enredó y el bote levantó la proa. Las mujeres asustadas se movieron de lugar y la embarcación terminó por hundirse: "En una situación como esa, asegura el buzo, no tienes mucho tiempo para decidir. Me amarré la niña a la espalda y a una anciana en el pecho. Nadé hasta una cerca y las aseguré a las horquetas. Una a una las saqué de la muerte, y por último ayudé al médico".

"Les pedí que no gritaran, para que el pánico no se apoderara de ellas, y me fui a buscar ayuda. Nadé unos 200 metros, hasta que aparecieron los compañeros que ya iban por nosotros. Otro bote sacó a las mujeres y la niña, y yo —más tranquilo— me concentré en recuperar el motor y el bote."

Nelson va contando lo ocurrido con la naturalidad de un hombre que casi todos los días se roza de cerca con el peligro. Solo que esta vez ha recibido una inusual recompensa: los familiares de las mujeres que salvó pasan por su casa a darle las gracias, su hijo lo ve como un héroe, y todos lo señalan cuando pasa por algún lugar.

Aquella operación de salvamento duró poco más de media hora, pero la gente de Mantua la va a recordar para toda la vida. Él, sin embargo, se siente a gusto al ver pasar a la pequeña María de los Ángeles, o cuando cuenta que Toña, una de aquellas viejecitas que salvó, le pedía encarecidamente que el río no le llevara aquella jaba con que salió de casa. Eran sus ahorros.

El buzo, que no le pone precio a su humildad, sigue callado por las calles de su pueblo. Mucho antes de que pasara Isidore, ya lo habían propuesto como Vanguardia Nacional de los CDR, por su trabajo como coordinador de la zona 11, en el Consejo Popular Mantua.

30/09/2002

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