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Estados Canallas (FINAL) El Imperio de la Fuerza en los Asuntos Mundiales ERNESTO VERA En este capítulo el autor de Estados Canallas analiza cómo Estados Unidos considera la observancia de la Carta de las Naciones Unidas cuando se trata de hacer uso de la fuerza contra otros países. La única excepción que lo autoriza provisionalmente es el artículo 51 que permite "el derecho inmanente de legitima defensa" contra un "ataque armado... hasta que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales". Fuera de estas excepciones, los estados miembros "en sus relaciones internacionales se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza...". La posición de Estados Unidos al respecto está definida en lo expuesto por Madeleine Albrigth cuando era embajadora ante las Naciones Unidas con el derecho que se arrogaba sobre Iraq, al expresar ante el Consejo de Seguridad que Estados Unidos actuaría "multilateralmente cuando podamos, y unilateralmente cuando debamos" porque "reconocemos que esta región es vital para los intereses nacionales de Estados Unidos" y, por lo tanto no aceptamos limitaciones externas. Otro caso de gran repercusión en su momento fue la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia en 1986, que condenó a Estados Unidos por el "uso ilegal de la fuerza" contra Nicaragua, contrariando el término "ayuda humanitaria" con el de "ayuda militar" e imponiendo el consiguiente pago de reparaciones. El resultado fue una campaña generalizada contra el Tribunal por haberse "desacreditado a sí mismo" al sancionar al imperio, además del silencio en la prensa, nuevos fondos para la contra y uso del veto en el Consejo de Seguridad. No hay dudas, la ley internacional aplicada al poderoso tiene el carácter subversivo de la igualdad de los Estados. Más preciso aún fue el secretario de Estado George Shultz al señalar que las "negociaciones son un eufemismo de capitulación si la sombra del poder no se proyecta sobre la mesa de reuniones". Y agregó la condena y la burla contra aquellos que están a favor de "medios utópicos, legalistas, tales como la mediación exterior, las Naciones Unidas y el Tribunal Internacional de Justicia, mientras omiten el elemento de poder de la ecuación". El colmo del uso adecuado a sus intereses del artículo 51 fue en 1986, cuando Estados Unidos justificó sus bombardeos a ciudades libias sobre la base de "defensa propia contra ataque futuro", que Chomsky considera "habría hecho enrojecer de vergüenza a un estudiante de secundaria". Similar inspiración tuvo Madeleine Albrigth en 1993, al ordenar Clinton un ataque con misiles contra Iraq. El bombardeo, dijo, era en "defensa propia, contra ataque armado", refiriéndose a un supuesto intento de atentado contra el ex presidente Bush que habría tenido lugar dos meses antes. Lo interesante de esa represalia absurda, se reflejó en el New York Times al revelar este que funcionarios de la administración, en declaraciones anónimas, informaron a la prensa "que la creencia en la culpabilidad de Iraq estaba basada, no tanto en pruebas férreas, sino en indicios circunstanciales y en análisis". En ese momento no faltó, como tantas veces, la complicidad del Reino Unido. Su secretario de Estado, Douglas Hurd, dijo en el Parlamento que habría un "peligroso estado de parálisis" en el mundo, si Estados Unidos se viera obligado a obtener la aprobación del Consejo de Seguridad antes de lanzar misiles contra un enemigo que podría —o no— ser responsable del intento fallido de matar a un ex presidente dos meses antes". Chomsky, ante los hechos mencionados y otros similares, concluye que están muy justificados los temores con respecto a esos "Estados canallas" que actúan mediante la fuerza de su "interés nacional" en los términos definidos por el poder interno y, lo que resulta más inquietante, que se nombran a sí mismos jueces y ejecutores. El imperio de la fuerza en los asuntos mundiales, subtítulo del libro Estados Canallas, representa hoy lo que nos advirtió Simón Bolívar al decir que "La libertad es ilegítima si no se dirige a honrar a la humanidad y perfeccionar su suerte". La libertad de agredir y
mentir es tan ilegítima como la "elección" presidencial del que se
proclamó el 20 de mayo "padrino" de la mafia de Miami. |
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