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El complicado dilema de un padre RAFAEL PÉREZ VALDÉS No hay que ser muy observador ni tener conocimientos de psicología para darse cuenta: Efigenio Favier se siente realizado por haber sido, en 1983, uno de los integrantes del equipo cubano de florete que cerró el largo paréntesis abierto a inicios de siglo.
Aquella medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Viena sirvió para ver a cubanos por otra vez en un podio de primerísimo nivel, como lo hizo principalmente el legendario Ramón Fonst. Y también en 1983 ganó los Juegos Panamericanos de Caracas. Un expediente en 12 meses que lo llevó a ser incluido entre los 10 Atletas del Año. En el Campeonato Mundial de Barcelona-1985 se incluyó en el selecto grupo de los ocho finalistas... Hemos resumido así un largo período de 14 años en la preselección nacional (1977-1990), ocho de ellos como capitán. Y luego, casi sin una pausa para tomar un descanso, una nueva y difícil responsabilidad: ¡entrenador de las floretistas! Le hice una pregunta imprescindible: ¿Te sientes satisfecho con el trabajo realizado como entrenador durante estos 12 años? Entonces movió la cabeza, sonrió... "Es que no se debe hablar de estas cosas..." Luego ordenó las ideas: "Han sido los años más difíciles por el período especial, para nadie es un secreto. Hemos trabajado por tratar de mantener los resultados y hasta aumentarlos. Tenemos potencialidad. Nuestras muchachas no son ningún manjar. Hay juveniles que prometen. Estamos trabajando. Tratando de inventar fórmulas." ¿UNA MEDALLA EN EL VILLA? Los planes competitivos para el 2002 vuelven a ser escasos: "Lo que tenemos seguro en el exterior son los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en El Salvador, en noviembre. En ellos esperamos obtener las dos medallas de oro, individual y por equipos, más una de bronce en la individual. Y, claro, competir en la Copa Villa de La Habana. Estamos trabajando para que una atleta sea de las ocho finalistas, y de ser posible que llegue a obtener también una medalla." La Federación Internacional de Esgrima, en su congreso celebrado en diciembre último en La Habana, anunció cambios en la forma de competir en los Juegos Olímpicos, con vistas a incluir el sable femenino, sin aumentar ni el número de títulos ni el de competidores. La corona por equipos de florete la disputaría el grupo integrado por dos hombres y... dos mujeres. Ello, a todas luces, impulsaría a las chicas de Favier. "Se esperan definiciones más precisas. Estamos ensayando con dos años de anticipación a los Juegos Olímpicos de Atenas-2004. El florete cubano necesita ahora dos mujeres que puedan halar, insertarse como los hombres dentro del primer nivel." La posibilidad de tener el necesario roce internacional ha sido una quimera para las chicas de esta especialidad: "Adriagne Rivot lleva cinco años en la preselección nacional y nunca ha ido a Europa. Odalys Gorguet tiene 10 años en la misma situación." A los entrenadores les sucede lo mismo que a los padres con los hijos: ¡Quieren que sean mejores que ellos! En el caso de Efigenio Favier, y de las chicas del florete, esta posibilidad lamentablemente no parece encontrarse hoy a la vista. |
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