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Entre libros El hábito de lectura es una semilla a sembrar y cuidar desde edad temprana. En la primaria Tomás David Royo, de la capital, familia y escuela por un bien común: hacer más plenos a los niños. Si le sirve el ejemplo, ¡adelante! Iraida Calzadilla y Yanitza Díaz A Claudia le gusta La Edad de Oro "porque tiene tantos cuentos bonitos que cuando mi hermanita no quiere dormir, leo uno y ella cierra los ojos feliz"; Sahary, en cambio, prefiere, del Ismaelillo, Mi Caballero, "porque sus dos pies caben en solo un beso".
En el aula de Ana Caridad Cantón, maestra de tercer grado de la escuela primaria Tomás David Royo, en el municipio capitalino de Plaza, la lectura parece hábito querido. Los 22 pequeñines se afanan por levantar la mano y decir cuál es su texto más íntimo: y allá vienen presurosos Pulgarcito, La Cenicienta, Blanca Nieves y Compay Grillo, a sentarse a la vera de la mesa para susurrarles historias. Así cada día, la maestra cita lecturas para ilustrar una efeméride, ejemplificar clases de Español, corregir la ortografía, o simplemente, por el gusto de hablar de libros y comprobar que los niños sienten el placer de ellos. En ese buen empeño de cultivar el contento por la lectura también anda Bárbara González, la auxiliar pedagógica, quien vuelve sobre el viejo truco de contarles el comienzo de los textos y dejarlos inconclusos para que luego ellos terminen. Esa iniciativa, asegura "la tía", posibilita un mayor acercamiento a libros que, por ejemplo, carecen de ilustraciones y colores. PUERTAS ADENTRO La Tomás David Royo está en reparaciones y asemeja un viejo buque descolorido haciendo piruetas en alta mar. Pero así y todo, la biblioteca, después de cerrada por varios cursos, desde hace dos permanece abierta de par en par, con muchos libros que Daisy Manzur, la bibliotecaria, repasa una y otra vez para tenerlos en buen ver: "De todos ellos, los que prefieren son los del Programa Editorial Libertad, porque están nuevecitos y con mucha referencia a sus materias de estudio, pero nuestro fondo tiene pocos títulos y, de los que existen, muchos no cumplen las expectativas de su búsqueda. Nos nutrimos, básicamente, de donaciones de los propios alumnos". —¿Qué buscan en los libros de la Editorial Libertad? "El Atlas y el Diccionario Enciclopédico les fascina por el conocimiento que les brindan, son los que más piden. El Diccionario de la Lengua Española, y los libros Pusimos la bomba ¿y qué?, Diario del Che en Bolivia y Pasajes de la Guerra Revolucionaria, son consultados como refe-rencias de las clases, y La Edad de Oro es siempre recurrente." —¿Te parece que existe un buen nivel de lectura en los niños? "Estamos en un punto medio y hay que hacer todo lo posible por elevarlo. Por eso convocamos a concursos, competencias y festivales donde se representan los textos. La escuela es un factor fundamental para el desarrollo intelectual de los niños, pero no se puede obviar el papel del hogar, de la comunidad, incluso. Cuando un niño llega aquí con esos intereses, generalmente es porque la familia se ha preocupado por inculcar en él tales valores. Estoy convencida de que este es un camino que no puede dejarse a la espontaneidad". POBLAR LAS IDEAS Bernardo Matos, el director de la Tomás David Royo, piensa que en el camino de la lectura todavía falta mucho por hacer en su plantel. Sin embargo, no niega que se realiza un trabajo serio para promoverla, tanto con los alumnos como con los padres, porque "ella contribuye al desarrollo de la expresión oral y el vocabulario y su comprensión permite poblar sus ideas, ampliar el acervo cultural, perfeccionar la ortografía y acrecentar habilidades que pueden aplicarse en el resto de las asignaturas y de la vida cotidiana". Desde hace dos años, la lectura anda en las prioridades del centro y, según el director, hoy es evidente una mayor asistencia a la biblioteca, el número de libros solicitados en préstamos es superior y las redacciones escolares muestran mayor fluidez y conocimiento de los temas, "aunque todavía estemos lejos de los objetivos deseados, y haga falta un mayor trabajo investigativo por parte de los docentes para buscar las causas que inciden en algunos desapegos y darles solución sobre la base del diagnóstico integral de cada alumno". EL CUENTO DE LORETTA Cuando la montaña viene a los libros, es posible encontrar casos como el de Loretta Vázquez. Ella, con ocho años, dedica su cuento Aprendamos a cuidar, a sus compañeritos de aula y en esas líneas amorosamente escritas y que su tía ayudó a mejorar, les aconseja a todos cuidar y guardar los pedacitos de lápices. Ahora, entonces, se han descubierto otros "escritores". Laura idea una historia que llamará La amistad; Jessica todavía no ha puesto nombre a la suya; y hasta hay otra de creación colectiva: La abejita que no era trabajadora. "El cuento de Loretta lo convertimos en un pequeño libro, muy artesanal, pero de gran valor para el grupo porque, además de motivar a escribir a otros alumnos, irá a formar parte del fondo de la biblioteca y ello supone un alto reconocimiento", dice Ana Caridad, maestra de probada sensibilidad que insiste en la colaboración de madres como Maité Delage, que lleva libros al aula y los presta para uso colectivo. "Otra vía es la creación de cuentos que se transmiten oralmente y son representados en los matutinos o el festival que realizamos cada curso, y tienen como temas la vida cotidiana: cómo comportarse, el ahorro, los mosquitos. Creo que esa es una forma idónea para que, en esa edad, les lleguen los mensajes." El ejemplo de esta escuela bien pudiera multiplicarse pues, de libros y entre libros, ¿por qué no colaborar para que la mochila de las enseñanzas vaya repartida por igual? |
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