Ninguno de los actuales problemas del mundo se puede resolver por la fuerza

Discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, el día de los trágicos hechos ocurridos en Estados Unidos, el 11 de septiembre de 2001.

Profesores, constructores, trabajadores, estudiantes, familiares e invitados:

Vamos a ver cómo sale esto, porque los actos en los estadios y en los lugares así, como las gradas de este coliseo, siempre son complicados, unos están detrás, otros a un lado, otros a otro y cuando aparece uno que dice: "¡No se oye!", entonces viene la tragedia (Aplausos y exclamaciones).

Ayer (Exclamaciones de: "¡Aquí no se oye!")... Bueno, pues me voy y les hablo por televisión (Exclamaciones de: "¡No!"). Hagan un esfuercito; ustedes, que son los que parece que están allá más complicados, tengan un poco de paciencia y ayuden a que haya orden hoy (Exclamaciones de: "Se oye, se siente, Fidel está presente").

Les iba a decir que ayer era un día tranquilo, nos preparábamos para dos eventos importantes: primero, la reinauguración de la escuela y el curso de enorme importancia que comenzaba con esta masa de estudiantes, y, además, muchos compatriotas estaban esperando las noticias sobre los resultados del famoso Grammy, donde una importante y numerosa delegación de artistas cubanos estaría presente.

La única preocupación, cuando nos marchamos de madrugada, bastante tarde, era si llovería o no en nuestra escuela, ya que los días previos se habían caracterizado por grandes aguaceros y casi siempre a esta hora, más o menos. Tomamos la precaución de organizar un lugar alternativo donde inaugurar, de todas formas, el curso y reinaugurar la escuela.

Se previó todo y suerte que lo hicimos así, porque en aquella zona, con lo que llovió hoy, aquello estaría inundado de agua y lleno de fango, a pesar de que se había preparado un lugar especial para la actividad, donde participarían, entre alumnos, familiares, invitados, trabajadores y vecinos, 12 000 personas.

Bien, apenas llevábamos algún tiempo descansando, comienzan a llegar noticias de que graves hechos estaban ocurriendo en Estados Unidos —y, aparte de eso, un día bien nublado y lluvioso aquí—; aquellas noticias tenían y tienen gran importancia. Medida tomada de inmediato fue solicitar al ICRT que trasmitiera, de forma rigurosamente exacta, e incluso utilizando programas de las televisiones norteamericanas, las noticias de lo que estaba ocurriendo allí, y después esperar.

El acto no pensábamos suspenderlo, ni podía suspenderse, a pesar de la tensión internacional creada por los acontecimientos. Imagino que muchos los conozcan; pero, en esencia, consistieron en que, aproximadamente a las 9:00 de la mañana, un Boeing, de los grandes, se estrella directamente contra uno de los dos edificios de la famosa torre de Nueva York, uno de los más altos del mundo, que tiene dos alas. Como es natural, aquello se incendia con todo el combustible de uno de esos grandes aviones; empiezan a ocurrir escenas tremendas, y 18 minutos después otro avión, también de una empresa aérea norteamericana, ataca y se estrella directamente contra la otra ala de la torre.

Al mismo tiempo, unos minutos más tarde, otro avión se estrella contra el Pentágono. Llegan noticias, en medio de cierta confusión, de una bomba frente al Departamento de Estado y otros hechos alarmantes, aunque he mencionado los más importantes.

Evidentemente, el país había sido víctima de un violento y sorpresivo ataque, inesperado, inusitado, algo verdaderamente insólito, que dio lugar a escenas impresionantes, en especial cuando ardían las dos torres y, sobre todo, cuando ambas se desploman, con sus 100 pisos, sobre otras edificaciones próximas, y se conocía que allí trabajaban decenas de miles de personas en diversas oficinas que representan numerosas empresas de variados países.

Era lógico que aquello produjera una conmoción en Estados Unidos y en el mundo, las bolsas de valores comenzaron a derrumbarse, y por la importancia política, económica, tecnológica y el poder de Estados Unidos, el mundo hoy estaba conmovido con aquellos acontecimientos que fue necesario seguir durante todo el día, a la vez que por nuestra parte se mantenía la atención sobre las condiciones y las circunstancias en que se realizaría este acto.

Por tanto, había dos temas: la escuela y su importantísimo curso, y la catástrofe de tipo político y humano que se había producido allá, especialmente en Nueva York.

Hablaré primero de la escuela.

Debo decir, en primer lugar, que los constructores hicieron un enorme esfuerzo y han reconstruido esa escuela, prácticamente en unos meses; un tipo de tarea de tal magnitud, nunca se había hecho en un tiempo tan breve.

La directora explicó que aquella escuela había ido decayendo mucho, sufrió todo el período especial y llegó a convertirse en albergue de cientos y cientos de familias. Un día la visité y no era ni sombra de cuando la habíamos inaugurado, el 5 de diciembre del año 1974, como escuela de formación de maestros primarios para la capital; durante 14 años que funcionó como tal escuela, graduó a decenas de miles de maestros. Después desempeñó otros importantes papeles docentes, era una facultad de docencia superior; pero vino el período especial y con él todas las dificultades.

La situación de la primaria en la capital no sufría entonces la escasez de maestros que estaba padeciendo en estos tiempos, una crisis verdaderamente seria, que se puede definir o señalar con el hecho de que este año que acaba de concluir solo se gradúan 37 licenciados en enseñanza primaria.

La ciudad tenía la peor situación del país, de modo que alrededor del 80% de los alumnos estudiaba en aulas con 30, 35, 40, 45 y, en ocasiones, hasta 50 alumnos; había casi 400 aulas con más de 40. Aquello se reflejaba en la educación, como es lógico; estaba la capital por debajo, muy por debajo, de algunas provincias como Santiago de Cuba y otras, era una situación realmente grave. No había vocaciones, se habían acabado en nuestra capital las vocaciones de maestros primarios.

El estado físico de las escuelas era también crítico, tras 10 años de período especial y gran escasez de recursos. Los padres aconsejaban a sus hijos que no se hicieran maestros primarios; los egresados de los numerosos preuniversitarios pedagógicos, cuando concluían el curso y se les preguntaba qué querían estudiar, cada uno escogía la materia de su gusto: maestros primarios, menos de 5 de cada 100; y los demás, historia, matemática, literatura, geografía, en fin, alrededor de 12 ó 14 diferentes carreras, mas no la de licenciados en enseñanza primaria.

(continua)                        

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