LA PAZ, 15 de septiembre.—El proyecto
boliviano de exportar gas a México y Estados Unidos entró esta semana en
el debate político y también geopolítico, pese al argumento oficial de
que el tema es meramente económico, resalta Prensa Latina.
La apelación a puros criterios de
rentabilidad como determinantes de cuál será el puerto de salida del gas
natural, donde se instalará una planta industrial para licuarlo, se
estrelló con apreciaciones que tienen que ver con la historia.
El propio Presidente Jorge Quiroga señaló
que el gas acercará a su país al océano Pacífico, que perdió en
términos geográficos al conquistar Chile sus costas en el siglo XIX.
Un diario chileno, citando fuentes
oficiales de ese país, afirmó que en función del proyecto, Bolivia y
Chile negocian una posible cesión de una franja de costa en alquiler por
99 años a Bolivia.
El gobierno de La Paz desmintió la
versión, sin descartar la posibilidad, que despertó aquí resquemores de
quienes creen que la concesión por Chile de una salida al mar constituye
una reparación histórica y por tanto no debe acarrear compensaciones
para Santiago.
El ministro de Desarrollo Económico,
Carlos Kempff, aclaró además que aun no está decidido qué puerto será
usado y que la región costera por la que salga tendrá que asumir, dada
la magnitud de la inversión prevista y del proyecto, un papel de socio en
la operación.
La inversión prevista asciende a 5 000
millones de dólares, de los cuales unos 3 500 se invertirán en la planta
de "crionegización" que someterá al gas a bajísimas
temperaturas para reducir su volumen y facilitar su transporte.
Las terminales que se barajan como vía de
salida del gas y donde este seria cargado en tanqueros rumbo a México y
de allí a la deficitaria California, son Mejillones, en Chile, e Ilo, en
Perú.
La ventaja del puerto chileno radica en su
mayor cercanía respecto a los yacimientos de gas explotados por
transnacionales constituidas en consorcio para el ambicioso proyecto.
Ilo, sin embargo, tiene a su favor el hecho
de que por un convenio de 1992 destinado a aliviar la mediterraneidad
boliviana, ofrece grandes ventajas a la presencia de La Paz, como la
extraterritorialidad de sus inversiones.