 Argentina Otra papa caliente Mario Jorge Muñoz Es optimista el gobierno argentino. A pesar de la debacle económica que viene sufriendo el país desde hace tres años y la tirantez de la situación por estos días, aún tiene
"cara" de vaticinar un crecimiento del 3,5 % del Producto Interno Bruto para el próximo año.
Además, el Ejecutivo se refiere orgulloso a la esperada disminución de los gastos públicos en unos 6 500 millones de pesos (similar en dólares). Claro que no habla del costo social de estas medidas. Es como si no respetasen la inteligencia de la gente.
Este viernes, el equipo de De la Rúa informó las
"buenas noticias" al Congreso, durante la presentación del proyecto de presupuesto para el próximo año. Sin embargo, medios de prensa reconocen que diferentes fuerzas políticas de la nación llegaron a los debates con sus cuchillos bien afilados.
No es secreto para nadie el rechazo provocado por los programas de ajuste de los últimos meses y el anuncio de la reducción de los gastos del Estado en 6 000 millones para el 2002. O sea, nuevas amenazas para la maltrecha economía doméstica de la población argentina.
Los gurúes de la política financiera argentina pretenden llevar a cero el déficit del país a cuenta de las rebajas del 13 % dispuestas hace dos meses sobre los salarios de los empleados públicos superiores a los 500 pesos, y las jubilaciones que también sobrepasen esa suma. Una manera fácil de resolver los graves problemas que afectan a la nación.
El proyecto que se debatía este viernes en Buenos Aires contempla además la disminución del 15 por ciento en los presupuestos de los poderes Judicial y Legislativo
—hasta ahora no habían sido tocados por las medidas de ajuste—, con lo cual también se verán afectados los sueldos de numerosos trabajadores.
Los recortes para el 2002 incluyen la eliminación de la mitad de los fondos destinados a los planes
"trabajar", un pequeño subsidio que actualmente se entrega a los desempleados, cuyo monto descenderá de 225 millones de pesos a 105 millones, según advierten varias agencias de prensa.
Lamentablemente —como siempre en estos casos— la educación recibirá un nuevo golpe. Se prevé el recorte de unos 100 millones de pesos y la posible disolución del llamado incentivo docente, un fondo de 600 millones de los cuales son entregados 60 pesos mensuales a cada educador, una miseria en medio de la difícil situación que atraviesa el país.
Por estos días, otro de los temas de controversia en el Congreso es la decisión del ejecutivo argentino de solo desembolsar ayuda en recursos para las provincias
—actualmente se giran 1 364 millones de pesos mensuales— en función de las propias recaudaciones que logren.
La lista de las limitaciones que se avecinan para el próximo año sobrepasa con bastante margen la de buenas noticias. Tiene lógica entonces que la discusión en torno al presupuesto del 2002 esté
"en candela".
Tal es así que probablemente los debates se pospongan hasta después de las elecciones legislativas, previstas para el 14 de octubre. Para ese momento, quedará renovado el 50 % de la Cámara de Diputados y la totalidad del Senado. Y no es para menos: con la crisis que enfrenta el país, nadie quiere cargar
"con esa papa caliente".
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