Los caminos del cielo

EMILIO DEL BARRIO MENENDEZ

Cuando el 17 de diciembre de 1903 el Hombre sobre una playa de Carolina del Norte logró volar por primera vez a bordo de una máquina más pesada que el aire, no solo se llegó a la culminación de muchísimos experimentos realizados en tiempos pasados y diversos países, sino que se iniciaba una era de trascendental importancia para la historia de la humanidad: nacía la aviación.

Cuando un avión despega, es objeto de permanente control: primero por el aeropuerto, este a determinada distancia se lo entrega al Centro del país, quien en determinadas coordenadas se lo pasa al de la nación más cercana o a la asignada para la supervisión del vuelo en dependencia del rumbo autorizado de la nave. El control es constante hasta que toma tierra y apaga sus motores.

Poco a poco los aviones comenzaron a perfeccionarse y a crecer en número, proceso que tuvo en las conflagraciones bélicas sus principales impulsoras. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial el transporte aéreo de pasajeros y mercancías, aunque ya se realizaba, era incipiente. Se empleaba en pequeña escala y en tráficos regionales; sin embargo los cielos del planeta comenzaban a cruzarse en todas direcciones.

La necesidad de dictar normas y métodos internacionales para regular la navegación aérea fue imperiosa. Muchas se habían aplicado y otras nuevas o perfeccionadas vendrían después. Se destaca, entre otras, las referidas al control del tráfico aéreo, las cuales tienen como objetivos fundamentales hacer que los vuelos sean seguros, ordenados, rápidos, eficaces y lo más económicos posibles.

Así, entre otras normas y regulaciones, se establecieron las aerovías, es decir, espacios para el vuelo de los aviones. Son áreas de control, o parte de ellas, que pueden estar dispuestas en forma de corredores. Ninguna aeronave debe elevarse y cruzar los cielos sin un plan de vuelo autorizado por las autoridades correspondientes.

En el plan de vuelo el piloto o la compañía propietaria de la nave expone la información específica relacionada con el tipo de avión, sus características y proyecto de ruta, entre otras cosas más. Esto se somete a la consideración del centro de control aéreo del país donde se originará el viaje y al de las naciones que sobrevolará en su trayectoria. El plan puede ser modificado por los centros antes de iniciarse la travesía e incluso en medio de ella.

Por tanto los viajes aéreos civiles no se pueden realizar a libre albedrío, tienen que cumplir la línea autorizada, es decir, deben surcar el cielo por los "caminos" señalados —en longitud, latitud, altura—, por los centros de control involucrados en su trayectoria de origen a destino. Los aviones en vuelo son objeto de permanente control hasta que no apagan sus motores en tierra.

Es bueno destacar que los espacios aéreos correspondientes a cada país son totalmente soberanos, no se puede volar en ellos sin el consentimiento de cada Estado. A su vez cada nación que posea centro de control, tiene un área internacionalmente reconocida bajo su jurisdicción para ayudar a la navegación, así la de Cuba se ubica entre los grados 24 y 20 de latitud norte y los 86 y 74 de longitud oeste. De acuerdo con la dirección de la nave, al rebasar esos límites, el control pasa bajo la responsabilidad de otro centro, que en el caso de Cuba si el vuelo es al norte lo recibe el de Miami, si es al sur, en dependencia de la dirección, al GNAMER, que es un centro unificado para toda Centro América, el cual radica en Honduras, en Kingston, en México...

Si una aeronave se saliera del "camino" acordado, podría provocar, con mucha seguridad, verdaderas catástrofes, a pesar de todos los instrumentos y adelantos técnicos con que están equipadas las más modernas.

Hoy en el mundo vuelan diariamente decenas y decenas de miles de aviones civiles. Hay aeropuertos que reciben y despiden centenares y centenares de vuelos cada 24 horas y regiones geográficas de una altísima densidad de tráfico. Cuando uno aprecia una carta de navegación de cualquier área, es como si contemplara la más compleja y tupida urdimbre de una tela de araña: trazos y más trazos en todas direcciones.

Aquel piloto que levantó vuelo en diciembre de 1903 podía tomar la dirección que quisiera, además de las aves, solo él surcaba el aire. Hace muchos años eso es imposible y hoy más que nunca. Violar un plan de vuelo actualizado por los centros de control, lo que incluye la aerovía y la altura, más que suprema irresponsabilidad, es una verdadera locura: son enormes los peligros tanto para el violador como para quienes navegan en esa área.

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