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Desde casi el centro del mundo, médicos cubanos "Otra vez en manos de una Magalys" Texto y foto: Joel García
Apenas nos bajamos del auto las cuatro hijas de Benito corrieron de arrebato: "Tía Magalys, tía Magalys, ¿viniste a visitarnos a nosotras o a papi?". Después de los besos y explicaciones iniciales, Margarita, María, Gema y Mónica permiten saludar a su padre, sentado en la puerta, quien asiente con una sonrisa lo impaciente que ya estaba por la pequeña demora. Benito está de reposo en casa, luego de 12 días ingresado por descompensación de su insuficiencia cardíaca y una crisis de hiperuricemia— más conocida por la enfermedad de la gota—, lo cual no resulta común en este país africano, dadas las costumbres alimenticias predominantes. Rápido, el jefe de familia, toma la batuta de la conversación y comienza a explicar el misterio que encierra su relación con Cuba a través de dos mujeres con igual nombre y apellido, Magalys Pérez. "Por los años 80, y después de haberme curado por completo de una tuberculosis pulmonar conozco a una técnica de laboratorio cubana llamada Magalys. Ella comenzó a compenetrarse con nosotros tanto, que los análisis de las niñas y de toda la familia, así como la atención a las enfermedades corría por ella. Siempre estaba pendiente del más mínimo detalle de la higiene y la salud nuestra". Con unos refrescos bien fríos la esposa de Benito, Deogracias Ntongono, se incorpora a la informal charla, idéntica a la que sucede en cualquier sala de un hogar cubano. "Cuando ella se fue pasaron varios meses hasta que otros médicos cubanos nos dijeron que vendría una Magalys en el grupo de relevo. Pensamos que era la misma y cuando estuve hospitalizada con paludismo en febrero de este año la conocí. Le expliqué la coincidencia de nombres y de nuevo creció la amistad. Ahora es la doctora de la casa y me sentiré muy abandonada y sola cuando le toque el turno de marcharse", señaló con cara apagada la fornida mujer. Como si se hubieran puesto de acuerdo para no dejar hablar a la galena antillana, Benito vuelve a la carga para aclarar: "Ella no solo es la doctora de la casa, es ya de la familia. No hay cumpleaños que ella no asista. Sería imperdonable si olvidamos invitarla. Eso sin contar que la comida cubana va por ella al menos una vez al mes". EL ALCOHOLISMO TAMBIEN ES PROBLEMA A la edad de 38 años, esta internista agramontina afrontó su primera misión con solo 15 días de preparación previa. Su familia numerosa se encargaría de todo y su hijo Gustavo de 9 años solo deseó que el tiempo pasara pronto. " Esta familia que ves aquí es disciplinada para los tratamientos, pero la mayoría no es así. La situación económica es dura y por eso cuando se les termina un medicamento no compran más—tienen que comer primero— y sufren después una recaída". Ansiosa casi por naturaleza y con la mirada revuelta entre las niñas de Benito —que no se apartan de su lado— Magalys comenta que además de los clásicos y complicados paludismos, ha detectado muchos pacientes hipertensos, incluso con hipertensiones severas, a los cuales nunca se les había diagnosticado, pues no existe en Guinea Ecuatorial un programa para ello y no es costumbre en el personal nativo examinar la presión arterial cuando llega el paciente a consultarse. El alto consumo de bebidas alcohólicas en la población ecuatoguineana ha sido comprobado también por la doctora cubana. "El alcoholismo es un látigo que no perdona y hay personas que toman demasiado". El rigor de la guardia en el Hospital Loeri Combá —cada 5 días— no tomó por sorpresa a nuestra galena, acostumbrada a similar esquema en Cuba en el policlínico Rodolfo Ramírez Esquivel. Sin embargo, lo visto en ellas sí la ha impresionado más de una vez. Hombres que ya llegan muertos al cuerpo de guardia, tuberculosis pulmonares en estado avanzado y neumopatías inflamatorias con complicaciones, son casos que han desvelado más de una noche a Magalys. Pero el ritmo de la conversación vuelve a tornarse sobre la familia de Benito, es decir, de Magalys en Guinea Ecuatorial. "Cuba es un país bonito y me gustaría ir algún día para conocer y visitar a mis amigas. Las dos Magalys se asustarán cuando les toque la puerta y me vean", predice Benito con gracia. La visita casi termina. La clínica cubana le repite cómo debe tomarse cada una de las medicinas y el reposo a seguir para evitar otra inflamación de la pierna. El turno de la próxima consulta está marcado en el almanaque de la sala. Así se lo exige Deogracias para que no haya olvido. ¿Otro refresco?, pregunta una de las niñas a Magalys. Me mira y contesta la pregunta pendiente desde que veníamos en el taxi.
"Este agradecimiento sincero y puro es el recuerdo más grande que me llevaré del país. Y ya es demasiado". |