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1961-2001 Congreso Nacional de la Alfabetización No solo leer ni escribir sino continuar |
PEDRO A. GARCIA El entusiasta auditorio, congregado en el teatro Chaplin (hoy Karl Marx), coreaba en rítmicas aclamaciones: "¡Fidel, Fidel!, ¡Revolución, Revolución!". El Comandante en Jefe prosiguió su discurso: "No se concibe una Revolución sin una gran revolución también en el campo de la Educación, es decir, que Revolución y Educación son casi sinónimos". La historia se escribe con valientes, con héroes y con revolucionarios.
Era el 5 de septiembre de 1961. Se clausuraba el Congreso Nacional de la Alfabetización, el cual desde días antes discutía acerca de los logros y dificultades de la campaña educativa en que estaba empeñado todo el pueblo de Cuba.
La falta de Educación es el mejor índice del estado de la opresión política, de retraso social y de explotación económica en que se encuentra un país
—explicó Fidel aquel día—, (...) los países más explotados económicamente y más oprimidos políticamente son los que tienen más analfabetos. Solo una Revolución es capaz de cambiar totalmente el cuadro de la Educación de un país.
DESARROLLO DEL CONGRESO El Congreso había comenzado sus sesiones en el hotel Habana Libre, con 833 delegados en representación de las comisiones de Educación de los 126 municipios y 6 provincias existentes en aquella época, así como de las organizaciones revolucionarias.
"Tenemos acorralado el analfabetismo en su propio cerco bajo la mirilla de nuestra conciencia revolucionaria", expresaba en la inauguración el entonces ministro de Educación, Armando Hart, quien añadiría: "El éxito de la alfabetización se debe a la organización de los trabajadores y el pueblo".
En este evento se analizó el comportamiento de la campaña hasta ese momento. Se habían contabilizado en el país 1 045 329 analfabetos, de los cuales más de 129 mil ya estaban en condiciones de enviarle una carta a Fidel como constancia de que sabían leer y escribir. Unos 775 000 cubanos continuaban en el aprendizaje y otros 90 mil empezarían con sus clases ese mes.
Se dio a conocer que más de 250 000 alfabetizadores (incluyendo a cerca de 89 mil brigadistas Conrado Benítez) andaban por llanos y montañas con la cartilla y el manual; y se esperaba la incorporación inminente de otros 35 mil por aquellos días. Casi millón y medio de ciudadanos había movilizado la Revolución en distintas tareas, desde el maestro que impartía la clase hasta los funcionarios y grupos de aseguramiento de la campaña, para llevarle el pan de la enseñanza al más de un millón de cubanos analfabetos.
Otros temas tratados en el Congreso fueron las brigadas obreras, conocidas como las Patria o Muerte, que aportarían más de 10 000 alfabetizadores, y los llamados cursos de seguimiento para la superación de los alfabetizados, pues no se pretendía solo enseñarles a leer y escribir, sino que continuaran elevando posteriormente su nivel educacional.
Estos cursos de seguimiento constituyen sin dudas un logro indiscutible de la Revolución Educacional cubana. Primeramente, con la campaña del sexto grado se consolidó aún más el éxito de la campaña de alfabetización en los años subsiguientes. Se crearon también las Secundarias Obreros Campesinas (SOC), verdaderos baluartes en el triunfo de la campaña por el noveno grado; y las FOC (Facultad Obrero Campesina), para continuar la superación.
Para los más jóvenes, se instituyó el sistema nacional de becas, con el que se beneficiaron decenas de miles de adolescentes, hijos de campesinos y obreros, participantes muchos de ellos de la Campaña de Alfabetización.
ESCUELAS POR DOQUIER En su trascendental intervención, aquel 5 de septiembre, Fidel expresaría: "Es que sin Educación realmente no puede haber Revolución. Alcanzará tantos más avances y tanto más éxito cuanto más trabaje en el campo de la Educación, cuanto más técnicos competentes, administradores, maestros, cuadros revolucionarios tenga. Y en eso está lo fundamental".
El Jefe de la Revolución anunció para el curso escolar que comenzaría en enero de 1962 unas 50 000 becas para estudiantes universitarios, de la enseñanza media y tecnológica. "Eso significa que en nuestro país todos los niños en edad escolar tendrán maestro y todos los jóvenes, Secundaria Básica, porque los jóvenes de aquellos sitios donde no exista escuela primaria y no haya secundaria básica, recibirán becas para estudiar".
Principio que la Revolución ha cumplido, incluso en los tiempos más duros del período especial, en los cuales no se cerró una sola escuela en el país, ni un solo niño cubano se quedó sin aula donde recibir la enseñanza, ni se quedó sin maestro que se la impartiera.
La historia se escribe con valientes, con héroes y con revolucionarios
—puntualizó Fidel aquel día—, la escriben los que trabajan con sus brazos, la escriben los limpios y los honrados. La historia de la educación, la epopéyica batalla contra el analfabetismo que llena de prestigio a nuestra Patria, es la historia que están escribiendo los hombres y mujeres humildes de nuestra Patria, y son los hombres y mujeres humildes los que llevan sobre sus hombros ese honor y llevan sobre sus sienes esa gloria".
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