pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

El Grammy y sus valores

ROLANDO PEREZ BETANCOURT

El premio Grammy, como el Oscar, o cualquier otro galardón donde lo artístico aparezca ligado a la industria, y por ende al negocio, es tan polémico como dos suegras rigiendo los destinos de un matrimonio.

A juzgar por los rumbos que lleva el gran mercado en cualquier esfera del arte, montado siempre al galope sobre una hegemonía de manipulación difusora, no será siempre la calidad la que decida.

Factores estrechamente ligados a la formación cultural del consumidor y a la cantidad de influencias que este pueda recibir por parte de una maquinaria engrasada con el objetivo de vender, hacen que aquí y allá aparezcan malabarismos de todo tipo, tratando de imponer lo que vale menos por lo que vale más.

El año pasado, por ejemplo, en la primera edición del Grammy Latino, hasta el último especialista señalaba que frente a Carlos Vives, Caetano Veloso y Juan Luis Guerra, nada tenía que buscar Luis Miguel. Sin embargo, con Amarte es un placer, este último obtuvo el galardón al Mejor Album del año, dejando boquiabierto a medio mundo.

Otras polémicas hubo, como la gran cantidad de nominaciones que recibieron las producciones apadrinadas por Emilo Estefan; "Esto es una fiesta entre Estefan y Sony", lanzó públicamente la acusación Gilberto Moreno, gerente general de Fonovisa.

Y hasta Armando Manzanero, medido en declaraciones, señaló que "los Estefan son una industria, no una casa de arte; ellos no han hecho a nadie".

"Pero el problema del clan se extiende y se le va a cobrar la factura —escribía en el diario La Opinión, de Los Angeles, Javier Rodríguez H. Por muchos años la comunidad latina del país y principalmente los mexicanos han sufrido discriminación por parte de este sector dominante en los medios de comunicación hispanos".

Y proseguía:

"El trasfondo político e histórico del conflicto involucra a las cadenas de televisión hispanas. Estas han sido un importante medio para la consolidación del exilio cubano anticastrista como fuerza conservadora en los Estados Unidos. Estrellas y artistas cubanoamericanos como Cristina Saralegui y otros han cumplido el vergonzoso papel de excluir a cualquier personalidad de la farándula que difiriese con ellos sobre el emotivo tema de Cuba".

No obstante estas y otras polémicas, ya en el campo meramente artístico, los Grammy resultan también un barómetro apreciable por cuanto no pocas veces son el resultado de una calidad ampliamente respaldada, como sucedió en varias categorías premiadas el pasado año.

Lo que sí constituye casi una ley es que las casas discográficas involucradas en el acontecimiento ven crecer considerablemente sus ganancias tras echarse un Grammy al bolsillo. Según la revista Billboard, el album galardonado de Luis Miguel duplicó sus ventas solo una semana después de resultar vencedor. La misma publicación señaló que los dos álbumes ganadores de Shakira alcanzaron cifras de venta de 247 y 177 por ciento.

La ceremonia de los premios, transmitida a grandes audiencias por la CBS, tal como ha hecho ver Michael Greene, presidente de los Grammy, es también una oportunidad única para que aumenten las ventas, aun de aquellos "que ya han hecho fama y fortuna".

Aunque Greene ha dejado claro que la Academia que él preside vela por evitar influencias de las casas disqueras en la decisión del jurado, lo cierto es que aquellas firmas con mayores recursos y posibilidades económicas las inventan en el aire con tal de llegar a las puertas secretas de esos 3 mil miembros de la Academia Latina repartidos en América Latina, los Estados Unidos y Europa.

En los Grammy, como en el Oscar y en la guerra, se vale de todo, parece ser el lema de una legión de publicistas empeñados no "en influir", sino tan solo en que se fijen, con visión reforzada, en sus artistas nominados.

Matrimoniar el arte, el negocio, y la propaganda: ¡Qué gran dilema para este mundo hoy!

Proyecto aún imperfecto, pero interesante, siempre que dentro de un mismo saco se sepa diferenciar lo bueno, lo regular y hasta lo ramplón comercial, el Grammy Latino es también un reto para que el público y la crítica afinen sensibilidades en el estimulante ejercicio de reconocer y de aplaudir, mientras, orejas en alto, detectan al gato que corriendo a lo largo del pentagrama trata de pasar por liebre.

Subirtop.gif (129 bytes)