 Nada un gato en aguas tuneras Vía libre para una especie que según los especialistas oculta una excelente carne detrás de sus
"felinos bigotes" y curiosa morfología externa Texto y fotos: Pastor Batista Valdés MAJIBACOA, Las Tunas.—"Dicen que vino de Thailandia... lo que yo sé es que llegó para quedarse", comenta un pescador mientras, escurridizos, una mancha de peces, mayoritariamente oscuros y grisáceos, pugnan por escaparse de la red que los apresa.
Pez gato: morfológicamente curioso, pero de magnífica carne.
Se trata del Garipinus: más conocido como pez gato, tal vez por los
"bigotes" que exhibe a ambos lados de la boca, o quién sabe si por aquello de que
"también tiene siete vidas", pues se afirma que puede permanecer fuera del agua varias horas y no morir.
La provincia hoy cuenta con dos centros para el engorde de esta especie.
Peculiaridades y curiosidades aparte, el mencionado pez se inserta con aletazos cada vez más ciertos en la realidad acuícola de este y otros territorios, en el contexto de un abarcador empeño por parte del Ministerio de la Industria Pesquera, que incluye a todo el archipiélago.
La existencia aquí de un centro de reproducción (que gracias al conocimiento científico y técnico permite el desove artificial y obtener altas densidades de larvas), así como de otros dos destinados al engorde de esa extraña, pero muy nutritiva especie, ha sentado bases para en un plazo relativamente breve de tiempo lograr producciones cuya repercusión fundamental debe estar en el consumo de la población y en la canasta básica familiar.
El biólogo Juan Velázquez —director de uno de esos centros de engorde— lo asevera con evidente optimismo y con la seguridad de quien
"toca con la mano", día por día, lo que dice.
"Como todo en la vida —explica— esto requiere de mucha pasión, consagración y un riguroso cumplimiento de lo que se recomienda para el cultivo intensivo de la especie: desde la cuidadosa preparación de los estanques para garantizar en ellos grandes densidades de moina (alimento básico durante los primeros siete días), hasta la variedad y proporciones alimentarias posteriores, según los índices de conversión."
A pocos metros Jaime García y Aldo Díaz (director municipal de Acuicultura y jefe de producción, respectivamente), asienten con la cabeza. Ellos, como cualquiera de los hombres que laboran en los estanques, saben que, efectivamente, con un adecuado balance o equilibrio el pez gato acepta a la hora de comer desde el más refinado pienso industrial, hasta desechos de la propia industria pesquera, carbohidratos, residuales de viandas...
No por gusto en condiciones "salvajes" (en medio extensivo) puede alcanzar, según los entendidos en este campo, hasta seis y siete libras de una carne rica en proteína, de agradable textura, buen sabor y resistente a la descomposición, características atribuibles también
—según Juan Velázquez— a las 25 toneladas de carne que a los 240 días aporta por cada hectárea de agua la siembra directa de unas mil larvas, aun cuando muchas no sobreviven.
Pero basta. Que sea el tiempo, y no el golpe mecanográfico, quien corrobore finalmente si en verdad este pez deviene en el orden cuantitativo la alternativa de alimentación que se espera, y sobre todo, si una vez elaborado y llevado a la mesa no es solo el otro gato (el que maúlla en el hogar) quien termina relamiéndose, sino también quienes manejan con gusto los cubiertos.
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