Martha, de dos, dos

A punto de comenzar las clases en septiembre, en una casa habanera una madre habla con satisfacción de los cursos emergentes para maestros primarios, y es que la familia constituye la retaguardia imprescindible en los programas que hoy lleva adelante la Revolución

IRAIDA CALZADILLA RODRIGUEZ

Martha Carbonell subió al podio del escenario del Astral con la emoción de hablar para un teatro lleno y en nombre de los familiares de 501 jóvenes que abrazaban la hermosa profesión de educar. Había repensado las palabras en muchas horas de precisiones, y lo más exacto que atinó a decir desde lo hondo de sí fue que los padres quieren lo mejor para sus hijos y, a estas alturas, lo máximo que pudo sucederles a sus muchachas fue estudiar en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Pedagógicas Revolución Húngara de 1919, en Melena del Sur.

RAUL LOPEZ    

Martha, Silvia y las jimaguas Lisette e Ivette, de una u otra manera todas se preparan para la arrancada de las clases en septiembre.

No expresaba palabras al azar. Lisette, de las jimaguas, se había graduado en el primer curso de formación emergente de maestros primarios. Y luego, en otra tarde de galas y alegrías, lo hacía Ivette. Por partida doble la familia aporta docentes a las aulas de Ciudad de La Habana, en esta otra cruzada de la Revolución para elevar la calidad de la enseñanza. Y era también un día de recuento, sobre todo para la abuela Silvia, profesora jubilada de secundaria básica y con una trayectoria de 25 años en el magisterio, quien ve a las nietas cual prolongación de sí.

Ahora, de vacaciones en casa pero sin que duerman los textos de estudio, Lisette e Ivette Puig Carbonell me cuentan que cuando llegó el llamado al Preuniversitario Pedagógico Niños Héroes de Chapultepec, en el municipio habanero de Güira de Melena, les pareció que dar el paso era lo más natural para los jóvenes de su generación, porque esta es la más actual de sus batallas.

La madre las oye con orgullo: "La adolescencia es una de las etapas más difíciles de la vida y estoy muy agradecida de los dos cursos. Mis hijas consolidaron cosas que dejan huellas imborrables como los valores éticos, políticos y morales, la atención al estudio, a la investigación, a la responsabilidad de asumir cualquier tarea. También allí obtuvieron la militancia en la UJC.

"Creo que una frase signa a la escuela: Ustedes son maestros, y ese respeto por la profesión se siente en las aulas y en la propia vida de los muchachos que se convirtieron en mejores personas. Fue una prueba de fuego de la que salieron fortalecidos".

Y a la abuela Silvia Reyes le parece que vuelven los días con olor a tiza y a libretas releídas: "Yo pensé que conmigo acababa el gusto por la escuela, porque Martha estudió Lengua Inglesa. Cuando mis nietas tengan esta edad, recordarán su paso como algo muy importante y cuando en la calle vean a hombres y mujeres que las recuerdan de sus pasos por las aulas, será una emoción muy fuerte".

Lo ha dicho el Comandante en Jefe muchas veces, y a Martha en particular el día de la segunda graduación, cuando ella se le acercó por breves minutos: el apoyo de la familia es fundamental para los programas que hoy lleva adelante la Revolución. Sin esa fuerza poderosa que es el núcleo que gesta y fructifica, la obra estaría inacabada.

Septiembre ya casi tocando las puertas y el ajetreo de preparar uniformes y mochilas para que todo esté a punto el día inicial, es la próxima meta de estas hermanas que decidieron que si la naturaleza las premió naciendo el mismo día, ellas también harían lo suyo descubriendo caminos juntas y, además de maestras durante cinco años, estudiarán la carrera de Comunicación Social.

Para Lisette, el nuevo curso le viene con dos retos: iniciar los estudios universitarios, y comenzar a impartir clases a niños de tercer grado en la escuela primaria Nicolás Estévanez, de Plaza: "La misma en la que estudié y en la que estuve seis meses de práctica con la tutora Nancy Duanes. Esa experiencia fue excelente y, al final, los padres me pedían que siguiera con sus hijos. Creo que no hice mal papel".

Para Ivette, graduada del segundo curso emergente, será la primera vez que enfrente un aula, pero está segura de la ayuda de Alicia González, su tutora de la escuela Unión Internacional de Estudiantes.

Vuelvo la mirada a Martha y hablamos de que unos 4 000 jóvenes tendrán a partir del próximo mes las mismas posibilidades que sus jimaguas. Le pregunto qué mensaje pudiera dar a las familias de esos muchachos. Entonces, escueta y rotunda, afirma: "Que no frenen a sus hijos para que estudien magisterio".

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