 Arte en la comunidad Poética de una Selva Andrés D. Abréu Cuando usted llega al taller de El Duque, lo reciben unos versos pirograbados e inmediatamente le invitan a pasar. Usted olvida el calor del asfalto porque debajo de sus pies solo hay tierra y raeduras de palo. El sol no alcanza el techo. Mangos, aguacates, mamoncillos y mameyes cuidan la brisa. Antes de inventarle un asiento de madera, le brinda un poquito de vino, ya sea de arroz, de ciruelas o de hojas de guayaba. El Duque conversa y trabaja. Sus manos van rebeldes sobre el tronco y descubren criaturas tan sensibles como su alma.
"Antes de hacer escultura, ya hacía vino; lo brindo como otros brindan el café. Primero me bebí la naturaleza, trabajé su savia, por eso la respeto tanto. Cuando trabajo sobre ella me gusta cuidar su textura y su forma. En la calle 54 y avenida Primera, en Varadero, tuve la oportunidad de realizar una obra ambiental importante. Trabajé sobre un árbol vivo. Disfruto revelar mi arte sobre cada madera. Utilizo sus vetas y hasta sus imperfecciones. No me gusta abusar del brillo, como en esta pieza que pidió que no la puliera más".
El Duque dialoga con el júcaro, la caoba y el jiquí. Los troncos le devuelven voces que le piden escarbar. Así van brotando figuras en busca del aire, donde se hace entendible su expresión.
Aldeas y tribus barrocas; el indio y el negro en la serenidad de la meditación o concatenados en el ascenso de un grito; mujeres desnudas, limpias de provocación; y la vejez como alegoría al depósito del conocimiento y la nostalgia, son temas sostenidos durante quince años de trabajo.
"Un día vi un bajorrelieve en una artesanía y me pareció que aquello yo también podía hacerlo. Así comencé a tallar, luego me vinculé a la ACAA y a la Asociación Hermanos Saíz. Mi escuela han sido los libros, los conocimientos trasmitidos por amigos como Gallardo y Menencia y los encuentros y exposiciones nacionales en que he participado. También el acercamiento a escultores como Emilio Mora y Rolando Ojeda me ayudó mucho."
Obras como No necesito ojos y La diosa, los cuatros Juanes y yo, muestran un ascenso en cuanto a trazo y movimiento de las líneas. Lo mismo ocurre con el pensamiento espacial de este artista, que se enfrenta al debate de la incorporación de nuevos conceptos y el cuidado de un estilo primitivista, muy personal.
La obra de El Duque, por su respeto a la imagen de las culturas raíces, asombra dentro del ámbito contemporáneo de la talla escultórica cubana, tan contaminada por determinadas corrientes comerciales.
El trabajo de este artista forma parte del movimiento plástico periqueño, donde desarrollan su obra figuras jóvenes reconocidas en el grabado y la pintura como William Hernández y Omar Torres.
Para El Duque la continuidad cultural de esta manifestación debe garantizarse. En coordinación con la Casa de la Cultura y la Galería Municipal, acoge en su taller a un grupo de niños y adolescentes de la comunidad que ya descubre tallos de su selva.
"Me gusta enseñar, les exijo disciplina y esfuerzo, pero les permito libertad para que descubran sus inquietudes y posibilidades."
|