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40 años después

Espejo de los tiempos

Fundador de la UNEAC, Harold Gramatges, Premio Iberoamericano de Música, afirma ser "tatarabuelo de quienes llevan ahora la antorcha"

Antonio Paneque Brizuela

    JORGE OLLER

Parece cosa de magia cómo las artes pueden retratar el alma de los tiempos, proyectar hacia el futuro sus ideas, incluidas las políticas y filosóficas y, además, constituirse en organización, como ha ocurrido con la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, fundada el 22 de agosto de 1961, institución de universalidad conjugada en verbo presente. Unidad es también pensar diverso en pos de un mismo objetivo, parece haber sido la divisa recurrente desde entonces.

Curioso y casi excepcional testigo de su aparición como también de otros hitos culturales, Harold Gramatges, uno de los líderes fundadores de la UNEAC, ofrece su versión de la época que estamos viviendo dentro del accionar de esa institución.

"Hemos tenido un privilegio: la existencia en sí de esta Unión —dice a propósito de cumplirse hoy, 22 de agosto, el cumpleaños número 40 de la organización. En otros países, los creadores se agrupan por especialidades y aquí todos tenemos este espacio para discutir, entendernos, realizarnos, no con un interés individual, sino en vinculación con todo lo que hacen los demás artistas.

"Nuestra Unión ha vivido momentos de toda índole, también sus crisis, naturalmente, pero cuando miramos esas inevitables piedras en el camino, nos percatamos de que sin ellas no estaríamos seguros de dónde estamos hoy, ni de lo que estamos logrando en estos momentos.

"Siempre se abre un poco de espacio, con razón o sin ella, a los momentos no felices, pero, si pensamos dialécticamente, las cosas vivas tienen que ser así. El hombre ríe y llora, disfruta y se frustra. Y si no saliera de esa frustración, del hecho equívoco, no entendería realmente qué sucede con la solución de ese problema. Así es como yo veo la existencia de la UNEAC".

Hombre que en septiembre próximo cumplirá sus 83 años, dice haber vivido "día a día" la existencia de esa institución sobre cuyo primer presidente, Nicolás Guillén, considera que "era la figura indiscutible para presidir esta institución" y, en cuanto al actual, Carlos Martí, recuerda que "lo cargué en mis brazos cuando era un bebé", Gramatges se declara "abuelo, casi tatarabuelo de la gente que tiene hoy la antorcha en la mano".

Actual presidente de la Asociación de Música de la UNEAC, primera persona en América y única en Cuba en recibir el Premio Iberoamericano de Música Tomás Luis de Victoria (1996), Gramatges se aventura a un balance de estos 40 años de UNEAC, con ese aire de refinada modestia que lo caracteriza.

"En primer lugar ha estado el afán de nuestra institución por cultivar al pueblo. Cuando digo cultivar ahí está incluido todo lo que tiene que ver no solamente con el arte, sino también con la ideología, con la conciencia y cuando digo conciencia estoy pensando, en conciencia revolucionaria.

"La información del mundo en que vivimos ha sido otro paso. País que tenga más cultura política, desde la Revolución en su comienzo hasta hoy, no lo hay en ninguna parte. Y por supuesto, está lo que se ha avanzado en la cultura, el conocimiento general de las artes, del mundo científico. Todo esto que se va ganando día a día y nos lleva a ese gran programa en que estamos empeñados."

Gramatges, quien presidió durante años la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, explica cómo surgió y funcionó "como uno de los antecedentes muy notables de la actual UNEAC", con una estructura similar a la de ella, sobre la base de secciones, como se llamaban entonces: de cine, de música, de artes plásticas, de danza. Lo único que se le añadió fue la de radio y televisión, pues en aquella época no existía.

"Hoy podemos afirmar que la UNEAC ha cumplido con absoluta fidelidad los sueños y esperanzas de viejas y nuevas épocas".

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