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La página oscura

ROLANDO PEREZ BETANCOURT

Los papeles mal presillados.

Ese fue un tema que durante años estuvo dándome vueltas en la cabeza.

Decenas de papeles llegados todos los días a la redacción cultural, conteniendo notas de prensa, presillados como si fueran soldados medievales a punto de partir a las Cruzadas, papeles con tantos agarres metálicos, o tan mal colocados estos, que al abrirlos se deshacían en un lamento ripioso.

¿No se dará cuenta quien esto presilla que con tanto lastre lo que hace es hundir su envío?, me preguntaba entonces y contenía los deseos de saltar ante el teclado y martillar sobre el asunto.

Nunca lo hice y con el caer de los almanaques y el avance de las computadoras y el correo electrónico, las notas de prensa en papel se han hecho cada vez más una rara avis.

Hoy no tiene sentido hablar de las presillas, pero sí de las páginas oscuras, ese atentado a la lectura y a la buena salud de los ojos.

Las páginas oscuras han ganado terreno en los últimos tiempos y ya se convierten en epidemia. Son hijas de diseñadores de revistas que, entusiasmados ante las posibilidades ofrecidas por la computación, olvidan que por encima de las formas equilibradas, los contrastes y la posible belleza integral del emplane, se encuentra la necesidad de ¡PODER LEER! lo que se nos ofrece.

La proliferación más reciente de revistas publicadas en el país permite apreciar hasta qué punto se ha convertido en una moda nefasta ese poner páginas en negativo, fondo oscuro y letras, que a veces son letricas, en blanco, sin sopesar primero cómo podrá resultar la calidad de la impresión.

Como si fuera poco, no faltan ilustraciones sobre la mancillada superficie, una verdadera "conspiración estética" para que el interés de nuestra lectura, tras pasar una página normal de la revista, sufra un choque emotivo al encontrarse frente a la absurda propuesta tipográfica.

En ella se ve cualquier cosa, menos lo que se tiene que ver.

Y al igual que en los tiempos azarosos de la invasión de presillas (aquel pobre tema), cabe preguntarse, ahora con más razón debido al alcance y proporciones del hecho: ¿No se dará cuenta quien diseña, que con tanto lastre de página oscura lo que hace es poner a pique su entrega?

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