 América Latina y el Caribe Revisando los pronósticos a la baja JOSE ANGEL PEREZ GARCIA
Investigador del CIEM A pesar de que en el 2000, el pronóstico de algunas instituciones financieras internacionales como la CEPAL, el FMI y el Banco Mundial coincidían en que el crecimiento de la economía de América Latina y el Caribe para el 2001 sería del orden del 3,8 %
—un resultado que de concretarse permitiría dar continuidad al ciclo expansivo que a su juicio se inició en ese año— en la medida en que ha avanzado el año en curso este pronóstico ha sido revisado a la baja varias veces por estas y otras fuentes.
Este pronóstico de crecimiento se basaba en la contribución que deberían hacer al buen desempeño de la economía latinoamericana y caribeña un conjunto de factores entre los que podrían enumerarse los siguientes:
—Que el ritmo de crecimiento de la economía mundial fuera del 3,6%.
—Que persistiera la tendencia a la recuperación de los precios de algunos de los productos básicos más importantes que constituyen renglones de exportación de Latinoamérica y el Caribe.
—Una disminución de los precios del petróleo.
—La reanudación del crecimiento en Europa y la recuperación de las economías asiáticas.
—Que la economía de Estados Unidos de América creciera alrededor del 3,5%.
Sin embargo, en el segundo trimestre del 2001 la CEPAL revisó el pronóstico que había emitido a finales del año 2000, situando el nuevo estimado de crecimiento en 3,0%.
Esto se explica por el no cumplimiento de las condicionantes del crecimiento que se habían preestablecido y en su lugar, lo que ha estado produciéndose es un acelerado deterioro del entorno económico internacional que aunque ya se vislumbraba desde finales del año pasado, se ha hecho evidente en el 2001 y está determinado básicamente, por la desaceleración de la economía de Estados Unidos de América.
Lejos de disiparse, la amenaza de desaceleración de la economía de Estados Unidos, pende hoy como una
"espada de Damocles" sobre la economía mundial. Este país lleva cuatro trimestres consecutivos decreciendo y en el segundo trimestre del 2001 reportó una tasa de crecimiento de solo 0,7%. De continuar esta tendencia se estima que la tasa de crecimiento de Estados Unidos para el actual año oscile entre 1,5% y 2,0%, lo cual representa una pérdida de casi dos puntos porcentuales en relación con el crecimiento reportado en 1999 que fue del 4,2 %.
A juzgar por la importancia de la economía de Estados Unidos en el comportamiento de la economía mundial se espera que al cierre del año, esta podría reducirse en cerca del 2,5%. Los problemas económicos de Estados Unidos deprimirán la demanda interna en este país por cuyo concepto, es muy probable, que se contraigan las importaciones que el mismo hace en los distintos mercados del mundo.
Es por esto que el impacto de la caída de la economía estadounidense en América Latina y el Caribe, se hace sentir directa e indirectamente por la vía de la contracción de las exportaciones latinoamericanas y caribeñas hacia el mercado americano, y probablemente europeo, así como por el deterioro de los precios de algunos de los más importantes productos de exportación de estos países entre los que se encuentran el café, el níquel y otros minerales.
En febrero de este año las importaciones de Estados Unidos procedentes de los países latinoamericanos y caribeños se habían deprimido en relación con el año anterior. Para el caso de México la caída fue del
—0,7%, las que procedían de la cuenca del Caribe y Centroamérica se deprimieron en
—0,1% y —10,1% respectivamente, al tiempo que las compras realizadas en Sudamérica habían bajado en
—7,4%.
Las consecuencias de estos problemas son de tal magnitud que en julio del presente año The Economist Intelligence Unit
—una fuente seria en materia de pronósticos— modificó sustancialmente las previsiones de la CEPAL señalando que la región crecerá en el 2001 alrededor del 2,1%.
Para el caso de Latinoamérica y el Caribe esto significa un serio impacto, ya que México, por ejemplo, depende en un 90% de sus exportaciones hacia el mercado norteamericano, Centroamérica y el Caribe lo hacen en alrededor de un 40%.
Los países de la Comunidad Andina de Naciones también dependen del mercado americano en cerca de un 40%, siendo la región de MERCOSUR la que presenta una menor dependencia del mismo, toda vez que los países de este bloque de integración subregional realizan en Estados Unidos como promedio el 15% de sus exportaciones.
Aunque se espera que el comportamiento del PIB difiera en alguna medida entre los países y entre las distintas subregiones, no hay duda de que aquellos que presentan un nivel más alto de inserción comercial y/o financiera con Estados Unidos (México, Colombia, Centroamérica y algunos países del Caribe, etc.) sean los que tengan que enfrentar una situación más compleja.
Sin embargo, otros como Argentina cuyo comercio con el mercado americano es menos significativo que el de México, se encuentran en una grave coyuntura de crisis económica. Chile también crecerá por debajo de los resultados registrados en el 2000 y República Dominicana, que reportó altas tasas de crecimiento
—sobre todo durante la segunda mitad del decenio de los 90— entrará en un período de desaceleración aunque se prevé que aun así, crezca en este año por encima de la media de América Latina.
El impacto inmediato de la crisis argentina se deja sentir con toda fuerza en Uruguay y Paraguay, dos países cuyos pronósticos de crecimiento son de alrededor de 1,0% y 1,5%, respectivamente.
En Brasil se estima que la economía continúe con el dinamismo que registró en el 2000 aunque ahora los estimados son algo más moderados en comparación con los que se emitieron en diciembre de ese año. La industria manufacturera deberá crecer entre el 4,5% y el 5,0%. En el sector agrícola se espera una buena cosecha, al tiempo que entre los servicios se destacan la expansión que tiene lugar en las comunicaciones y el transporte.
Sin embargo, la gravedad de la crisis argentina, y el peligro real de reeditar un
"efecto contagio" en Brasil, junto a la intensa sequía, el déficit energético en el gigante sudamericano y el deterioro de los precios del café, entre otros factores adversos, pueden dar al traste con el pronóstico de crecimiento de esta nación sudamericana estimado en alrededor del 4 %.
Pero aun cuando se lograra esta tasa de crecimiento, la caída de la economía en la mayoría de los países latinoamericanos y caribeños es de tal magnitud que ni con un buen crecimiento de la economía brasileña, el balance global de América Latina y el Caribe podrá evadir los impactos de la desaceleración.
El ritmo de expansión del comercio escenificado en el 2000 se reducirá en casi la mitad en el 2001. El crecimiento de las exportaciones totales se estima en 5% frente al 9% del pasado año, al tiempo que las importaciones también caerán del 13,5% al 7%. Con esto el saldo de la balanza comercial será deficitario en unos 17 000 millones de dólares.
Esto influye decisivamente en el estado de la cuenta corriente cuyo déficit crónico podría bordear la cifra de 55 399 millones de dólares y como se estima que la entrada de capitales también se deprimirá, no será posible compensar por esta vía el déficit corriente de la balanza de pagos.
En esta coyuntura, muchos países tendrán que recurrir de nuevo al endeudamiento externo para tratar de saldar sus compromisos financieros internacionales por cuyo concepto, la deuda externa en el 2001 se expandirá en comparación con el año 2000, y podría llegar según estimados del FMI, hasta los 780 000 millones de dólares.
Esto es una evidencia de la disfuncionalidad del neoliberalismo desde el punto de vista económico toda vez que la fragilidad del crecimiento (cuando lo ha logrado) y la vulnerabilidad de los países latinoamericanos ante el impacto de las crisis internacionales, ha hecho sal y agua las metas de estabilidad macroeconómica propuestas por el modelo. Solo una parece haberse alcanzado: la contención de la hiperinflación. Las demás brillan por su ausencia.
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