 Predicción para los niños de las fotos FELIX LOPEZ Ni el más fervoroso creyente volvería a sentarse frente a la misma gitana que ya lo engañó una vez con sus cartas. A los lectores nos ocurre lo mismo. Rara vez volvemos sobre un autor que no supo atraparnos en el primer libro que le leímos. Y mucho menos si se trata de una mezcla de las dos cosas. Brujería y literatura no siempre son incompatibles.
Para predecir a través de la escritura, hace falta ingenio, pero también responsabilidad histórica y seriedad intelectual. A los falsos brujos suele ocurrirle lo que a Andrés Oppenheimer, convertido en
"profeta" de los sectores anticubanos más reaccionarios de Miami, y ahora condenado a la mirada desconfiada de medio mundo, luego de que sus profecías sobre La hora final de Castro se convirtieran en el hazme reír de los '90.
Después de aquel libro-oráculo, parecía que Oppenheimer había aprendido la lección. Pero no. El hombre ha vuelto sobre las cartas. Y ha titulado Ojos Vendados un libro que (por el tema propuesto) solo puede escribirse sin vendajes: la corrupción existente en Latinoamérica... Claro, caminar ese
"bulevar" con los ojos cerrados justifica omisiones imperdonables.
No hace falta una bola de cristal para saber quiénes se han enriquecido con contratos leoninos, licitaciones amañadas, sobornos, tráfico de influencias y el saqueo de las arcas del Estado. Mucho menos para descifrar quiénes abrieron las cajas fuertes de América Latina a las instituciones financieras internacionales y especialmente a las grandes corporaciones norteamericanas.
En el citado texto, los responsables de estos hechos son calificados como cómplices correlativos, cuando en realidad deberían ser reconocidos como copatrocinadores del robo, o ladrones, o capos... En sus manos, desde el río Bravo a la Patagonia, hasta la esperanza está en liquidación. Los gobiernos claman por capitales foráneos, y estos últimos se mezclan con los narcodólares, y se blanquea el crimen...
Para Oppenheimer, la procesión de personajes corruptos, muchos de los cuales estuvieron al servicio del gobierno norteamericano y luego pararon en la cárcel, se limita a Nicolás di Tullio, agente del Citibank en Argentina, que lavó inmensas fortunas en ese banco; o su correligionario Palito Ortega, cantante y mafioso; y la lista incompleta (¿desconocimiento o precaución?) termina en Vladimiro Montesinos y Carlos Menem.
Salta a los ojos del más descuidado observador la ausencia de muchos otros que un día fueron protegidos por Estados Unidos y estuvieron al servicio de la banca internacional con la única consigna de empobrecer al continente. Y nada se dice de los mafiosos que en el Norte se han quedado con la mayor tajada.
Sobre todo en Miami, donde hombres como Mas Canosa se codeó con más de un corrupto latinoamericano y supo sacarles el sumo, por ejemplo, a la telefonía y la televisión por cable de la Argentina.
El tema de combatir la corrupción se ha convertido en cantaleta y bandera de muchos candidatos a la presidencia en Latinoamérica. De eso no se dice una sola palabra en Ojos Vendados. Sin embargo, los pueblos aprendieron a desconfiar de ese discurso, sobre todo si viene acompañado del apoyo
"incondicional" del gobierno de Estados Unidos. Ese que, a corto o largo plazo, pasará la factura.
En esencia, el más reciente oráculo del adivinador Oppenheimer, aunque no anuncia que ha llegado la hora final de la corrupción, deja entrever algo que espanta: los indios seguirán siendo indios, los pobres serán más pobres, los gobiernos tendrán más dinero... Las causas de que existan niños como los de estas fotos, según el
"adivinador" y los corruptos, es cosa del destino.
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