 La rebelión de un arroyo Inundaciones de los últimos años en Yaguajay
Juan Antonio Borrego YAGUAJAY, Sancti Spíritus.—Cuando se escurre manso entre los farallones de El Yigre, el río Máximo no parece más que un tímido arroyo de los tantos que abundan en la geografía nacional.
Solo en plena primavera conserva una corriente de agua que serpentea, primero las lomas, y después el pueblo; el resto del año parte de su cauce se convierte en un cañadón seco, dibujado con piedras y matorrales típicos del lugar.
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VICENTE BRITO |
Vista del viaducto correspondiente a la carretera Sancti Spíritus-Yaguajay. Así fue su historia hasta hace unos pocos años, cuando un buen día medio Yaguajay se vio de buenas a primeras navegando en un mar de agua dulce que nadie esperaba. Los primeros pobladores se asentaron allí desde el ya lejano 1873 y, que se tenga noticias, nunca antes se había registrado nada igual.
La gente se sorprendió más todavía porque las lluvias que provocaron la crecida no fueron tan descomunales, algunos creyeron en el rumor de un embalse desbordado y los "sabios del pueblo" atribuyeron el fenómeno a cambios en el escurrimiento del sistema montañoso cercano.
Con el paso del tiempo la tragedia se repetía, las hipótesis eran desechadas y la situación se hacía irresistible tanto para las más de 4 000 personas que se perjudicaban sistemáticamente, como para las autoridades que debían enfrentar cada año cuantiosos daños a la economía local.
LAS CAUSAS DEL MAL El ingeniero René Sánchez, quien recuerda todavía sus andanzas de muchacho travieso por estos predios, es ahora el contratista de los trabajos de drenaje que se realizan en la
periferia de la cabecera municipal, los cuales, según él, constituyen la opción más segura para enfrentar dichas contingencias.
Inundaciones como esta ocurren en Yaguajay desde hace varios años. La foto muestra la correspondiente al 16 de octubre de 1999.
A su juicio la principal razón para que el Máximo tenga un comportamiento tan anormal en la actualidad es la incorrecta urbanización del sector sur del pueblo, donde se ubicaron varias obras de fábrica que no se corresponden con el gasto de agua del río en momentos de crecida.
A ello habría que añadir que en los últimos años el cauce dejó de limpiarse y por ende la basura, la tierra, los platanales y demás han hecho de las suyas, sin restar "mérito" a las represas, diques y otras modificaciones realizadas aguas afuera para favorecer los regadíos de las producciones agrícolas, que indudablemente entorpecen el curso normal de la corriente.
De esta forma Yaguajay se convierte en un gran estanque que asimila mucha más agua de la que realmente puede evacuar, lo cual obviamente produce molestas inundaciones en parte de los consejos populares de La Loma, Sansariq y Victoria.
UNA INVERSION COMPLICADA A más de tres millones y medio de pesos asciende la inversión que ahora ejecutan fuerzas del Ministerio de la Construcción con la rectoría del Instituto de Recursos Hidráulicos y la cooperación de la Comunidad Europea, para desviar parte del río, que desde su nacimiento, en las faldas de la
Cordillera Norte de Las Villas, hasta su desembocadura en el mar, recorre 7,8 kilómetros.
"En un inicio —reconoce Rafael Reyes, presidente del Poder Popular en el municipio— pensamos que se trataba de una obra más sencilla, pero la práctica ha demostrado todo lo contrario: resulta un proyecto complejo, que además requiere de cuantiosos recursos".
Los trabajos como tal consisten en la construcción de un estanque amortiguador en las afueras del pueblo que retiene la fuerza de la crecida en su descenso desde el lomerío y el posterior desvío de esta de su cauce tradicional mediante un canal de cuatro kilómetros y medio y un dique paralelo, todo lo cual evita las inundaciones del sector urbano.
Dicho así la solución pudiera parecer fácil, pero se trata de una zona sumamente baja, donde además es preciso
interceptar las carreteras Yaguajay-Sancti Spíritus y el Circuito Norte con sendos puentes, así como la ejecución de otros dos viaductos en cruces con el ferrocarril.
René Sánchez considera que en total será preciso fundir más de 500 metros cúbicos de hormigón in situ, mover más de
500 000 de tierra y colocar en los puentes cerca de 200 cajones prefabricados de diferentes proporciones, muchos de los cuales ya han sido ubicados.
En estos momentos la ejecución general se estima en más de un 70 por ciento y las fuerzas de la ECOI-30, responsabilizadas con la obra
—algo más de 150 hombres con sus respectivos equipos—, en aras de evadir los tradicionales temporales de octubre, tienen el compromiso de adelantar la terminación para finales de septiembre, si el tiempo continúa siendo benévolo.
Por ahora Yaguajay entero está expectante por los resultados del proyecto, mientras el río Máximo, como todo un símbolo de rebelión, permanece seco gracias a una primavera sin agua que mucho agradecen los pobladores de esta parte del país.
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