Combate de Loma de Hierro

Ensayo victorioso de la artillería mambisa

PEDRO A. GARCIA

Todavía a mediados de 1896 la rica zona de cultivo entre Gibara y Holguín permanecía intacta y rendía buenos dividendos a la economía del Estado español. Máximo Gómez consideraba un error estratégico la negligencia de las fuerzas mambisas al no destruir esas áreas agrícolas. La presencia del dominicano junto con Calixto García pretendía enmendar ese desacierto.

Entre julio y agosto, los insurrectos ocasionaron grandes destrozos en la zona. Pero ambos generales querían "ejecutar una maniobra ejemplar que le sirviera al enemigo (...) de recordación perenne de que la Revolución entraba en un período de actividad", al decir del cronista y oficial mambí Aníbal Escalante Beatón. De ahí que planearan también el asalto al fortín de Loma de Hierro.

Primeramente, enviaron a Mariano Torres a operar contra Banes; y a Mariano Sánchez a destruir la vía férrea en las cercanías de Gibara. Se obstruía así el traslado de tropas al enemigo. La infantería de los generales Jesús Rabí y Agustín Cebreco dejaron inservibles otros ramales ferroviarios. La caballería de Cutiño Zamora, tras desvalijarlos, destruyó los sembradíos mediante el fuego.

A la medianoche del 20 de agosto, Gómez junto con Mariano Torres y su tropa, triunfantes de su misión en Banes, marcharon hacia la ciudad de Holguín para hostigarla e impedir la salida de refuerzos. Calixto y su destacamento acamparon en los alrededores de Loma de Hierro. En una elevación cercana, destacaron un flamante cañón Hotchkiss. Dirigía la pieza el general Enrique Collazo.

ASALTO AL FORTIN

En Loma de Hierro, a 3 kilómetros del poblado de Aura, estaba enclavado el fortín No.18, también conocido como San Marcos. Pertenecía a un sistema de fortines y poblados fortificados que defendían esta fértil zona agrícola y el ferrocarril Holguín-Gibara. Lo custodiaba una guarnición de unos 20 efectivos, incluyendo a un oficial.

Relataba Escalante Beatón que cuando el reloj del General García marcó las ocho de la mañana, "dio la orden a la artillería de que disparase el primer cañonazo, el cual dio en el blanco con una precisión absoluta. El ataque había comenzado en medio de un silencio sepulcral y al ruido de la detonación el júbilo se hizo general entre los atacantes".

Para los mambises, el uso de la artillería causaba verdadera sorpresa. "Por eso, aquellos estruendosos disparos del cañón nos pareció más bien obra del enemigo que de nosotros mismos. Mientras la artillería cumplía a la perfección su tremendo papel de aniquilar a la guarnición enemiga dentro de su reducto, la infantería de Cambute no cesaba un momento de tirotear el fuerte hasta hacer imposible toda resistencia".

Amparados en la manigua que abundaba en el lugar, el General Cebreco y sus infantes avanzaban sobre el objetivo. En menos de un cuarto de hora —narraría Escalante Beatón—, después de haberse hecho una docena de disparos por el cañón, el fuego se había generalizado que aquello parecía un infierno en miniatura.

Al filo de la diez de la mañana, Calixto ordenó a Jesús Rabí lanzarse al asalto con su vanguardia. "La acometida de Jesús Rabí y su infantería fue tan violenta que los sitiados, antes de verse aniquilados dentro del fuerte por los asaltantes, resolvieron abandonarlo". Los integristas lograron refugiarse en los matorrales aledaños y por ahí escaparon hacia un fortín cercano.

Cuando el General Rabí y su avanzada penetraron en el fortín, hallaron un cadáver y dos heridos de gravedad. Los médicos mambises rápidamente auxiliaron a los dos españoles: uno de ellos falleció a pesar de todos los esfuerzos; al otro se le logró salvar la vida.

Según Escalante Beatón, los cubanos acopiaron dentro de la fortificación 6 rifles, 20 cajas de municiones para fusiles Remington, cinco cajas de balas para Mauser (otras fuentes mambisas mencionaban 5 000 proyectiles), aparte de todas la vituallas almacenadas.

RAZONES PARA UN ATAQUE

Algunos historiadores del otro lado del Atlántico han minimizado la victoria mambisa en Loma de Hierro y aducen que no tenía importancia estratégica alguna ni era necesario atacarlo para destruir las líneas férreas y la zona de cultivo. Olvidan así el superobjetivo de la operación: adiestrar la artillería mambisa, para la que se reservaban importantes misiones, y demostrarle al campo insurrecto el potencial de esta arma.

Demos la palabra a Escalante Beatón, quien como ayudante de campo del General Calixto, es un testigo excepcional: "La operación sirvió para demostrar la eficiencia de la artillería cuando su manejo se les encomienda a hombres de verdadera capacidad técnica. Como había sido la primera vez que se hubiera empleado el cañón en la guerra (del 95), la alegría no tuvo límite cuando se comprobó el resultado efectivo de dicha arma y lo que de ella podía esperarse en el futuro".

Premonitoria visión la de Calixto García: ya preveía futuros éxitos y victorias de la artillería mambisa: Guáimaro, Tunas, Guisa...

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