 El Golfo, polígono del Complejo Militar Industrial MIGUEL ANGEL UNTORIA Los sistemas de armamentos no surgen de manera imprevista o como resultado de un gran descubrimiento. No surgen de la imaginación de un inventor trasnochado. Son el resultado lógico de profundas investigaciones y experimentos realizados por científicos e ingenieros de todas las ramas del saber, en los que se invierten recursos económicos incalculables.
Procedente del portaaviones Harry S. Truman este avión de combate F/A-18 Hornet sobrevuela el sur de Iraq.
En el caso particular de los Estados Unidos, estos recursos son asignados al presupuesto del Pentágono en una categoría denominada Investigación y Desarrollo, Pruebas y Evaluación (RDT&E por sus siglas en inglés) y que ha consumido en los últimos años casi el 15 por ciento de los gastos de defensa de ese país.
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Bombardeos de Estados Unidos y Gran Bretaña causan muertos al norte de Iraq. Por ejemplo, para el año fiscal 2000 asignaron 38 700 millones de dólares de un presupuesto total ascendente a 287 400 millones de dólares. Para el 2001, las cifras fueron 40 800 millones de un total de 296 300 millones y para el año fiscal 2002, destinaron 47 400 millones de los 328 900 que conforman el presupuesto.
Una vez diseñados y creados los prototipos iniciales, son sometidos a diferentes pruebas y evaluaciones en las condiciones lo más cercanas posible al combate real, para determinar su comportamiento y si fuese necesario, las modificaciones que les serán realizadas.
Estas pruebas no solo están encaminadas a determinar los parámetros y la efectividad de las armas creadas. También pretenden precisar los efectos que causarán en las fuerzas vivas, el armamento, la técnica de combate y las construcciones del adversario. Aspectos estos que en realidad solo pueden comprobarse durante las acciones combativas, a un alto costo para ambos contendientes.
Para la Investigación y Desarrollo de los nuevos sistemas de armamentos, el Pentágono asigna contratos a las empresas que forman parte del Complejo Militar Industrial y que realizan las investigaciones y experimentos con fondos de los contribuyentes.
Como no siempre hay guerra, esta se sustituye por los polígonos de prueba en los cuales tratan de crear las condiciones más reales posibles. En este sentido, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha logrado crear una variante intermedia, que consiste en inventar una zona de acciones combativas, sin que el Congreso o el Presidente declaren la guerra oficialmente a ninguna nación.
Esto es lo que existe en la actualidad en el Golfo Arábigo Pérsico, un inmenso polígono donde el Complejo Militar Industrial y el Pentágono ponen a prueba los sistemas de armamentos existentes para perfeccionarlos, estén en el inventario de las unidades o en proceso de desarrollo.
Así los aviones procedentes del Grupo de Portaaviones de Choque que se encuentra en la región, se entrenan en el despegue y aterrizaje, en misiones de reconocimiento y bombardeo, en lanzamiento de misiles, en la lucha radioelectrónica, y en otros muchos aspectos de la guerra moderna.
En consecuencia penetran a territorio iraquí aviones sin piloto y aviones tripulados para cumplir misiones de destrucción y aniquilamiento de los medios de defensa antiaérea de ese país, aunque en realidad las bombas y cohetes escogen también blancos civiles e instalaciones no militares.
De igual forma, medios navales estadounidenses buscan e interceptan buques mercantes que navegan en la zona, bajo el pretexto de que violan las sanciones establecidas a ese país.
Resultaría interminable narrar aquí todas las acciones bélicas que realizan las fuerzas estadounidenses desplegadas en el Golfo, en una guerra no declarada.
Los muertos, los heridos y las pérdidas los pone el pueblo iraquí, mientras las ganancias por la venta y el perfeccionamiento de sus sistemas de armamento van a engrosar las arcas del Complejo Militar Industrial.
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