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William Vargas

Contra viento y marea, otra vez sobre la plataforma

Coto Wong

Los huérfanos mentales que en ocasiones la vida pone en el camino de los hombres, apostaron mal en 1999 cuando quisieron ver al pesista cubano William Vargas fuera de los gimnasios, cargando a contrapelo el fardo pesado de la injusticia, y aunque los días siguientes se encargaron de echar por tierra aquellos infelices argumentos, para el destacado atleta el tajo en la piel ha sido grande e inolvidable.

RICARDO LOPEZ     

Junto a su entrenador 
Javier Pérez, a quien William cataloga como a un padre. Una relación de 15 años que va más allá de los gimnasios.

"Fue muy duro y en estos dos años no he dejado de pensar en ello ni un solo día. Me sentí realmente deprimido. Me acusaron de algo que estuvo, está y estará, muy lejos de los principios con los que enfrento la vida", señaló a Granma con motivo de cumplirse en estos días la sanción de dos años de suspensión de cualquier tipo de competencia, impuesta por la Federación Internacional como resultado de los bochornosos hechos ocurridos durante los Juegos Panamericanos de Winnipeg-99, donde junto a sus compañeros de equipo, Modesto Sánchez y Rolando Delgado, y el Príncipe de las Alturas, Javier Sotomayor, fue "castigado" por dopaje, luego de dar "positivo" a la prueba realizada, según la Comisión Médica de la ODEPA.

"Tuve momentos en que no sabía lo que iba a ser mi vida deportiva. No deseaba nada. Pensé en todo. En dejar de entrenar, dejar el deporte. Estaba dolido e indignado porque fui sancionado por un delito que no cometí y eso me afectó bastante.

"No esperaba esto de la vida. Soy una gente clara, que siempre he hecho las cosas como deben ser para no tener ningún tipo de problema. Fue una situación engorrosa que me dejó un peso grande en mis espaldas".

No hubo mejor testigo que un día tras otro. William arrinconó la soberbia, su rabia bien sentida y subió nuevamente a la plataforma. Su meta inmediata no tuvo otro derrotero: entrenar. Así se ha mantenido durante estos dos años en el CEAR Cerro Pelado, cuartel general de la selección nacional de levantamiento de pesas. La perseverancia le ha dotado de un nuevo vigor: volver a los planos estelares tanto local como internacional. Y dos años sin competir en cualquier nivel pesan mucho.

"Sé que ahora enfrentaré un nuevo reto, pero trataré de cumplirlo al máximo. Le estoy poniendo tesón a los entrenamientos porque quiero obtener una medalla en el próximo Campeonato Mundial de Turquía, en noviembre de este año. Sé que no será fácil. De momento me siento bien, levantando lo que se me indica, y dentro de los parámetros lógicos para esta etapa".

Sydney '2000 le consolidó el criterio de que no estuvo jamás solo y pudo asistir, en calidad de invitado, a la cita estival como parte de la delegación cubana, "ayudé a mis compañeros todo el tiempo, pero me sentí molesto porque como se comportó la competencia, y de acuerdo a lo que yo estaba levantando, podía haber obtenido una medalla en esos Juegos".

El esfuerzo del Estado cubano por demostrar su inocencia en aquellos días aciagos tuvo su valor inconmensurable "que agradeceré eternamente", dijo. Supo entonces que su batalla, la de sus compañeros, y la del Soto, fueron sinónimo de justicia, de poder de convocatoria del deporte cubano, de sentido de pertenencia a la identidad nacional...

"Sentí cosas muy bonitas, pero sobre todo el apoyo de mi familia, de mis padres, de mi esposa, en cada mirada de mis hijos pequeños, de mi entrenador por más de 15 años, Javier Pérez, que siempre tiene el consejo preciso y a quien me unen lazos muy fuertes de familiaridad; los compañeros de la selección nacional, en fin, de todos".

Desde 1989, William es miembro del equipo nacional y ha sido tres veces campeón centroamericano y en dos ocasiones panamericano, "sin contar la medalla de oro que me quitaron en Winnipeg-99 por lo del dopaje". También ha conquistado preseas de oro, plata y bronce en campeonatos del mundo, y archiva un quinto lugar olímpico. En la actualidad él y Sergio Alvarez integran el dúo más sólido en la pequeña división de los 56 kilogramos.

"Te confieso que en estos días he sentido cierta ansiedad por el cumplimiento de la sanción, pero te puedo asegurar que esta amarga experiencia no la olvidaré jamás.

"En lo adelante no aceptaré ninguna otra prueba de dopaje si no la hacen como es debido. En Winnipeg todo fue muy raro, me dieron el líquido directamente y eso nunca había ocurrido de esa manera, cuando pregunté me dijeron que las pruebas eran así, no quise protestar. Tal vez si lo hubiera hecho nada de esto hubiera pasado".

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