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40 años

Visión provinciana de un Congreso

LUIS SUARDIAZ

En el verano de 1961, Nicolás Guillén, presidente del Comité Gestor del Primer Congreso de Escritores y Artistas de Cuba, llegó a Camagüey con una modesta valija y la encomienda de constituir la Comisión Organizadora de la provincia.

En el verano de 1961 Guillén viajó a Camagüey para dejar conformada la delegación agramontina al Congreso de Escritores y Artistas.

¿Cuál era la situación social de su lar natal? A dos años y medio del triunfo revolucionario la lucha de clases, aunque algunas almas cándidas no lo advirtieran, estaba hasta en la sopa. La Revolución avanzaba sin estruendo, mas no sin obstáculos. La portentosa campaña de alfabetización nos ponía cada día en tensión y los adolescentes se iban a sitios agrestes sin temor a los riesgos, armados de faroles, lápices y cartillas. Pocos meses antes un refugio de terratenientes y ganaderos, la Sociedad Liceo que desde hacía mucho nada tenía que ver con la cultura, había sido intervenida y era la sede precisamente de los organismos culturales. Pronto pasaría a ser la biblioteca Julio Antonio Mella.

En la antigua comarca de pastores y sombreros, ya nada era suave y se marchaba a cabeza descubierta o con boinas milicianas, para satisfacción del poeta. Los viejos músicos populares, rescatados de la miseria y el olvido, volvían al ruedo, el recién formado Conjunto Dramático, bajo la dirección de Pablo Vertbisky, montaba un homenaje singular a García Lorca, a partir de sus propios versos, en el aniversario 25 de su asesinato. Todavía tendrían que pasar algunas décadas para que un grupo de exitosos artistas plásticos le dieran un nuevo color y una forma nueva al paisaje, y ya los instructores de arte llegaban a los campos y serranías con breves dramas y comedias, con propuestas danzarias y canciones y un coro de niños declamaba versos de Guillén, Neruda o Vallejo, y siempre de José Martí.

La formación musical descansaba principalmente en dos profesores extranjeros: Rafols y Aguirre, directores de sendas academias. Jorge González Allué reinaba en su fértil piano, Raúl González de Cascorro se afianzaba en varios géneros y todavía un exquisito lírico de ayer, Elpidio Agramonte, paseaba por calles legendarias.

Los jóvenes literatos integrábamos el grupo Novación Literaria que coordinaba las páginas dominicales del diario Adelante, editaba una revista, disponía de espacios radiales y, solo a veces, de los propios de la televisión local y, sobre todo, junto a un grupo de colegas habaneros, se asomaba en la cotidiana Página Dos de Prensa Libre. Pero muy pocos habíamos publicado libros y como por entonces no se reconocían a relevantes locutores, directores de espacios dramatizados y otros especialistas como artistas, la provincia rica en figuras establecidas en los medios solo estuvo representada por 35 compañeros, en su mayoría músicos, teatristas y escritores.

¿Qué significó para nosotros el Congreso? Es difícil expresarlo con exactitud pues se corre el riesgo de anteponer la experiencia de cuatro décadas a las impresiones de ese momento. Sin embargo, es indudable que la favorable circunstancia de poder dialogar durante el día y la noche con los más reconocidos intelectuales del país, con varios dirigentes políticos encabezados por Fidel, e invitados extranjeros de valía resultaba excitante.

Los debates en plenarias, y sobre todo en comisiones, fueron a veces candentes. Contradicciones, discrepancias, tendencias opuestas ocupaban los mismos escenarios, pero la mayoría ya pensaba que era necesario crear un organismo que fuera capaz de integrar a los principales protagonistas de las diversas formas artísticas y literarias. Y fue así que surgió la UNEAC, presidida por Nicolás Guillén. No era el final del camino, sino un punto de partida en busca de la unión verdadera y de la difícil perfección.

En cada reunión del Comité Nacional de esos primeros años y en las del Consejo que surgió en 1977, así como en cada Congreso y en otros espacios, el debate ha continuado. Ya no son mayoría los fundadores, sino los jóvenes, ya no se trata de un grupo entusiasta radicado en la capital y en las capitales de provincia, sino diverso y localizable en todo el país, y está bien que así sea. Pero los que ayer fuimos jóvenes y tuvimos el privilegio de participar en los trajines de la fundación no podemos ni queremos desterrar las impresiones de aquel decisivo y fecundo 1961.

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