A 50 años de su muerte

Eduardo Chibás y su cruzada contra los monopolios yankis

PEDRO A. GARCIA

El pueblo estaba expectante. En medio de una encendida polémica con el gobierno de Carlos Prío, del cual denunciaba su quehacer corrupto y sus manejos turbios, el senador Eduardo Chibás, líder del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxos (PPC), afirmó tener pruebas de malversación contra el ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango.

Le acusaba de comprar tierras y tener repartos residenciales en Guatemala con el dinero asignado al desayuno escolar y a los materiales docentes. Pruebas muy difíciles de conseguir —apuntó en un editorial de por aquellos días la revista Bohemia—, aun en el caso de que las hubiera. Al no poder cumplir su promesa en la fecha por él señalada, el 5 de agosto de 1951 atentó contra su vida de un pistoletazo, tras leer en su programa radial un vibrante documento que calificó como "el último aldabonazo". Once días después fallecía.

A medio siglo de distancia, la polémica Chibás-Sánchez Arango es capaz de despertar nuevas polémicas. Escuché a muchos veteranos de la Revolución del 30 debatir largamente sobre el tema sin llegar a consenso. Luis Orlando Rodríguez y Enrique de la Osa, por ejemplo, no tenían dudas de la culpabilidad del Ministro de Prío en la malversación. A Salvador Vilaseca, entretanto, oí decir con voz grave: "¿Ves esa maceta de flores? Ahí hay más tierra de la que Aureliano supuestamente tenía en Guatemala".

Para el investigador Ramón Rodríguez Salgado, más importante que desentrañar los misterios, es revelar los verdaderos objetivos de la polémica: Chibás fue víctima de una provocación, en la que cayó por su carácter emocional y apasionado. A la elite de poder norteamericano y sus aliados criollos les interesaba anular al líder ortodoxo y hundirlo en el mayor descrédito.

La prédica de Chibás había ayudado a cimentar una conciencia antimperialista entre los cubanos. Su acción política conspiraba abiertamente contra el status quo semicolonial. Como apuntó una vez Enrique de la Osa, "en la presidencia, era un peligro potencial para los monopolios yankis".

ALGO MAS QUE ANTINJERENCISMO

Partidario de la nacionalización de los servicios públicos y de la expropiación y redistribución de las tierras en manos extranjeras, Chibás devino persona no grata para ciertos grupos yankis de poder económico. A partir de 1947, había comenzado una verdadera cruzada contra esos monopolios radicados en Cuba.

El abusivo aumento de las tarifas eléctricas detonó el enfrentamiento entre Chibás y la mal llamada Compañía Cubana de Electricidad. Como él demostrara, por ese servicio nuestro archipiélago pagaba tres veces más que la ciudad más cara de los Estados Unidos y el doble de cualquier capital de América Latina; le reportaba el 25% de sus ganancias totales en el mundo entero a la Electric Bond and Share, la compañía matriz.

Presentado un recurso contra dicho aumento al Tribunal Supremo, este votó por mayoría a inicios de 1949 a favor del monopolio yanki. Chibás escribió en Bohemia que ciertos magistrados habían "violado la Ley antipatrióticamente, sirviendo los intereses ilegítimos, imperialistas y anticubanos del pulpo eléctrico".

Los magistrados aludidos se querellaron contra el jefe del PPC. Un tribunal lo condenó a 6 meses de cárcel. Confinado al Castillo del Príncipe, convocó al pueblo "a intensificar la lucha contra la Compañía Cubana de Teléfonos y el consorcio de las tres S" (las compañías petroleras Standard Oil, Shell y Sinclair). Desde su celda ganó la batalla: el aumento de las tarifas eléctricas fue revocado; el presidente Prío tuvo que otorgarle el indulto un mes después.

CONTRA WALL STREET

Al mismo tiempo que contendía contra el pulpo eléctrico, Chibás denunciaba el empréstito que el gobierno pretendía concertar con la banca norteamericana. Expresó al respecto: "Lucharemos por impedir que los presentes gobernantes hipotequen de nuevo la república. Estamos al borde de una gran batalla contra las grandes corporaciones imperialistas, batalla que el Partido del Pueblo Cubano librará con entusiasmo y decisión por la independencia económica de nuestra Patria".

Al presidente Prío escribiría: "Sabes bien que los empréstitos constituyen el instrumento de penetración del imperialismo, el arma favorita de la política del dólar, para sojuzgar económicamente a los pueblos de nuestra América (...). Mientras tú marchas por el camino del enriquecimiento (...) sacrificando los intereses de Cuba a los intereses de Wall Street y de su camarilla, yo me mantengo fiel a mis convicciones revolucionarias".

El préstamo fue aprobado por el Senado y la Cámara, dominados por la coalición gubernamental, solo se opusieron a él la bancada ortodoxa y la comunista. El pueblo tomó desquite en las elecciones de 1950, tal vez una de las pocas honestas en la historia de la república neocolonial: el gobierno perdió importantes alcaldías y un escaño de senador por La Habana, conquistado por el propio Chibás.

Una vez reintegrado al Senado, el dirigente ortodoxo viajó a los EE.UU. Lejos de apologetizar al imperio, declaró que de alcanzar la presidencia, nacionalizaría los servicios públicos, de propiedad norteamericana. Sin importarle la histeria macartista que se vivía entonces en Norteamérica, denunció la clausura por el gobierno de Prío del periódico Hoy, órgano de los comunistas cubanos.

Tales declaraciones, en boca del candidato "más presidenciable" entre los políticos cubanos con vistas a los comicios de 1952, resultaron insólitas en la historia política nacional. Desde entonces, para Wall Street, Chibás se convirtió en "una carta marcada para morir".

TRASCENDENCIA HISTORICA

Del movimiento creado por Chibás, salieron las fuerzas jóvenes que llevarían —como profetizara Fidel en fecha tan temprana como 1951—, "a la meta el gran movimiento revolucionario y de liberación nacional, iniciado en la lucha contra Machado, truncado por la (primera) satrapía batistiana, traicionado por Grau y por Prío".

Con él, al decir del Comandante en Jefe, los jóvenes de la Generación del Centenario "aprendieron a morir cuando la Patria necesita de la inmolación heroica para levantar la fe del pueblo en el temple de sus hijos y en la realización inevitable de su destino histórico". Sin la presencia de Chibás, sin el civismo y la rebeldía que despertó en la juventud cubana —dijo Fidel en otra ocasión—, "el 26 de Julio no hubiera sido posible", pues en su opinión, la gesta del Moncada "fue la continuación de la obra de Chibás".

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