 Centenario de la pedagoga cubana Dulce María Escalona Profesora eminente, persona íntegra, extraordinariamente humana, así la definieron varios de sus alumnos Iraida Calzadilla Rodríguez La Asociación de Pedagogos de Cuba recordó ayer el centenario de la ilustre profesora Dulce María Escalona. Bastó un simple aviso para que alumnos de aquella mujer emérita vinieran a reunirse motivados por la vigencia de un pensamiento preclaro que, como dijera Armando Hart en este homenaje, simboliza la escuela cubana en su tradición de vanguardia filosófica y pedagógica del mundo de hoy.
 |
|
RICARDO LOPEZ HEVIA |
Alumnos y colaboradores de la ilustre profesora se reunieron en el coloquio por su
centenario. Doctora en Ciencias Físico-Matemáticas y en Pedagogía y maestra normalista, Dulce María Escalona consolidó antes del triunfo de la Revolución un sólido prestigio en el magisterio y prueba de ello fue su paso por la Escuela Normal de La Habana y la Escuela Técnico Industrial Rosalía Abreu (para mujeres), y también su vinculación con figuras de la talla de Pablo de la Torriente Brau, Raúl Roa y Juan Marinello y, muy especialmente, con Julio Antonio Mella y la Universidad Popular José Martí, en la que impartió clases de Matemática.
El triunfo de enero de 1959 lo recibió jubilada pero, al reclamo del proceso revolucionario y ya con 60 años de edad, se incorporó a nuevas responsabilidades como la de dirigir Educación en la antigua provincia de La Habana, y continuar sucesivamente hasta la fundación y dirección general del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona.
En este primer coloquio por su centenario, alumnos de ella en la Escuela Normal y en el Varona hablaron emotivamente sobre su ejercicio como profesora eminente, su cualidad de persona íntegra y extraordinariamente humana, la reciedumbre de sus principios y de su ética y la impronta que dejó en sus vidas, tanto ciudadana como profesional. No dudaron en insertarla dentro de la pléyade de grandes como Luz y Caballero, Varona y José Martí.
Y Hart, quien fungía como titular de Educación en los primeros años de la Revolución, se definió a sí mismo como ministro-alumno de esa mujer a quien llamó a resaltar como imprescindible entre los nombres extraordinarios de la cultura cubana.
|