WASHINGTON, 16 de agosto (PL).—Los 582 millones de
dólares que Estados Unidos pagaría a la ONU como parte de su deuda
multimillonaria con el organismo internacional son el nuevo rehén del
Congreso en su enfrentamiento con la Casa Blanca, dijo hoy The Washington
Post.
Líderes republicanos, mayoría dominante en la Cámara de
Representantes, le hicieron saber a su correligionario, el presidente
George W. Bush, que a menos que dé su visto bueno a una ley diseñada para
socavar el poder del Tribunal Internacional de La Haya, el débito de un
millón de millones de dólares seguirá en pie.
El ala conservadora de la Cámara baja quiere que el
mandatario apruebe el Acta de protección de los miembros de las Fuerzas
Armadas norteamericanas, la cual pondría a los militares estadounidenses
lejos del alcance de los procesos de la corte contra criminales de guerra
y genocidas.
De ser aprobado, el recurso, adjunto a una ley del Departamento de Estado contentiva del dinero de la ONU, reduciría la
ayuda financiera norteamericana a los países que no son miembros de la
Alianza Atlántica firmantes de los tratados del tribunal de La Haya,
instaurada en 1998.
También prohibiría la participación de las tropas del
Pentágono en las fuerzas de paz de la ONU a menos que el Consejo de
Seguridad del organismo internacional conceda inmunidad a los soldados
norteamericanos.
Considerada por expertos legales como "el acta de
invasión a La Haya", la legislación que pretende aprobar el
Capitolio a cambio de saldar la deuda con las Naciones Unidas, otorgaría
poderes al Presidente para hacer uso de la fuerza militar con el objetivo
de liberar a los efectivos estadounidenses o aliados procesados por la
corte.
El gobierno de Bush se opone al Tribunal Internacional
bajo explicaciones de que amenaza la seguridad del personal militar
estadounidense.
El republicano opina que el acta pretendida por el
Congreso limitaría sus acciones en conflictos mundiales y aumentaría las
tensiones entre Washington y los aliados, suficientemente decepcionados
con la aversión de Estados Unidos a tratados internacionales como el
Protocolo climático de Kyoto.