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 Macedonia Algo más que una cosecha esencial ELSON
CONCEPCION PEREZ Aunque el diario macedonio
Dnevnik, calcula que un millón de armas estén en poder de los grupos separatistas albaneses, y otros despachos noticiosos hablen solo de miles de ellas, lo real es que en Macedonia las pistolas, fusiles,
bazookas, y otros equipos bélicos, además de poseerlos el ejército oficial, pueden portarlos manos inseguras de grupos de esa etnia no interesados en compartir pacíficamente tierra, techo y pan, con la mayoría eslava que habita la nación balcánica.
Esa es la razón, al menos pública, que la OTAN decidiera intervenir en el asunto y enviar 3 500 hombres, en su mayoría británicos, aunque también estadounidenses, españoles, checos, alemanes, franceses, griegos, húngaros, italianos, noruegos, holandeses y turcos a hacer realidad la operación bautizada como
Cosecha Esencial y desarmar a los grupos albaneses que pusieron en jaque al gobierno llegando hasta las mismas puertas de Skopje, la capital. Ayer miércoles el Ejecutivo macedonio ofreció una amnistía a todos los albaneses que depongan las armas, mientras que el Consejo Atlántico decidía en Bruselas el despliegue de sus tropas por treinta días.
Este aspecto relacionado con el tiempo de estancia de las tropas foráneas en los lugares donde interviene la OTAN, nunca se cumplió cuando inicialmente fue aprobado para las intervenciones en la también ex república yugoslava de Bosnia, y en la provincia serbia de Kosovo. En ambos lugares mantienen sus fuerzas de ocupación, por más de tres años en Bosnia y por más de un año en Kosovo.
Este tercer operativo, más limitado que los anteriores, persigue igual
"objetivo", según el mando noratlántico, aunque en el ambiente hegemónico de principios de siglo, no debe descartarse el interés geopolítico de Estados Unidos, potencia que encabeza la Alianza Atlántica, de establecerse en los Balcanes y perpetuar sus bases en el centro sur europeo.
En el caso específico de Macedonia, el gobierno de Skopje, atacado militarmente por grupos terroristas albaneses que entraban por la frontera de Kosovo, presionado por los partidos que componen esa etnia en el pequeño país, y obligado a hacer concesiones y hasta reformas a la Constitución por parte de los representantes de Washington y la Unión Europea (UE), cedieron terreno y soberanía, y hasta pidieron
"oficialmente" la entrada de las tropas de la Alianza a territorio de esa nación de solo 25 713 kilómetros cuadrados y una población que no llega a los 2 millones 100 000 habitantes.
No es por pura casualidad que en todo el proceso negociador hasta la firma la víspera del llamado acuerdo de paz, un enviado de Estados Unidos y otro de la UE, compartieran asientos, con voz y voto, en la mesa de diálogo.
Más sorprendente aún resulta el hecho de que la propia OTAN firmara el martes pasado un acuerdo con el autodenominado Ejército de Liberación
(UCK), grupo terrorista ingresado a Macedonia y causante de emboscadas, ataques, minas y otros actos que dejaran decenas de soldados y civiles macedonios muertos o heridos.
A partir de esa rúbrica se decidieron dos cosas: primero que los grupos armados aceptaran deponer las armas, aunque en algunos casos del propio
UCK, a regañadientes y sin mucho deseo. Y, en segundo lugar, que la Alianza, que ya lo tenía todo preparado, diera luz verde para que sus hombres de uniforme, con armamento del más moderno, comiencen a entrar este viernes a territorio macedonio.
A partir de ahora, será el tiempo quien diga la última palabra, para saber si habrá paz en una Macedonia ocupada, o pasará igual que en Bosnia y Kosovo, donde acuerdos similares,
"prendidos con alfileres", mantienen las tropas foráneas en ambos lugares, y en el último de ello hasta se arriendan tierras por 95 años en una franca operación militar de ocupación a perpetuidad como las que acostumbra a realizar Estados Unidos.
Y me pregunto: ¿ no será esa la verdadera
cosecha esencial que se propone la Alianza Atlántica made in USA?
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