Mi entrevista con John Dimitri Negroponte

Dr. Juan Almenares, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras

Era la década de los años ochenta, tiempos tenebrosos y aterradores en Honduras, cuando la tortura era una práctica cotidiana y se inicia el interminable sufrimiento de los familiares de los "desaparecidos" por el terrorismo del Estado.

AP    

Negroponte fue un estratega en la violación de los derechos humanos.

Fungía en el cargo de Rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), 1979-1982; función extremadamente difícil porque estaba en contra de las violaciones de los derechos humanos, de la ocupación militar norteamericana y de la presencia de las fuerzas militares llamadas "contras" de Nicaragua que tenían más libertad que cualquier ciudadano hondureño y actuaban con toda impunidad.

La Embajada norteamericana estuvo vinculada a la represión en Honduras.

Durante el desempeño de mis funciones como Rector, por asumir abiertamente una posición a favor de la paz y respeto a los derechos humanos fui objeto constante de persecución, amenazas, disparos, atentados y una guerra psicológica permanente, así como una campaña sistemática en perjuicio de mi persona a través de algunos medios de comunicación.

El Embajador de Estados Unidos en Honduras, John Dimitri Negroponte, (1981-1985), anunciaba por los medios informativos en el año 1982, que iba a tener entrevistas con diferentes líderes del país, entre ellos el Rector de la UNAH.

Llegué a la cita indicada, me atendió con cortesía el Agregado Cultural de la Embajada, entré a las oficinas del Sr. Embajador, quien se encontraba sentado en el escritorio que estaba a una mayor altura que el espacio donde supuestamente se atendían los invitados.

El Sr. Negroponte no me saludó como es lo acostumbrado, ni tampoco se levantó del escritorio, yo tampoco lo saludé ni le hablé. El único que conversaba conmigo era el Agregado Cultural. Durante unos veinte minutos el Sr. Negroponte me observó con una mirada fija, inquisitiva e intimidatoria. Su rostro permanecía impávido, sin ningún movimiento de los músculos de la sonrisa o la amabilidad.

En forma repentina el Embajador rompió aquel silencio y me dijo con la más fina ironía ¿Se reelegirá Ud. como Rector por un segundo período?

Antes de responder un chispazo iluminó mi cerebro y pensé que el Sr. Negroponte había tratado con su silencio de desesperarme, pero no lo había logrado.

Tuve una pausa de algunos minutos antes de responder a la pregunta que me había formulado y en vez de dar una respuesta le manifesté al Sr. Embajador: ¿Hasta cuándo el Gobierno de los Estados Unidos de América va a dejar de ocupar militarmente el territorio de Honduras, ya que viola nuestros derechos y ofende nuestra dignidad?

Con un rostro y lenguaje corporal que lindaba entre la cólera y la ironía me dijo: le voy a dar la respuesta después que se reelija en la Universidad.

El señor Embajador no se despidió ni me dio la mano, yo tampoco me despedí de él. El Agregado Cultural me acompañó a la puerta de salida y me dijo: Es usted muy inteligente, por qué lo dice le respondí y luego agregó: porque Ud. habla muy poco. Entonces le manifesté: Es más inteligente el Sr. Negroponte que siendo diplomático no saluda, habla poco y no se despide de las personas que ha invitado.

Aquella última pregunta del Embajador era un indicador de que mi reelección como rector no sería posible, puesto que existía la oposición del hombre más poderoso de Honduras.

En ese año fui reelecto como Rector de la UNAH en un proceso limpio y transparente pero bajo terribles amenazas. Pocas semanas después de la entrevista en la embajada de EE.UU. tuve la visita del abogado José Benjamín Cisne Reyes, magistrado de la Corte Suprema de Justicia de Honduras, (quien ya falleció) y por lo tanto no constituye un peligro para él lo que voy a narrar. El abogado Cisne lucía nervioso y preocupado, lo que le voy a contar —expresó— tiene que ser confidencial; solo lo puede divulgar si yo muero, ya que si esto se sabe peligra mi vida. Siento la obligación moral de decirle que fuimos llamados los magistrados de la Corte Suprema de Justicia por el embajador John Dimitri Negroponte, el Jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras, el general Gustavo Alvarez y el presidente de Honduras, Roberto Suazo Córdova, y nos han presionado para que anulemos la elección de Rector que usted recién acaba de ganar, las razones que aducen son que usted pone en peligro la seguridad del Estado.

Doctor, usted se puede imaginar —continuaba indicando el magistrado— la situación de peligro en que nos encontramos, quiero ser honesto con usted, tendré que votar en contra de su reelección por dos razones: una porque si no lo hago me matan y segundo porque estoy seguro que si usted continúa de Rector le van a asesinar los escuadrones de la muerte.

Efectivamente la Corte Suprema de Justicia declaró nula mi elección. Como dijo otro de los magistrados que participó en esa decisión cometimos una gran aberración jurídica y tendré que arrepentirme toda mi vida "por este acto deshonesto".

Pasaron los años después de aquella memorable entrevista. La noticia de que John Dimitri Negroponte ha sido nominado para que ocupe el cargo de embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas me ha desconcertado: ¿Cómo es posible que el organismo que estableció la Declaración Universal de los Derechos Humanos tenga como representante a una persona que fue un estratega en la violación de los derechos humanos en Honduras?

Respetando el derecho de la nación del norte a elegir sus representantes hago memoria de solidaridad con el padre Guadalupe Carney, que siendo ciudadano de los Estados Unidos fue desaparecido en la época del Embajador del Silencio Diplomático.

Publicado en el diario Tiempo, de Honduras.

Subirtop.gif (129 bytes)