 Un problema difícil, con dos ríos por el medio MIGUEL ANGEL UNTORIA Una extensa franja fronteriza que surgió artificialmente como resultado de una guerra injusta conforma el escenario inicial de un problema que atañe a millones de personas.
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No más muerte en la frontera, reclaman los mexicanos. La vida en esa región a lo largo de unos 3 200 kilómetros, fluye entre las aguas de dos ríos, el Bravo, que desciende de las Montañas Rocosas y constituye en sí casi la mitad del límite entre los dos estados hasta su desembocadura en el Golfo de México, y el Río Colorado, que después de servir de demarcación entre los estados norteamericanos de Arizona y California, penetra en territorio mexicano para desembocar en el Golfo de California.
Cada año, 1,5 millones son arrestados cuando tratan de pasar ilegalmente la frontera y la minoría, han logrado regularizar su situación en Estados Unidos pero una polémica cifra de
3 millones, según el censo estadounidense del año 2000 y hasta de 4,5 según otras fuentes, que trabajan y permanecen ilegales en Estados Unidos.
Centenares han muerto en esos intentos. Cálculos conservadores señalan que unas 300 personas mueren cada año en la frontera, muchas deshidratadas debido al clima desértico imperante en la región. Los cálculos sobre el número de los que viven ilegalmente en los Estados Unidos oscilan entre un mínimo de 5 millones y un máximo de 11, de los cuales 3 millones están ubicados en California.
En México, el gobierno ha decidido buscar una solución a la legalización de sus millones de indocumentados en Estados Unidos y el presidente Vicente Fox, presentó a los líderes latinos en ese país un paquete de medidas sobre la política migratoria que quiere negociar con la Casa Blanca.
Entre los variados argumentos presentados por el Jefe de Estado mexicano para justificar su propuesta, también recalcó que las actuales políticas migratorias de sus vecinos han fracasado porque ignoran la realidad de un mercado laboral integrado entre México y Estados Unidos, que se ha venido desarrollando a lo largo de un siglo, y además recalcó que esas políticas son incompatibles con la creciente integración económica de los dos países, acelerada por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
La Casa Blanca estudia varias propuestas sobre el tema, según un reporte de los secretarios de Estado, Colin Powell y de Justicia, John Ashcroft, ambos miembros del grupo de alto nivel creado en febrero pasado durante la reunión de los presidentes Fox y Bush en
Guanajuato, México. En las propuestas se incluyen un programa de trabajadores temporales y otros relacionados con la seguridad en la frontera.
En Estados Unidos el tema genera fuertes reacciones de grupos opositores a la inmigración, así como de algunos de los más conservadores miembros del Congreso estadounidense.
El conflicto está presente y la posibilidad de que continúe creciendo se mantiene pues los grandes productores en el sur de los Estados Unidos no renunciarán a la mano de obra barata que representan sus vecinos mexicanos. Se trata entonces de un problema difícil, entre dos ríos de opiniones e intereses contradictorios, en cuyas aguas se ahogan los latinos indocumentados.
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