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 Ballet Lizt Alfonso Disciplina, fuerza y compás TONI PIÑERA
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JORGE LUIS GONZALEZ
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Desde el principio, el Ballet Lizt Alfonso fue original, lo que equivaldría a decir: distinto. El tiempo ha pasado y ella (Lizt), escoltada de una agrupación consolidada y profesional, demuestran ante cada salida que existe algo fundamental en la vida para lograr objetivos superiores: en primer lugar talento, ese que no puede triunfar sin la disciplina, madre de cualquier éxito.
El pasado fin de semana, esta compañía de poco más de una década de fundada, magnetizó la escena de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana con su espectáculo Fuerza y compás, donde reúne parte de lo mejor del repertorio (Sinceramente F.G.L., Siluetas, Suite Andalucía...), en un espectáculo en el que mezcla lo clásico español, el flamenco y la fusión de ritmos cubanos, incluyendo el folclor, pero de una forma tal que nadie es capaz de ver las
"costuras" en la unión de unos con otros. Ahí está una de las características sobresalientes del quehacer artístico de una agrupación que no por azar deja una estela favorable por dondequiera que pasa, incluyendo la casa del trompo (España).
Dedicado, el primer día, al aniversario 25 del Instituto Superior de Arte (ISA), del que es deudora Lizt Alfonso
—allí se graduó en 1990—, Fuerza y... resulta un programa bien articulado, de poco más de hora y media, en el que el dinamismo y el rigor artístico, matizado con la pasión en el baile, volvieron a permear sus danzas. A lo que es menester añadir la labor del grupo musical acompañante que dirige Denis Peralta. Guitarras, cajas, palmadas, percusión y voces (Zita Smoliakova y José Onell Carbonell), se integraron a un discurso auténtico, desde un perfil folclórico-popular bien estudiado y asimilado, donde se mezclaron a la perfección los ritmos nuestros. En Fuerza y... se habló-bailó en términos de puente entre lo europeo y americano, dada la autenticidad con que se abordaron obras de un lado y otro del Atlántico. Malagueña, Andalucía, Guadalquivir, Gitanería, Camino al amanecer, Fuerza y compás, Iré a Santiago y Elogio, firmadas por Lizt; Tango del tiempo, de Liliet Rivera, De La Habana a Sevilla, de Yanet Rodríguez y de Tierra y aire, un trabajo en conjunto de las tres coreógrafas de la agrupación, atestiguan la calidad del Ballet Lizt Alfonso, donde se baila lo español, las raíces, pero matizado con la idiosincrasia de este lado del mundo, porque sus integrantes
—cubanas al fin—, añaden la gracia y sensualidad caribeña que enriquece las danzas. Del espectáculo del teatro García Lorca quedó la huella de un acto de comunicación esencial. Telón a oscuras, cámara negra, vestiduras sobrias y elegantes, expresión visceral, sin afeites ni añadiduras. Excelente programa que habla de nuestra identidad y que por la vía de ese parentesco encuentra en nuestro público una enorme receptividad.
Pero también más allá de nuestras fronteras. No por casualidad, en su reciente gira por Estados Unidos acumularon críticas como estas:
"El Ballet Lizt Alfonso deslumbra en el Festival de las Artes (...) La malagueña comienza, y de repente ellas no son 12, sino una (...) esta unidad es la fuerza de la compañía". (The Washington Post) ..."El Ballet Lizt Alfonso asalta el Summer Stage. Su compañía de extraordinarias bailarinas puede hacerlo todo y lo hacen a tan alto calibre, compromiso y habilidad, mientras exudan belleza y orgullo... Al final el público se alzó en masa a sus pies, ofreció una ovación y demandó dos reprises". (The Dance Insider). En La Habana sucedió igual.
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