Desde Ghana

La otra esperanza de Domiana

Miguel Díaz Nápoles
Fotos: Ahmed Velázquez
Enviados especiales

Domiana es una bonita joven que debe tener entre 28 y 29 años de edad —ni ella misma lo sabe exactamente—y durante toda su vida se ha atendido con un médico solo en dos ocasiones: la primera fue hace dos semanas, al término de su embarazo. El obstetra cubano Serafín Palma hizo posible que tuviera su hijo sin complicaciones, y ahora un pediatra, también cubano, Rodolfo Martínez, trata al pequeño que padece de una infección en la piel. De nuevo buscó la ayuda del cuban doctor.

Con esta afección tan severa en su piel, el niño de Domiana puede tener serias complicaciones con peligro para su vida.

Al Centro de salud del subdistrito de Ponyentanga, a unos 22 kilómetros de Wa, una de las diez regiones de Ghana, este país del África subsahariana, Domiana acude temprano en una mañana soleada, y su tradicional vestido, de color azul, contrasta con su rostro, y la hace sobresalir de las demás mujeres que esperan la consulta de las diferentes especialidades.

Domiana está preocupada por la salud de su nuevo hijo. La expresión de su rostro no deja lugar a dudas.

El niño tiene una afección severa, que puede traerle importantes complicaciones de no atenderse con rigor. Esto se lo explica el doctor Martínez, quien examina detenidamente el cuerpecito del niño, y la joven es capaz de darse cuenta del amor con que trabaja el galeno que le pregunta una y otra vez si ha entendido bien todas sus orientaciones sobre su inmediato ingreso.

Domiana pertenece a la tribu Lobi, asentada en el subdistrito Ponyentanga, y en su dialecto Brifo expresa su opinión sobre la atención que le brindan los galenos de la Isla.

"Me he sentido muy bien con los médicos cubanos, y ahora quiero seguir ayudada por ellos porque me siento más segura".
Ella está algo asustada porque ha perdido a sus tres anteriores hijos. Y según las creencias de su tribu, los niños que mueren vuelven después, por lo que ahora, para comprobar si es verdad, le ha marcado la cara a su nuevo pequeño, para ver si regresa en caso de que muera.

El profesor Martínez, jefe del grupo de los seis médicos cubanos que laboran en la región de Wa, al norte de Ghana, hace lo indecible para que la triste historia no se repita. Pero dependerá, en parte, de sus posibilidades económicas y de la decisión final de su familia de internar o no al niño en el Hospital Regional.

La madre sabe todo eso, y se despide del médico con la esperanza de volver mañana al hospital regional, para inciarle el tratamiento a su pequeño hijo, a quien prefiere tenerlo vivo antes de esperar nuevamente por su regreso.

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