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Jorge y Aurora, pasos mexicanos

Toni Piñera

La Escuela Cubana de Ballet es una realidad que se multiplica por todo el mundo. En las más importantes compañías del orbe hay en estos momentos profesores, maitres, ensayadores, bailarines..., que aportan el caudal de experiencias adquiridas en el diario bregar por la Isla, donde han sedimentado desde la academia y luego en el ejercicio práctico por diversas agrupaciones, en particular el BNC, esa manera tan particular de decir en danza.

La pareja Aurora-Vega en el segundo acto del ballet Oneguin, de Cranko. Ahora se preparan para interpretar en septiembre La Bayadera.

Ese lenguaje cubano del movimiento, marcado en el tiempo por la maestra y fundadora, Alicia Alonso, "atrapa" a los más variados públicos. Como sucede desde hace poco más de un año en la Compañía Nacional de Danza de México, adonde llegaron por un contrato, dos figuras del BNC: Jorge Vega, primer bailarín huésped, y la primera solista Aurora Vázquez. Ellos, en sus actuaciones en el país azteca han puesto en alto el nombre de Cuba y la Escuela.

"Si uno tiene la suerte de que los cubanos Jorge Vega y Aurora Vázquez tengan a su cargo los papeles principales, la función puede ser un verdadero deleite. Esto es claro porque, además de las dificultades técnicas del montaje coreográfico, en sí mismo y, que implica tener un entrenamiento feroz que permita a los bailarines destrezas típicas del ballet, es fundamental tener una sólida formación dentro de la actuación y de la interpretación de estilos dancísticos, cualidades que los bailarines isleños dominan en forma pertinaz...". (Proceso. Semanario de información y análisis)... "... el dueto Aurora-Vega tuvo en sus escenas de pantomima, llenas de simpáticas ocurrencias, buena dosis de frescura y comicidad. Ambos imprimieron un sello de excelencia en sus interpretaciones..." (Agenda Cultural Gaceta UNAM).

Las anteriores críticas, a propósito de las interpretaciones de La fille mal gardée, constituyen solo una mínima parte de los elogios recibidos en el camino. Ahora, en la Patria, ambos bailarines cuentan anécdotas y recuerdan los instantes vividos. "Hemos bailado mucho: El lago de los cisnes, Cascanueces, La fille mal gardée, Don Quijote, Carmen..., a veces en temporadas muy largas y en diversos puntos de la geografía mexicana, pero, a pesar de que los hemos hecho, parecen otros, porque son versiones diferentes a las nuestras. Por lo que es necesario aprender todo de nuevo, algo que tiene su lado bueno". Incluso han tenido experiencias nuevas con ballets como Romeo y Julieta y Oneguin, de John Cranko. En este sentido Jorge comentó que "como soy zurdo y los ballets de Cranko están montados a la derecha, he tenido que hacer esfuerzos grandes, pero he salido airoso de esas pruebas de fuego, es algo que obliga a superar las dificultades".

El nombre de Jorge Vega se coloca en la lista del BNC en 1982, después de dos fructíferos años de aprendizaje en el Ballet de Camagüey, adonde llegó acabado de graduarse. Entrar al BNC fue un sueño realizado. Allí tocó de cerca a sus ídolos bailarines que estaban en la plenitud: Jorge Esquivel, Lázaro Carreño, Orlando Salgado, Andrés William, José Zamorano... Sin contar a las grandes bailarinas: Alicia, Loipa, Mirta, Aurora, Josefina, Marta y María Elena... "Tenía 20 años y fue buenísimo. Acabado de llegar hice, en el 83, el segundo acto de El lago de los cisnes con Aurora Bosch, y cuando se repuso, en el 85, La Bella durmiente la estrené con Mirta Plá. Con Alicia La Péri, Sinfonía de Gottschalk, La diva, Tributo a White y muchos otros". Todo eso deja huellas que luego se traducen en la escena. Ese estilo singular que marca a Jorge Vega por sobre los demás bailarines, en un trabajo técnico e interpretativo de alto nivel. Es la savia de la tradición que él bebió desde las raíces.

¿Una pareja de bailarines? La hermosa Aurora Vázquez —una bailarina de línea perfecta y que ha demostrado su clase, poco a poco, en la escena en diversas piezas—, refiere que se ayudan mutuamente, no solo en el ballet, sino en casa. Conocemos lo que hacemos diariamente y así nos vamos intercambiando el trabajo. Es una comprensión grande que, creo, no debe existir en otras parejas.

¿El público mexicano? "Nunca es el cubano, el de La Habana, tiene mucho menos conocimiento del bailarín, no del arte o como apreciación de la danza. Quizá es más distante en cuanto a los bailarines, pero nos tratan muy bien".

La Compañía Nacional de Danza, que dirige Cuauhtémoc Nágera, cuenta con más de 80 bailarines, y además de mexicanos hay argentinos, japoneses, españoles y ellos, los dos cubanos. ¿El diálogo con el resto de los compañeros? "Es muy hermoso, somos muy observados en la compañía, porque venimos del Ballet de Cuba, como invitados. Nos miran mucho, incluso los profesores. Algo que representa para nosotros un compromiso y un reto, pues uno representa a una escuela famosa en el mundo y a esa Isla que es también ejemplo dondequiera que nos paremos".

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