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Eduardo Córdova y su lucha entre dos musas

Omar Vázquez

JUVENAL BALAN

Hubo dos curiosos opuestos que asaltaron al artista Eduardo Córdova. Era como si hubiera una lucha entre dos musas. Uno de ellos fue llamando la atención, y es el referido a su actividad escénica como sobrado percusionista. El otro es el del luthier, y tiene que ver con su facilidad para construir un instrumento logrado estéticamente y con buena sonoridad. Esta sumatoria lo llevó a crear el Grupo Obbara (1999), que rápidamente ha alcanzado merecido reconocimiento.

Su espectáculo Bajo el signo del tambor es atractivo y mucho más que el resultado de la creatividad de una sola persona, ya desde el hecho de que Córdova comparte la escena del Palacio de la Artesanía (Cuba No. 64 entre Peña Pobre y Cuarteles, La Habana Vieja), lunes y viernes, 10:30 p.m., con Eduardo Veitía Carrillo —percusionista y bailarín—, Georgina Mayra Alfonso —cantante y percusión menor—, Yennyselt Lázara Galota —coreógrafa y bailarina.

Hay en ellos y en el resto de sus nueve integrantes, voluntades y emociones coincidentes y complementarias, surgidas de la necesidad de ligar la percusión con novedosas soluciones escénicas, coreográficas y musicales que también han llamado la atención del pueblo en general, en L y 23 y otros escenarios.

Eduardo Córdova Reyes (La Habana, 19 de julio de1963), artesano por intuición, es egresado de la Escuela Nacional de Instructores de Arte (1982) y como profesor de percusión del Centro Nacional de Superación para la Enseñanza Artística. Su papá quería que estudiara violín. Dio clases del instrumento con Alfredo Muñoz Brito; pero lo que le gustaba era la percusión, en la que tuvo como profesores a Santiago Reither y César Rivero, de quienes también se siente deudor.

Córdova hizo el Servicio Social en la Banda del Estado Mayor de las FAR, bajo la dirección de Ney Milanés, y ejerció con los reclutas el trabajo de percusión. En los momentos libres, según revela, surgió el sueño de construir sus propios instrumentos y comenzó con la talla en madera.

En las Fuerzas Armadas Revolucionarias, reconoce, "tuve muchas posibilidades de desarrollo. Fue un laboratorio para desarrollar mi proyecto. Allí hice mi primer tambor, que guardo con cariño. Fue algo que sentí y me alentaron a seguir. Me gustó enseñar y en la Escuela Vocacional de Arte Paulita Concepción (del Cerro), realicé un trabajo comunitario con los niños. Fue una labor fuerte como profesor; pero he tenido la satisfacción de que Juliette Abreus fue el Gran Premio del IX Festival y Concurso Internacional de Percusión Percuba 2000 y Guillermo del Toro obtuvo el primer premio en el del 2001. Muchos de mis alumnos también pertenecen a conocidos grupos profesionales".

Ante la pregunta de qué lo movió a formar Obbara (Oddun —signo— yoruba que habla de riqueza, verdad...), Córdova confiesa: "Me metí muy adentro en la percusión, como luthier y en mi trabajo con los niños y me desvié un poco del mundo musical. Me sentía bien, pero sentí una gran nostalgia. Era como si hubiera un lucha entre dos musas. Y me dije: Si yo los construyo... y me di a la tarea de construir un tambor de siete sonidos (su ya famoso siete bocas, que resume en uno los tambores batá) y un set de percusión especial incorporándole elementos contemporáneos".

Córdova obtuvo el Premio de FIART 2001, con el tambor Arará Cepo, lo cual le merece la siguiente valoración: "Lo veo como un reconocimiento y la confirmación de que estoy en el camino acertado".

Aunque Eduardo Córdova tiene una invitación de la Asociación Cultural Cubana de Winnipeg Manitoba cursada por Esperanza González Arcia, su presidenta, para que participe en el Festival Multicultural Folklora, que tendrá lugar en Winnipeg (Canadá), del 5 al 8 de agosto; y otra del The Franklin H. Williams Caribbean Cultural Center African Diaspora Institute New York, firmada por Melody Capote, su directora ejecutiva, para que ofrezca conferencias en ese centro de Estados Unidos, en diciembre; hay un proyecto que lo tiene entusiasmado:

"Como miembro de la UNEAC, voy a hacer un taller de percusión con niños en septiembre. Quiero rescatar a esos niños que por falta de información de sus padres u otros motivos, no accedieron a las escuelas de arte, pero tienen condiciones para el instrumento".

Finalmente, le lanzamos una pregunta que lo mueve a la meditación: ¿Quién es realmente Eduardo Córdova? ¿Un luthier o un percusionista?

"No pienso renunciar a ninguno de los dos, porque ambos me han dado una satisfacción espiritual muy grande. En lo que sí pienso es que me está haciendo una cosquillita, que es pintar y ya tengo obras en este sentido".

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