Juego engañoso de Bush,
también en Corea
ARNALDO MUSA
EN ESTOS días en que se
recuerda la derrota de la agresión norteamericana a Corea, en 1953, la
administración de George W. Bush ha comenzado a mostrar una aparente
reconsideración de sus más extremas posiciones en la política agresiva
que ha estado llevando desde el primer día contra el país socialista
asiático.
Ahora el secretario
norteamericano de Estado, Colin Powell, pasea su figura por varios países
de la región, donde trata de "vender" el belicista Sistema de
Defensa Antimisiles (muy abucheado en Seúl, la capital sudcoreana), al
tiempo que trata de dar un matiz menos agresivo a las posturas asumidas
por el actual mandatario, quien se ha vanagloriado de incumplir los
convenios que el ex presidente Clinton había firmado con Pyongyang.
También Bush ha intentado
torpedear el proceso de acercamiento entre la República Popular
Democrática de Corea y Corea del Sur que pudiera abrir el camino a la
distensión, paz y posible reunificación de la nación dividida por obra
y gracia del propio Estados Unidos desde 1945.
Business Week Online, en su
página web, afirma que el diálogo RPDC-EE.UU. aún no está muerto, a
pesar de la línea dura asumida por Bush, y que en ello ha influido la
postura del presidente sudcoreano, Kim Dae Jung. La actitud del Jefe de
Estado norteamericano, subraya la fuente, da la razón al líder
norcoreano Kim Jong Il, cuando denuncia la hostilidad y retórica belicosa
del inquilino de la Casa Blanca.
Lo cierto es que es normal la
actual desconfianza de las autoridades de Pyongyang, debido a que durante
muchos años Estados Unidos ha buscado un pretexto para agredirla
militarmente.
Instituciones nada sospechosas
de simpatías al socialismo y menos con la RPDC admiten que, aunque trate
de disimularlo, el nuevo perfil unipolar de Estados Unidos lo tienta a
seguir llevando adelante una política de seguridad hegemónica donde la
asociación con otros países constituye una alternativa.
Si antes utilizó a las
Naciones Unidas en la agresión de 1950, ahora intensifica sus intentos de
formar una especie de OTAN asiática (con Japón, Taiwán y Sudcorea) que,
entre otros objetivos, pudiera ser utilizada en aventuras contra el Norte
socialista.
La estrategia militar
estadounidense en esa parte del mundo mantiene en Sudcorea a más de 35
000 soldados y, específicamente contra Corea Democrática, presionan las
45 bases y 40 000 hombres en Japón, amén de la parafernalia bélica que
completan medios balísticos nucleares, fuerzas de intervención rápida,
la Séptima Flota y la intención de crear una Quinta Flota en la zona,
entre otras ambiciosas medidas.
Pero Estados Unidos no debe
olvidar que un pueblo fuerte y organizado, militarmente preparado y con
amigos solidarios, le hizo morder el polvo de la derrota el 27 de julio de
1953.
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