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Vuelve a ser noticia

La oreja más famosa del mundo

ROLANDO PEREZ BETANCOURT

Es difícil que haya una oreja más famosa que la de Vincent Van Gogh.

El hecho de que él mismo se la haya cercenado —según cuenta la historia— una noche de Navidad de 1888 y poco después dejara constancia artística en su Autorretrato con la oreja cortada, lo hizo trascender incluso en niveles donde el arte no interesa más que la circunstancia emocional, sangrienta.

El siempre torturado Van Gogh en uno de sus muchos autorretratos.

No por gusto la vida del holandés es la que más veces se ha llevado al cine. Películas como Sed de vivir, con Kirk Douglas en el papel del atormentado pintor, en las que nunca han faltado las escenas de la automutilación, utilizando el "pobre loco" una navaja de afeitar.

Hasta ahora esa ha sido la versión oficial, basada fundamentalmente en declaraciones de otro grande del pincel, su amigo Paul Gauguin. Pero a más de un siglo del acontecimiento con derivaciones policiales, la especialista alemana Rita Wildegana acaba de asegurar, luego de largas pesquisas recogidas en un libro, que hubo demasiados fallos en aquella versión y existen indicios de que no fue Van Gogh quien prescindiera de su oreja izquierda, sino que el ejecutante resultó ser el mismísimo Gauguin.

"Lógicamente –dice Rita— no afirmo que esté segura al ciento por ciento de esta tesis, pero la acumulación de pequeños indicios es abrumadora. Todo lo que sabemos sobre lo que pasó proviene de Gauguin, que era un mentiroso inveterado, además de un aficionado de la esgrima".

En fin, que no fue la navaja del holandés, sino el sable del galo el elemento cortante.

Los antecedentes de aquella historia de histerias y amenazas físicas entre los dos artistas que con tanta maestría han llegado a la sensibilidad contemporánea, han sido ampliamente estudiados y sobran libros al respecto: Entusiasmado por la personalidad de Gauguin, Van Gogh lo invita a pasarse una temporada en la localidad francesa de Arles con la promesa de que allí pintarían juntos y fundarían una escuela.

No con muchos deseos, pero entusiasmado por las ventajas económicas que le ofrece Teo, el hermano de Van Gogh, Gauguin acepta. Los primeros días son maravillosos. Se instalan al aire libre y pintan los mismos temas. Pero después un mal tiempo hace que ambos tengan que trabajar en una misma estancia. El encierro crea una atmósfera de claustrofobia, histerias y hasta de bravatas físicas.

Hay testigos de que la noche de los acontecimientos ambos bebían una copa de ajenjo en el Café de la Estación. Discuten, Van Gogh arroja la copa a la cabeza del otro y lo amenaza de muerte. Este se pone en pie convertido en una furia de índice agresivo: Si vuelves a hacer algo así seré yo quien te mate.

Esa noche Paul Gauguin se va a dormir a un hotelito cercano y a la mañana siguiente se encuentra a un Van Gogh ensangrentado en su cama y sin oreja izquierda. Un Van Gogh que no recuerda absolutamente nada de lo sucedido. Es el francés quien ofrece la versión de la navaja y esa misma tarde, como alma que se lleva el diablo, parte hacia París para nunca más encontrarse con el amigo.

Un año y medio después, Vincent Van Gogh, el creador de esos girasoles que hoy se pugnan en millones de dólares, el pobre Vincent, que solo había podido vender dos cuadros, uno de ellos a su hermano Teo, se quita la vida con un disparo en el estómago y comienza la leyenda humana y artística de un grande entre los grandes.

En el ocaso de su vida, Gauguin escribe un libro donde trata de salir al paso a los rumores, cada vez más extendidos, que lo hacían responsable de la locura del maestro holandés. Allí, entre otros asuntos, habla de aquellas ocho semanas en Arles, pero la sífilis que entonces lo invadía hace que su memoria le dicte grandes equivocaciones a todo lo que narra.

Lo que todavía muchos se preguntan es cómo el francés, para asombro de botánicos y especialistas en floricultura, amparado en un encaprichamiento demencial, pudo hacer germinar girasoles en la Polinesia, exactamente en el jardín de su casa en Tahití.

Frágil detalle, pero no menos interesante que la oreja universal que hoy vuelve a convocarnos.

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