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60 años de Teatro Universitario

Siempre tenemos la convocatoria abierta

Antonio Paneque Brizuela

Suena quizás un tanto exótico decir que un judío errante fue, hace 60 años, el fundador (¿inconsciente?) del más antiguo grupo de teatro de Cuba, hospedero de glorias de la actuación como Raquel Revuelta o Sergio Corrieri y actual catapulta conceptual y formativa de actores aficionados (respecto al arte) y profesionales en cuanto a sus carreras. Todo un glosario de (aparentes) contrasentidos.

Resultaría más coherente, quizás, afirmar que corría el año 1941 y, mientras el mundo era sacudido por la Segunda Guerra Mundial, Ludwig Schajowicz, un judío austríaco "y gran teatrista" que llegaba a La Habana precisamente huyendo del siniestro y de su neoplasia antisemita, emprendía en la capital cubana una especie de seminario de artes dramáticas que conduciría, con el tiempo al actual Teatro Universitario.

"La graduación fue con Antígona, de Sófocles, el 20 de mayo de ese año —recuerda Armando del Rosario, director de lo que ahora se conoce como el más antiguo de los grupos teatrales cubanos— y tuvo tanto éxito que se extendió durante una semana más y ha permanecido hasta la actualidad en el repertorio de la agrupación."

La vida ha llevado a este director y actor y a los alumnos y profesores universitarios que integran el TU a acuñar frases recurrentes declaradas a la Prensa durante todos estos años-entrevista, como esta que ahora nos dice: "somos un eslabón perdido entre el trabajo profesional y el aficionado."

Pero su historia mayor, en la que tal aseveración, no obstante, encaja con seriedad, al mismo tiempo parece negarla, pues entre sus egresados se incluyen actores del linaje de Violeta Casal, Vicente Revuelta, Erdwin Fernández, Gina Cabrera, Eslinda Núñez y dramaturgos como los hermanos Nelson y Nicolás Dorr.

Graduado de Historia del Arte, Del Rosario lleva en el grupo 35 años, 20 como director, después que ese puesto lo ocuparon formadores como Elena de Armas y Luis Alejandro Baralt, este último sustituto, en 1946, del propio Schajowicz.

No existía otro lugar para formar teatristas hasta que llegó la Academia Municipal de Artes Dramáticas de La Habana. Del Teatro Universitario surgieron figuras que le dieron prestigio a la escena durante ese tiempo y fue una de las principales instituciones formadoras de este tipo de artista hasta que, después del triunfo de la Revolución, aparecieron la Escuela Nacional de Arte y el Instituto Superior de Arte.

A partir de 1978, el grupo comenzó a integrarse por estudiantes de la enseñanza superior y por graduados que querían mantenerse, hasta el punto en que hoy día siguen en él dos artistas (Dania Anido y Gustavo Miguet) que terminaron sus estudios y continúan ejerciendo como abogados hace 18 años.

De las obras más gustadas y queridas, público mediante, Armando del Rosario cita algunas de distintos autores: Las yaguas, Las vacas gordas, Madame Butterfly, Contigo pan y cebolla, La soprano calva y, sobre las últimas montadas, Esperando la carroza, del argentino Jocobo Langsner, La ronda, del austríaco Schnitzler y Anfitrión, de Plauto.

"Tenemos siempre la convocatoria abierta. El teatro es formación y sacrificio y aquí, por nuestras carestías y características de "no profesionales", sí se aplica verdaderamente eso de "amor al arte". Algunos se gradúan y tienen que venir (y vienen) desde otras provincias a ensayar y actuar..."

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