 La Historia es un virus que me atacó desde muy joven
César García del Pino, desde sus 80 años, nos habla de sus pasiones y proyectos PEDRO A. GARCIA
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RAUL LOPEZ |
Se aficionó a la literatura histórica en la biblioteca del abuelo, con los tomos de la Historia de España de Modesto Lafuente y las obras de Enrique Collazo. "La Historia es un virus que me atacó desde muy joven, en el colegio me ganaba todos los premios de esa materia y de ahí decidí seguir el oficio de investigador, aunque en la Cuba de antes de 1959 no daba para vivir", me dice.
César García del Pino tuvo entonces multitud de oficios: publicitario y viajante de comercio, entre otros; el tiempo que le quedaba libre, lo empleaba en la investigación. "Hasta que triunfó la Revolución no pude dedicarme enteramente a la Historia, como investigador en la Biblioteca Nacional".
Sonríe cuando le pregunto sobre lo que significó la Revolución para los estudios históricos. "En primera, permitió que los historiadores pudieran dedicarse plenamente a la investigación y no depender de otro medio de vida, no tener que escribir colateralmente a otro oficio. En segunda, permitió entrar con la manga al codo en ciertos temas y empezar a destruir todos los mitos y falacias que había creado desde el siglo XIX la historiografía burguesa".
SUS PASIONES Pocos conocen que García del Pino comenzó sus investigaciones por la arqueología. "Fui miembro de la Sociedad Espeleológica de Cuba y fascinado por el libro de Harrington, Cuba antes de Colón, me dediqué a realizar excavaciones y exploraciones. En el V Congreso Nacional de Historia, presenté mi primer resultado, una historia de la arqueología en Vueltabajo desde sus orígenes".
Sus temas preferidos de siempre son la Historia Naval y los siglos XVI y XVII cubanos. "Son las centurias menos conocidas de nuestra historia. Descubrí que tratábamos las guerras de independencia como si fuésemos individuos nacidos en un país sin costas, sin ninguna relación con el mar, y comprendí la importancia que tenía el dominio del mar en nuestro devenir histórico. Desde entonces comencé a trabajar la historia naval de Cuba y con ella, los siglos que te mencioné, totalmente navales".
De esa pasión surge su libro Leoncio Prado y la Revolución cubana. "El primero en que abordé esa temática, por lo que sé no tengo nada que añadirle a lo que escribí cuando lo publiqué".
Varios mitos y falacias de la historiografía tradicional han sido refutadas por García del Pino en sus obras. "En la guerra del 68 sí hubo actividad bélica en Occidente, es un hecho, pese al fracaso del levantamiento general que se proyectaba para febrero de 1869, y que fue traicionado por los aldamistas. Si revisamos la lista de los deportados a la isla de Fernando Poo, en marzo de 1869, vemos que la procedencia de esos deportados se extiende a las provincias occidentales, desde la fronteras de Las Villas hasta el extremo occidental de Cuba".
"Hubo gente que sí pudo lanzarse al monte como el padre de los García Menocal, en Jagüey Grande, junto con el general mexicano Inclán. Llegaron a tomar Jagüey Grande y después tuvieron que refugiarse en la ciénaga; en Occidente también se levantaron el venezolano Goicochea, Carlos García y otros".
García del Pino escribió un libro imprescindible para la historiografía cubana sobre este tema, Carlos García, comandante general en Vuelta Abajo. De este prócer, casi olvidado entre nosotros, señala: "Sostuvo junto con otros patriotas una intensa guerra de guerrillas entre las provincias de Pinar del Río y La Habana hasta noviembre de 1875, en que lo matan, aunque su gente siguió peleando".
¿QUE ES UN HISTORIADOR? La pregunta, que sirve de subtítulo, lo sorprende. Me pide tiempo para meditar y responde: "Un individuo que tiene que ser totalmente objetivo. Como decía Cervantes, hay que narrar los hechos tal y como han ocurrido, sin quitarle ni ponerle. El historiador debe morir por su Patria, pero no mentir por ella. La objetividad es lo primero, gústenos o no nos guste el hecho o la personalidad que estamos estudiando".
Reconoce entre los historiadores que más han influido en él "en primer lugar, a Gerardo Castellanos, quien me alertó de las intenciones no santas de los EE.UU. sobre Cuba, como se refiere en su obra, ese fue un importante elemento formador. De sus libros, leo aún con agrado Motivos de Cayo Hueso, las biografías sobre Calixto García e Ignacio Agramonte, Los últimos días de Martí. También considero como uno de mis maestros a Emilito Roig".
ANTE UN NUEVO MILENIO En sus 80 años, los cumplirá mañana 19 de julio, este pinareño de Consolación del Sur, Premio Nacional de Historia 1999, continúa inmerso en sus investigaciones sobre los siglos XVI y XVII cubanos, etapa en la que desde hace años ha iniciado una renovación de los estudios históricos a partir de una visión totalizadora de abordar la Historia nacional en ese período y de la documentación que ha incorporado en su continuo hurgar en el Archivo de Indias.
"Tengo en veremos una historia de Cuba en el siglo XVI", me confiesa este historiador siempre joven. Para provocarlo, le pregunto si quiere marchar por los senderos de la investigadora norteamericana Irene Wright, que centrara parte de su obra en esa etapa. "No desandando por sus caminos distorsionadores y diversionistas, tal vez corrigiéndole la página".
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