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 Centro de formación de Médicos Militares de las FAR Una escuela diferente
Yoel Díaz Bárzaga Es día de examen estatal. Edgar Benítez Sánchez responde las últimas preguntas de ocho calificados profesores. En la sala, el silencio es solemne. Esperan el veredicto. Aprobado, anuncian. Se aflojan las tensiones. Emanan el llanto, el júbilo, la alegría, los abrazos. La hermana lo aprieta fuerte; se besan. Piensan en su madre, allá, en su natal Santiago de Cuba.
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JUVENAL BALAN |
Es una escena cotidiana
ver pasar la visita médica en horas
de la mañana. Esta escena podría estar ocurriendo ahora en cualquier universidad de Cuba, pero en este caso es en la Escuela de Medicina del Instituto Superior de Medicina Militar, Doctor Luis Díaz Soto, uno de los Centros de Enseñanza Militar (CEM), de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
Este centro, único de su tipo en el país, comenzó sus actividades el 7 de octubre de 1981, por la necesidad de las FAR de contar con médicos militares de formación más integral. Aquí estudian, hacen la especialidad, postgrados y doctorados.
La escuela posee
modernos laboratorios especializados.
Salvo casos excepcionales en los primeros cursos, los principales candidatos a ingresar a este centro proceden de las Escuelas Militares Camilo Cienfuegos y de los soldados del Servicio Militar que son estimulados por la Orden 18 del Ministro de las FAR; además, deben poseer una evaluación integral positiva, un alto promedio académico, cualidades político-morales, y estar aptos física y mentalmente para ser futuros oficiales de las FAR.
EL CEM POR DENTRO El centro esta ubicado al este de la capital, y lo componen varias edificaciones: la Escuela de Medicina Militar en la cual radican las aulas, los dormitorios, áreas deportivas, y de recreación; una instalación docente anexa, donde reciben las ciencias básicas y están los laboratorios especializados y de computación, y el propio Instituto Superior de Medicina Militar, Doctor Luis Díaz Soto, lugar en el que los cadetes hacen sus prácticas durante la carrera.
"Al principio es difícil conciliar los estudios militares con la Medicina, porque se debe cumplir con todo; hacer del estudio un hábito diario. Aquí las horas del día no alcanzan, aunque reconozco que tenemos momentos para divertirnos. Para mí, que ser médico militar era una ilusión desde niño, ahora que casi lo soy, no puedo perder tiempo, en mi caso particular veo poco la calle, eso lo sabe hasta mi novia Dagmara, cadete igual que yo", dijo a Granma, Yosvani Leiva Zamora, alumno de excepcional rendimiento y dirigente de la UJC.
MEDICOS DIRIGENTES Una experiencia aplicada solo en este centro, se viene desarrollando desde hace siete años, y consiste en vincular a recién egresados a tareas de mando de tropas en la misma escuela, en vez de realizar el servicio social en las unidades de combate.
"¿Quién mejor que ellos para mandar a los que hasta ayer fueron sus compañeros? Los conocen, saben sus problemas, necesidades y enfermedades, porque también son doctores", nos dice el teniente coronel Jorge Alfonso Reyes, director de la escuela. O al decir de una cadete:
"Con ellos no hay magia, se las saben todas".
Después de estar dos años como jefes de compañía de cadetes, los seleccionados a esta tarea tienen derecho a optar por las distintas especialidades que se realizan en el instituto; con la ventaja de haber estado más cerca de sus futuros profesores.
JOVENES DIFERENTES En esta escuela, la belleza manifiesta de las cadetes nos asombró a tal punto que este redactor preguntó, de manera jocosa, si era un requisito especial.
"La que está aquí es por vocación, lo demás es coincidencia", nos dice la capitalina Yanel Guisado Reyes, mientras su mirada se pierde entre los árboles del patio.
Esta muchacha tiene un promedio de 4.65, aunque aspira llegar a cinco, y forma parte de un grupo amplio de cadetes con rendimiento académico excepcional.
"Nosotros somos iguales, pero a diferencia de otros jóvenes, tenemos pocas horas de diversión... Esta es una carrera difícil, pero humana y bonita, es como hacer dos carreras en una: la de médico y la de oficial, pienso que tenemos una ventaja, porque contamos con los profesores a tiempo completo, para consultar cualquier duda, independientemente de que nos formamos con una mayor exigencia en la disciplina", concluye.
LA DOCENCIA La teniente coronel Nina Jurlow, de la vicedirección docente, nos explica las características de la escuela,
"Coincidimos con el sistema de enseñanza de un médico civil, pero nuestro plan de estudios es más intenso, seis horas lectivas por las mañanas y la misma cantidad por la tarde; como norma, las jornadas de autoestudio sobrepasan las habituales, además de realizar todas las actividades militares propias de un cadete, porque en definitiva tendrán la doble condición de ser médico militar.
"Anualmente se otorgan categorías docentes; este es uno de los 39 centros del país que pueden entregar grados científicos y doctorados en ciencias, fundamentado por el aval que otorgan a la escuela, el Ministerio de Salud Pública y el MINFAR. También contamos con la Sociedad Científica Militar de los cadetes, en la cual se realizan investigaciones junto a los tutores del propio Instituto, y el movimiento de alumnos ayudantes, que comienza desde el primer año de la carrera en dependencia de la especialidad a la que aspiren. A partir del segundo semestre de segundo año comienzan a familiarizarse con los enfermos ingresados en el hospital, como parte de la preparación profesional del futuro médico".
Es una escena cotidiana ver pasar la visita médica en horas de la mañana, al doctor mayor Andrés Arredondo y las cadetes habaneras Yamilis Andux Valdés y Yudeisy Martínez Pérez; y junto a varios de sus compañeros hacer diagnósticos en una sala, mientras que en la otra, lo hace el residente de la especialidad de cardiología, el médico matancero Amaury Suárez Acosta.
El ir y venir de jóvenes de bata blanca y pantalón verde olivo, nos dice que estamos en una escuela donde no se pierde tiempo. Mientras los observo me
pregunto: ¿Tendrán tiempo para amar?. Sí. Fundamentalmente a la vida, y a esta, hay que amarla intensamente, para poder ayudar a salvarla. Por eso, Liudmila, Magela, Alexander, Osiel, Ernesto, Alexei y los
demás, trazaron su destino al servicio de la Medicina y la eligieron como trinchera para defender a la Patria.
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