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La trama y la urdimbre, imágenes en la pelea

Pedro de la Hoz

El ingenio de Frémez es inagotable. Cuando muchos otros se complacen con las soluciones técnicas, o se solazan únicamente con logros decorativos, o, aún habiendo dejado huellas, se conforman con volver sobre sus pasos, este artista insumiso y rebelde apuesta por nuevas formulaciones que no caen en el vacío.

La trama y la urdimbre, muestra personal de Frémez (Regla, 1939), abierta en la galería Servando Cabrera Moreno, de Playa, que enriquece el Encuentro Nacional de Grabado 2001, es un fiel testimonio de este quehacer.

Quien con mayor tenacidad y calado estético ha trabajado, entre nosotros durante los últimos cuatro decenios, las asociaciones de imágenes en la gráfica —mucho antes de que se hablara en el medio de las artes plásticas de apropiaciones, Frémez ya las había inventado— avanza en esa exploración mostrándonos metáforas audaces, a partir de yuxtaposiciones, oposiciones y contrapuntos que apuntan a la naturaleza social de las relaciones humanas.

Frémez continuamente se cuestiona el sentido de la belleza. Sus imágenes no son para gustar sino para pensar, sin que por ello haga énfasis excesivo en la carga intelectual. Su bien pulido oficio de diseñador le hace decantar elementos: su mejor arma es la economía de medios.

Sin embargo, a diferencia de lo que pueden considerarse sus "clásicos" (aquellas imágenes de los 60, La modelo y la vietnamita, el cartel del Festival de la Canción de Varadero 1967, y una insólita portada para el diario El Mundo a base de pura tipografía), la obra más reciente de Frémez nos muestra un grado de texturización que nos ofrece la sensación de un campo de profundidad visual que le da una mayor densidad a la trama.

Incluso ello se hace visible en la continuidad de la serie Las mil caras de Eva, donde la condición femenina se desdobla en múltiples posibilidades y lecturas.

Este Frémez de hoy plantea un desafío, el de la utilización de las imágenes digitalizadas en el discurso artístico. En su caso, no se trata del artista que cae rendido a los pies de las nuevas posibilidades tecnológicas ni el de aquel otro que se limita a su explotación para darle "brillantez" a su obra. Frémez ha logrado articular de manera coherente las herramientas tecnológicas a la producción de sentido. Esto no es más que el comienzo de un nuevo viaje.

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