Los doce "conciencias" al servicio del imperio

FELIX LOPEZ

Con sus caras de gente bonachona, ancianos sabios, jóvenes astutos, hombres incorruptibles y mujeres sentimentales, el cine de Hollywood ha querido perpetuar la imagen de imparcialidad que pretende para sus jurados el sistema judicial norteamericano. Pero tras la baranda que resguarda las doce sillas de los elegidos, se esconden muchas verdades y se violan muchos juramentos.

La prueba acaba de llegarnos y no precisamente de la mano del celuloide. Un jurado elegido en el contexto contaminado de Miami, donde no se conoce de imparcialidad alguna a la hora de decidir sobre Cuba, declaró culpables a cinco compatriotas que cumplían con su deber de vigilar las acciones de los grupos terroristas y mafiosos anticubanos. Cinco cargos graves pesan ahora en lo que ha de ser la decisión final de la jueza, todos absolutamente falsos.

En cambio, nada pesaron en la determinación del jurado los argumentos sólidos y demoledores de la defensa, que fue capaz de desenmascarar a terroristas y narcos que quisieron interpretar en el juicio el papel de testigos. Y eso prueba que no fue por mero capricho que los abogados solicitaron un cambio de jurisdicción para el proceso. Veían venir lo que al final sucedió.

Claro, no era nada nuevo para ellos. Basta con conocer un poco de historia en las cortes de los Estados Unidos y se entenderá la raíz de esta y muchas otras manipulaciones, decisiones injustas y veredictos que llevaron a la pena de muerte o al encierro perpetuo a personas inocentes.

Uno de esos casos todavía está fresco en los archivos de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. El 28 de junio de 1992, esa institución recibió una petición presentada por Steven W. Hawkins, del Proyecto de Pena Capital LDF; Richard J. Wilson, de la Facultad de Derecho del Washington College, American University; y Bartram S. Brown, Facultad de Derecho del Chicago-Kent College, en nombre del señor William Andrews, en la que se alegaba que este era un afroamericano nacido en Jonesboro, Luisiana, actualmente confinado en espera de ejecución en la Draper Correctional Institution.

En 1974 el señor Andrews fue declarado culpable de tres cargos de homicidio con premeditación y dos de robo con violencia en el Estado de Utah, y posteriormente fue condenado a muerte en virtud de los tres cargos por el mismo jurado que lo había hallado culpable.

Las víctimas y los jurados eran caucásicos, y el único negro del jurado había sido eliminado arbitrariamente del juicio durante la selección de los jueces. El señor Andrews había abandonado el lugar del hecho antes de que se hubieran cometido los delitos, y su codemandado era quien había disparado causando la muerte de las víctimas. El verdadero culpable había sido ejecutado en 1987.

En su petición a todas las instancias para que se revisara el proceso, los tres catedráticos norteamericanos denunciaron que durante un receso del juicio se halló una nota entre los jurados que decía: "Cuelguen al negro", hecho que llevó al abogado del señor Andrews a solicitar que el juicio fuera declarado nulo, alegando el derecho de cuestionar a los miembros del jurado acerca de la nota, pero esta solicitud fue denegada por el juez de primera instancia.

Más recientemente, durante el juicio de Mumia el tribunal decidió eliminar del jurado a la única persona que el acusado escogió y la reemplazó con un señor blanco (quien dijo que no podría ser justo en este caso). Ese señor fue el presidente del jurado que condenó a Mumia y lo sentenció a muerte.

Para quienes todavía tienen dudas de la fragilidad del método, Jack McMahon, quien se desempeñó al final de los 90 como subfiscal de Filadelfia, escribió un libro donde aconseja el método ideal para escoger jurados: "La jurisprudencia dice que el objetivo de la elección de jurados... es tener un jurado competente, justo e imparcial. Bueno, eso es ridículo. Uno no busca eso. Los dos lados buscan el jurado más dispuesto a hacer lo que quieren que haga. Si cualquiera de ustedes va y se cree un valiente defensor de las libertades civiles... es ridículo. Va a perder. Lo echarán del puesto".

"El objetivo, afirma McMahon, es ganar. La defensa persigue lo mismo. Y la única manera de ganar es hacer todo lo posible por elegir jurados injustos y más dispuestos a condenar que nadie". 

Acto seguido, este "teórico" de las cortes reconoce la esencia racista y excluyente de la justicia yanki: "Seamos honestos, los negros de bajo ingreso tienen menos posibilidad de condenar. Lo entiendo. Hay mucho resentimiento contra la policía, contra la autoridad en general. Como consecuencia, uno no quiere esa gente en el jurado. Puede parecer que esto sea racista, pero es puro realismo.

"Otro factor en la elección de jurados negros, agrega, es que se debe rechazar a los más educados. Esto es universal, para todas las razas. Por otro lado, las mujeres negras mayores no son buenos candidatos, por ejemplo en el caso de un acusado negro con quien pueden identificarse como madres. Los hombres no tienen el mismo instinto maternal. Son más exigentes, son más partidarios del orden público".

"Siempre hay que preguntar, continúa McMahon, en qué parte de la ciudad habita un candidato.... Seamos realistas: los que viven en North Filadelfia tienen una perspectiva sobre la policía y el gobierno distinta de los que viven en Somerton o Chestnut Hill. En mi experiencia, hay que tomar en cuenta cómo se visten los [candidatos]. Si uno agarra jurados de la clase media, bien vestidos, pues todo saldrá bien".

Otra cosa que describió el magistrado haber aprendido en el curso de los años es a examinar: "La mayoría de los jurados traen un libro. Examinen el libro. Si una persona está leyendo un libro de Carlos Marx, no es buen candidato. Tampoco hace falta gente muy inteligente, porque esos analizarán a fondo todos los detalles. Tienen normas más exigentes. Requieren pruebas más convincentes y toman muy en serio las palabras `duda razonable'. No son buenos candidatos".

Y agrega por último una lista de los que considera personajes excluibles: "Se debe rechazar a los trabajadores sociales. Es obvio. Son inteligentes, sensibles y todo lo demás. Hay que rechazarlos. Los maestros también son malos candidatos, especialmente los más jóvenes, esos están hartos de lo que pasa en las escuelas. Por el contrario, si es un maestro blanco que enseña en una escuela negra y que está harto de esa gente, podría ser un buen candidato".

Todos estos fragmentos forman parte del texto El Jurado que nos falta. Sin duda una revelación de toda la hipocresía y los intereses que se mueven tras la elección "imparcial" de un jurado que hace de conciencia pública de la nación. Es evidente que los componentes raciales, de odio, falsedad y brutalidad (de la mente y el alma) aquí descritos, sirvieron de manual para elegir el jurado de Miami que halló culpable a nuestros compatriotas.

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