 La profesión más peligrosa en América Latina Más de 600 profesionales de la prensa asesinados o desaparecidos en nuestro continente en los últimos 25 años REYNOLD RASSI En numerosas ocasiones hemos oído decir que la profesión del periodismo es la más peligrosa en el mundo, dada la participación de quienes la ejercen como reporteros, camarógrafos o fotógrafos en convulsiones sociales en algunos países o en conflictos armados mundiales y regionales. Son decenas los caídos cumpliendo con su deber en muchos de estos hechos en nuestro planeta.
Sin embargo, esta profesión es aún más riesgosa cuando los periodistas abrazan la causa de la verdad, de la defensa de los intereses de sus pueblos, de la denuncia de los atropellos, el abuso de poder, el enfrentamiento a las dictaduras militares, la corrupción, el narcotráfico, los grupos paramilitares y otros males que afectan a las sociedades donde viven. Y ese es el caso de América Latina.
Según se tiene conocimiento, en los últimos 25 años fueron asesinados o desaparecidos en el subcontinente alrededor de 600 periodistas, sin contar decenas de ellos que han sido objeto de atentados o intentos de secuestro, atropellos, amenazas o los que han tenido que tomar el camino del exilio ante la inminente posibilidad de resultar muertos.
Las estadísticas sobre los profesionales de distintos medios de difusión asesinados en el año 2000 en el mundo son muy diversas.
En un informe presentado en la reciente reunión en La Habana del Comité Ejecutivo de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), por el chileno Hernán Uribe, presidente de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP) en esta región, se denuncia que en nuestro continente asesinaron a 19 de esos profesionales durante el pasado año, por lo que si se tiene en cuenta la cifra señalada por la Federación Internacional de Periodistas (FIP) es de 62 en el mundo, el número de los caídos en América Latina representa el 30 por ciento.
Dicha Comisión de la FELAP
—de la que también forman parte los destacados Premios Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Menchú— subraya en su informe que Cuba, brutalmente calumniada por aquellos que utilizan los medios de prensa y comunicación social para desinformar al mundo, es la única nación latinoamericana donde no hay periodistas asesinados, secuestrados o amenazados de atentados.
Ernesto Vera, presidente de honor de la FELAP y secretario de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas, con muchos años de experiencia sobre la lucha de los profesionales de la prensa en nuestro continente, apunta que la CIAP se creó en 1993 en México integrada por ocho miembros, uno de los cuales, el destacado jurista y periodista colombiano Eduardo Umaña, fue asesinado en 1998 en ese país sudamericano.
Según Vera, dicha Comisión surgió porque las estadísticas demostraban que el número de periodistas víctimas de atentados en América Latina era el más elevado del mundo, y el grado de inseguridad en el ejercicio de la profesión ha ido en aumento, sobre todo cuando se hace un periodismo digno, se lucha por decir la verdad y por la justicia social.
"La CIAP realiza un trabajo de investigación
—apunta Vera— para saber cuántos han sido asesinados en los últimos 25 años en América Latina, las causas de su muerte, dar a conocer sus biografías mínimas, denunciar quiénes son sus victimarios y la impunidad que reina en la mayoría de los casos.
"Puede decirse que este fenómeno del martirologio de periodistas en las naciones de nuestra América ha sido un tema poco abordado. En gran parte solo se ha dado a conocer la relación de los caídos, muchos de los cuales han pasado al olvido en sus propios países, mientras los asesinos gozan de total libertad".
Explica que actualmente solo existen dos libros que abordan esta temática: Con vida los queremos, editado en Argentina, y Morir es la noticia, publicado en Chile, que recogen los nombres, datos biográficos y otros elementos de los que fueron asesinados o desaparecidos por las dictaduras militares en ambos países, y donde se denuncia la impunidad reinante en esos casos. Suman más de 200 los periodistas caídos durante los distintos regímenes castrenses que desde 1973 hasta la década de los 90 imperaron en Latinoamérica.
Además de los atentados y secuestros, que constituyen formas bárbaras de coartar la libertad de información, otros tipos de agresiones a los periodistas en nuestro continente son los esfuerzos constantes de empresarios de los medios noticiosos, en muchos casos de acuerdo con las autoridades de esos países, para eliminar las organizaciones gremiales o profesionales de ese sector. Igualmente lo es la pasividad de numerosos empresarios de medios controlados por los monopolios de la información, así como de muchos gobiernos, ante los atropellos y asesinatos de periodistas y la impunidad con que se cometen.
A ello se suma la creación por las transnacionales de la noticia, con el apoyo de la reaccionaria Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), de escuelas de Comunicación Social y cursos de diplomado para formar periodistas y comunicadores con una posición política que respondan a sus intereses.
Hoy en América Latina cualquier profesional de la prensa que defienda la justa lucha de un destino mejor para su pueblo, denuncie la corrupción, los atropellos, los negocios de narcotráfico, venta de niños o de órganos y otros males sociales, o combata el dominio imperialista en los medios de difusión, se inscribe en la nómina de los candidatos a ser asesinados o desaparecidos, o en el mejor de los casos, de los que quedan sin empleo.
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