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la Jornada Cucalambeana La décima frente a la intervención yanki ANGEL AUGIER Hace
cien años, tuvo muchas formas de expresión la angustia, la indignación, la viril protesta del pueblo cubano frente a la falacia y la prepotencia norteamericanas de imponerle a la República conquistada con el heroísmo de varias generaciones, abusivas condiciones de subordinación neocolonial. No ahorró el naciente imperialismo recurso alguno de fuerza y chantaje para limitar la independencia de nuestra nación en vil provecho de sus intereses de explotación y expansión económica. En la Patria, ya independiente y soberana desde enero de 1959, por la Revolución socialista, en ocasión del respectivo centenario, cada etapa de aquel infame proceso, ha sido analizada oportunamente y enjuiciada a fondo por estudiosos comentaristas. Así, ha sido puesto en evidencia todo el diabólico engranaje imperialista iniciado en el 98, desde la funesta intromisión en nuestra guerra de independencia, la ocupación militar subsiguiente, el Tratado de París con ausencia del principal beligerante, Cuba, y en estos días el centenario de la truhanesca imposición de la Enmienda Platt que robaba nuestra victoria libertadora. En cada caso han quedado registradas las potentes voces que expresaron históricas protestas contra la felonía de Estados Unidos al sustituir a España en el dominio de Cuba, cuando las armas cubanas ya habían asegurado la independencia de la nación. Entre esas lúcidas y penetrantes investigaciones, ninguna ha mostrado, que yo sepa, en qué medida reflejó la poesía cubana de esa decisiva época
—tan pródiga en hermosos cantos a héroes y combates de la gesta mambisa—, todo aquel dramático proceso que mediatizó la soberanía nacional, pero que creó, en definitiva, la conciencia de proseguir la lucha hasta el final. Es clásico, en esa conciencia patriótica, indomable e imperecedera, el poema Mi bandera, de Bonifacio Byrne, que cantó para todos los tiempos el dolor de aquel amargo instante, pero también la indeclinable decisión mambisa del cubano: Esa ausente investigación hubiera revelado a los poetas campesinos, improvisadores de raigal cubanía, que se enfrentaron con sus décimas a la ocupación militar norteamericana de la Isla, algunos como los que incluyó el inolvidable Samuel Feijóo en su Panorama de la poesía cubana moderna (Islas,
octubre-diciembre, 1967). Al reproducirlas en esta circunstancia, es preciso atender más al sentimiento profundo que los anima, porque se impone por sobre las naturales quiebras que puedan padecer sus espinelas. Ningún escenario mejor que la presente jornada cucalambeana para mostrarles nuestro reconocimiento a quienes desde sus genuinas raíces populares alzaron sus cantos
—al igual que habían esgrimido sus machetes libertadores—, para exigir al insolente intruso su retirada, pues ya los cubanos habían conquistado con su heroísmo el justo derecho a su plena independencia nacional. Ramón Creagh titula su composición de tres décimas con la advertencia final de ellas,
"Pongan asunto, paisanos", típica frase criolla de la época, que en este caso insinuaba impulso de la acción libertadora, si fuere necesaria. "Nosotros en largas guerras / las manos ensangrentamos, / mucha sangre derramamos / por ver libre nuestra tierra. / Horrible desgracia encierra / para todos los cubanos pensar que el Americano / a Cuba ha de gobernar; / Esto se puede evitar. / Pongan asunto, paisanos. "Si Maceo pudiera hablar, / Guillermón y Flor Crombet / y Martí, que también fue / de los tantos sin rival.../ Céspedes que al contemplar / la desgracia del cubano / murió dando a sus hermanos / Patria, Libertad y Honor / La intervención me da horror / Pongan asunto, paisanos. "Cuántos hombres se han perdido / de brillante inteligencia / buscando la independencia / y nada hemos conseguido. / Yo creo que el mejor partido / que tenemos los cubanos / es tratarnos como hermanos / porque lo exige el deber: / Libres debemos de ser / Pongan asunto, paisanos." Por su parte, Gregorio Rodríguez es más expresivo y extenso desde el título de sus ardientes espinelas patrióticas:
"La pregunta del guajiro al gobierno americano", donde vibran la indignación y la impaciencia contra la ocupación militar norteamericana, previa a la: proclamación republicana castrada por la Enmienda Platt: "Con cuánto amargo dolor / pregunto en este momento: / ¿Cuáles son los pensamientos / del gobierno interventor? / Contestadme, ¡por favor!, / No lo sometan a orgullo, / porque es muy triste el murmullo / respecto al americano, / y ya es hora que al cubano / se le conceda lo suyo. "¡Nada, Cuba! Tiempo era / de que tú te gobernaras, / y por tus pueblos pasearas / tu hermosísima bandera. / Ya florece tu pradera, / ya canta alegre el sinsonte, / ya se ve en el horizonte / la divina claridad, / y el himno de libertad / canta el guajiro en el monte. "Aunque soy un campesino / que no me sé expresar, / voy dispuesto a destrozar / las barreras del destino. / Por eso me determino / a reclamar con prudencia, / porque ya es una insolencia / con tanto que se ha peleado, / que esté Cuba en este estado / sin darle la independencia. "Con el arado en la mano / trabajando en mi cosecha / pero siempre en mi derecha / tengo el machete cubano. / ¿Qué piensa el americano? / ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Qué hacen esas naciones / o el Tratado de París / supuesto que mi país / no se compra con millones? "El gobierno por un día / nos vino a salvar del daño, / y ya pasan de dos años / que están en la patria mía. / Déjense de bobería, / busquen la idea divina, / que si el guajiro se inclina / y se ve que no promete, / derriba con su machete / las tablas de la cocina. "Me levanto de mañana / y riego constantemente / con el sudor de mi frente / los valles y la sabana. / En unión de mi cubana / salgo a pasear por el llano, / con un pensamiento sano, / pero siempre en la porfía, / que están con la bobería, / pues Cuba es de los cubanos. "Cuba con los ojos fijos / tan solo tiene un pensar: / es muy justo y natural / que la gobiernen sus hijos. / Y con tanto regocijo / a Mac Kinley se le advierte / que aunque a sus hijos le cueste / acabar con lo creado, / hay cubanos que han jurado / la independencia o la muerte!" ¡Con qué vigor resuena en nuestros días ese grito lanzado hace cien años, al exigir la inmediata retirada del extranjero interventor! Está implícito en el multitudinario
"¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!", con que nuestro pueblo lucha en la actual batalla de ideas (y en toda clase de batallas), seguro de su victoria final. Y qué hermoso el movimiento nacional de la décima en nuestros días, en el que se refleja en sus múltiples rasgos y expresiones, la gran epopeya histórica de la Revolución, fiel a la tradición patriótica de toda la poesía cubana.
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