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Sombras para un alumbramiento La maternidad es el don más hermoso concedido a la mujer. Pero, como todo, tiene su tiempo. Se pueden encontrar historias más o menos felices, más o menos desdichadas, de cuando en ella se queman etapas... Marta Cabrales
Por eso llora cuando repasa su historia. Y reprocha que la hayan dejado hacer y no le pusieran mano dura en casa. Porque otro fuera el relato: no hubiera dejado los estudios en noveno grado o, al menos, no para parir. El padre de sus hijos está a su lado, pero no basta. Por mandato natural, traer criaturas al mundo sigue siendo cosa de mujeres, en lo fundamental. Cuando fui a su encuentro, estaba en una tienda cercana donde "sacaron unos zapaticos de niño". Comprar cosas para su hijo es parte del embullo por el próximo advenimiento del bebé. En casa, la madre me adelanta detalles: del ingreso en el hogar materno porque le sube la presión y está un poco pasada de peso, de que el embarazo no fue una sorpresa inesperada sino una decisión pensada, de que la media naranja dejó bien atrás la adolescencia... En la sala, una foto de los 15 recientes sonríe como sólo suele hacerse a esa edad. Ya frente a ella, su aplomo y desenvoltura hablan de una joven despierta y cultivada, que parece saber lo que quiere y lo que hace y con aparentes perspectivas de cómo darle un nuevo rumbo a su vida en lo adelante. Quería estudiar Derecho pero por el momento su opción está en aprobar el duodécimo grado y en el próximo curso presentarse a las pruebas de ingreso a la Universidad, ayuda de su madre mediante. Agradece la atención de su escuela y la preocupación de los profesores, que han ido al Hogar Materno a hacerle exámenes y trabajos de control para que no pierda el año.
Esta situación venía a ponerle "la tapa al pomo" de sus desajustes en la escuela, las bajas calificaciones, el desinterés por los estudios y las malas relaciones con el padrastro, sobre todo cuando él llegaba pasado de tragos. Con la madre no podía contar, bastante tenía ya con sus problemas, esos que comenzaron justamente cuando la tuvo a ella misma "sin pensarlo dos veces" y siendo casi una niña. Después, para complicar más las cosas llegaron sus dos hermanos, cada uno de un padre diferente. Comenzó a pensar en sus alternativas: de aborto le dijeron que ni hablar, pues ya tenía demasiado tiempo. Tendría que comenzar a trabajar, pero para dos inmensas preguntas no tenía respuestas: ¿a qué podría dedicarse si no sabía hacer nada? y ¿quién le cuidaría a su hijo?... Según cuenta su papá, se "resiste" a deshacerse de juguetes y otros recuerdos de la niñez. Aún cuando en solo unos días tendrá entre sus brazos un bebé de carne y huesos, en ella la infancia está lejos de ser una vivencia borrosa y le aflora en algún que otro gesto o actitud. No obstante, está dando muestras de responsabilidad. Pasados el susto y la sorpresa del primer momento, ese en que "descubrió" que anidaba, ya irremisiblemente, un ser en su vientre, tuvo ante sí un apremio inaplazable: cuidar su preñez para un parto feliz y salir airosa en las pruebas de ingreso a la Universidad, a tono con su brillante trayectoria de estudiante. Del desconcierto y la frustración, la familia se fue recuperando y el cariño se sobrepuso a todo: a la estrechez del pequeño apartamento, a las idas y venidas de la escuela cada día, a las consultas médicas, al reforzamiento de la alimentación y la preparación de la canastilla. Una cama en la pequeña sala espera a que la pareja se mude a la habitación cedida por la hermana, para cuando llegue el sobrino y se necesite mayor espacio para su atención. Cuando se resuelva la ansiada permuta, podrán mejorar. Mientras tanto, el núcleo se reajusta, se acolchona como un nido, cierra grietas, y como nunca antes la palabra hogar se colma de sentido. La escuela, por su parte, supo poner la imprescindible flexibilidad, aunque en un inicio las cosas se tornaran difíciles. El apoyo y la comprensión de los profesores, la atención sicopedagógica y el empeño por los buenos resultados en las pruebas de ingreso se sumaron positivamente. El abuelo "por sorpresa" ya recibió las primeras señales de la intranquilidad del nieto desde la panza de la madre y anda ilusionado con ese varón que no tuvo como hijo. La abuela, al tanto del detalle, y la tía, como si fuera ella la del trance. Para los días de los exámenes, uno de ellos la acompañará por si la tensión le da por adelantarle el parto. En todo hay que pensar y no es para menos: estará "con la barriga en la boca" y puede que le dé por salir a la luz a ese niño que ya se siente amado. Un verdadero dilema se plantea ante los centros docentes en que una de sus estudiantes resulta embarazada. Por una parte, el interés por cumplir su encargo social, es decir, la promoción de cada uno de sus alumnos y evitar la deserción escolar. Por otro, la enorme responsabilidad de mantener en las aulas a esas muchachas que requieren de una atención especial, tanto médica como material y psicológica. Los líos son aún mayores cuando se trata de planteles internos, donde las condiciones de recursos no garantizan una adecuada estancia a esas jóvenes. Y después del parto, estimular su permanencia en la escuela contradice la necesidad de la lactancia materna y de los mayores cuidados para esos niños. Atendiendo a esas complicadas circunstancias, una resolución ministerial fija las pautas a seguir en esos casos y considera un año o un curso de margen para que la joven mamá reanude sus estudios. Hasta ahí todo parece muy lógico y claro. Sólo que la vida siempre supera esas previsiones y el día a día se torna un crucigrama. Entonces, vale el análisis de cada caso en sus particularidades y a tono con ello decidir lo más sensato y conveniente. En el sistema educacional cubano y particularmente en los últimos años, se aplica un programa de salud escolar dentro del cual la educación sexual es una prioridad. Se desarrolla por las vías curricular (como una asignatura), extracurricular (en cada una de las clases pero no como un contenido específico) y la familiar, que involucra a esa estructura social en el aprendizaje para una sexualidad consciente. Cuando uno percibe tanto esfuerzo institucional para el comportamiento sexual responsable en los jóvenes no puede menos que preguntarse qué falla en estos casos en que los hechos contradicen tanta teoría bien fundamentada. Una de las muchachas confirmó mi apreciación: ante las historias dramatizadas en los videos educativos, ante las anécdotas contadas por los maestros, se piensa que esas cosas le suceden a otros pero no a uno. Eso que los especialistas llaman en un lenguaje más científico la percepción del riesgo. De lo humano y lo no tan divino Durante el curso 1994-1995, en la provincia de Holguín ocurrieron 498 bajas por matrimonio en las enseñanzas primaria, secundaria, preuniversitaria y politécnica. A partir de entonces comenzó a aplicarse, en coordinación con el Fondo de Naciones Unidas para la Población (FNUAP), un programa que apunta a disminuir esa desfavorable incidencia, en la cual la provincia llevaba "la voz cantante" junto con Ciudad de La habana. Y aunque no siempre es coincidente la cantidad de enlaces formales con los embarazos, por lo general se identifican bastante. Asombra conocer de criaturas de apenas 10 años enroladas en esas estadísticas. Espanta intuir tanta incomunicación y falta de afecto en algunas ¿familias?. Consuela saber que esos números han ido disminuyendo. Detrás de las cifras, una gama complejísima de circunstancias y motivos. No cuentan ahí aquellos episodios que terminan en una sala de legrados o regulaciones menstruales, con el consiguiente riesgo para esas vidas que apenas comienzan y en algunos casos a espaldas de los padres. Si las autoridades escolares, profesores incluidos, se enteran de la situación, su obligación es comunicarla a los familiares y en ningún caso se involucran en ese paso que implica la interrupción del embarazo, lo cual es prerrogativa absoluta de los progenitores u otros tutores. En materia de anticonceptivos ya no hay nada secreto. Está muy lejano el tiempo en que esos temas eran tabúes, al menos en la escala social. A los muchachos se les explica todo para que sean conscientes de sus actos. Y sin incitación alguna al acto sexual, ni morbo alguno, como a determinadas personas les gusta pensar. Eso sí, mucho de información y razonamiento. La atención médica , ya sea en los consultorios del barrio, en los policlínicos o en los hogares maternos a las que presentan algún problema de salud, es una garantía. Un seguimiento casi exquisito tienen durante la gestación, habida cuenta de que, por su corta edad, son más proclives a cualquier anomalía. Pudiera decirse que en su dimensión biológica, el embarazo precoz puede tener, con todos los cuidados, un desenlace favorable. Donde se complican más las cosas es en su alcance social, en el de la realización individual de esas jóvenes. En la sociedad, representada por la escuela, y la familia, está la clave. Y nada de que "antes era distinto" o "esta juventud está perdida". Baste recordar las imágenes de aquellas niñas trocadas en mujeres porque el matrimonio era una solución económica o el único horizonte. Ahora tienen un mundo de posibilidades ante sí. Sólo hacen falta talento y voluntad. Como los misterios del amor y la sexualidad seguirán guardando sus secretos y tendiendo sus zancadillas habrá que seguir insistiendo. Para que los adolescentes acaben de entender que el placer sexual no es tan sencillo como el del helado, la película, la canción de moda o el baño en la playa que tanto se disfrutan a esa edad. Este puede tener consecuencias para toda la vida. Y tan serias como engendrar a otro ser humano. Sólo así otros pequeños
Alexander podrán tener, al venir a este mundo, esa fiesta de la
bienvenida que merecen todos los recién llegados.
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