 Orlando
y Orlanda, en Cerro Memby Texto y foto: Orlando Oramas
Enviado especial de Granma El cerro y su hijo. Así es la traducción de Cerro Memby, un punto al norte de la geografía paraguaya, donde el médico cubano Orlando Bernal Godínez atiende el puesto de salud desde enero del 2000.
Más que un cerro, el Memby se levanta cual mogote, mucho más alto y corpulento que el otro, al cual le atribuyen su paternidad. Y justo frente a este hermoso accidente de la naturaleza, cruzando la carretera que conduce a Brasil, se ubica el centro sanitario donde Orlando y Orlanda hacen un dueto cubano-paraguayo de gran ascendencia en la población local. ¿Coincidencia, eh? Si, porque Orlanda Medina es la enfermera y mano derecha del antillano. Junto a ellos buscamos los trillos que conducen a la comunidad indígena de San Antonio de Sapucay. El doctor ha anunciado su visita por la radio local, y como ha ocurrido en otras localidades, el periodista cubano ha tenido formidable acogida entre sus colegas del Paraguay. Nos vamos en el vehículo de un vecino, pero el camino termina y seguimos el trayecto a pie. Todos vamos alerta, luego de avistar una víbora ponzoñosa, abundante por acá. Así llegamos a la humilde morada de Epifania Fernández, ex partera empírica, profesión que ya no puede ejercer por los temblores incontrolables del mal de Parkinson. El claro que ocupa su vivienda está rodeado por los sembrados de mandioca (yuca), el banano y la caña de azúcar. Crecen junto a las flores y los remedios de la medicina natural. Para entrar a un asentamiento indígena el forastero debe contar con el visto bueno del cacique. Aquí en Cerro Memby, aunque el jefe no está, Orlando y Orlanda son recibidos como viejos amigos. El médico hace lo suyo. Da vuelta a las gomas viejas y a los recipientes con agua estancada. De paso previene a la familia del cacique de los peligros del dengue y la forma de combatir al agente transmisor. Dentro de una de las viviendas un chico llora. Allí se mete el cubano a conocer la causa del llanto. Afuera Orlanda vacuna a otro pequeño mientras conversa en guaraní con Epifania y se entera de las últimas noticias. Casa por casa continúa la vacunación y la consulta médica. Todos tienen al día su libreta de salud, donde se recogen las vacunas recibidas. Además de su alta profesionalidad y dedicación, la presencia de esta enfermera es vital para la comunicación del médico cubano con su paciente. El doctor Orlando siempre está disponible para la población. Imagínate vos que vive en el centro de salud y le tocan a la puerta a cualquier hora. Desde que está con nosotros creció la cobertura de la vacunación, la planificación familiar y la prevención de la mortalidad materno-infantil. Esa es la opinión de Orlanda. Me la hace conocer en un impasse mientras llegan los pobladores y hacen fila para la consulta. Epifania es la primera. No se acuerda de la edad, y auque tiene el pelo negro y lacio, sus arrugas la delatan. Al final se quita, de manera coqueta, no menos de 20 años. Pero el medicamento para el mal de Parkinson es muy caro en Paraguay. Si ella tuviera acceso al Parkisonil de seguro tuviera notable mejoría. En este sentido Orlando no tiene mucho que hacer, salvo el trato afectuoso y la promesa de una pronta visita. Sin embargo, otros casos si han tenido un final feliz. Como aquella pequeña de tres años, afectada por una neumonía grave que la puso en estado de coma. No tengo plata, respondió la madre cuando el doctor le indicó la necesidad de remitirla a un hospital. La situación fue salvada por el diagnóstico del médico y los medicamentos que laboratorios paraguayos le dejan como muestra, entre ellos potentes antibióticos. Varios días después el cubano regresó al puesto de salud luego de hacer terreno. Encontró a la madre, sola, y pensó lo peor. Pero luego vi a la niña por la ventana que da a mi consulta, jugaba feliz en el patio. En cada caso de esta naturaleza recuerda a su hijo, allá en Bauta. Le habría gustado estar junto a su esposa y familia el pasado 20 de noviembre, cuando cumplió, acá, los 31 años. La comunidad me había preparado tremenda fiesta. Los vecinos aportaron la música, los guitarristas y el asado. Justo a la hora de servir, ocurrió un accidente en la carretera. Varios jóvenes quedaron seriamente lesionados. Suturó heridas y enyesó fracturas. Así pasó el resto de la noche hasta que apareció un vehículo para transportar a los heridos al hospital de Pedro Juan Caballero. Oye periodista, como la fiesta del Guatao.
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